lunes, 7 de mayo de 2012

Esa ave puede volar



De regreso a mi casa me llamó la atención un pájaro en un árbol, dicha ave se encontraba en una rama e intentaba alcanzar otra más lejana. En su intento, falló, pero cuando parecía que caería, hacía un elegante movimiento rápido y batía las alas para reencontrarse con la rama en la que inicialmente estaba. Eso me hizo pensar que esa ave tenía una ventaja, si fallaba, no caería y eso era bueno; pero también, quizá, jamás alcanzaría su objetivo de llegar a la otra rama, al menos en los dos minutos que estuve observándola no lo logró.

Alguien dijo hoy: “es el principio del fin”. Al fin, pensé yo en innumerables ocasiones. Pero luego el escuchar “me da tristeza porque ya no te veré” hizo que llegaran a mi muchas emociones. Es algo muy parecido a lo que les conté la anterior ocasión. Pase tanto ahí, sufrí tanto ahí, reí tanto ahí. El principio del fin suena dramático, los finales existen y casi siempre son inevitables, la realidad es que sin el dramatismo es complicado determinar cuándo comenzó el final de algo hasta que acaba.

Y se preguntarán qué dientres tiene que ver el ave con lo que les estoy diciendo. Mucho, ahora entiendo que mucho. Algo que les envidio a las aves es que tienen alas para volar, algo que le envidio a esa ave es que no se cayó. Nosotros, o al menos yo en estos casi cuatro años, me he equivocado profesionalmente y personalmente y no tengo alas para batirlas rápidamente antes de caer. Pero es parte de, caerse para darse cuenta y entonces intentar no repetirlo.

Hay una actitud nefasta que me ha dejado la universidad y es la de hacer menos mi trabajo, esto es gracias a dos cosas, primero mi falta de seguridad y confianza en mi persona y la segunda la gran tradición de los profesores en hacer mierda tu trabajo con la excusa de la critica constructiva. A veces creo que si yo estuviera en su lugar creo que también sentiría cierta satisfacción por el sufrimiento estudiantil, pero hay limites.

Por tal caso, ahora, que casi concluyen mis estudios y que no quiero por lo menos en varios meses, volver a pisar un aula, siento inalcanzables algunas metas, algunos propósitos que cuando entré a la universidad me invadían. Es claro, no soy esa persona de dieciocho años casi recién cumplidos, tampoco tengo las mismas cosas que tenía a esa edad, ni el estilo de vida, es más, ni la salud que tenía en ese entonces. Como aquella ave, siento inalcanzable la siguiente rama, pero no tengo alas para volar.

Y ya dejemos a un lado las aspiraciones profesionales, ahora siento a personas cada vez más inalcanzables. Me sigue faltando alguien, siempre me faltara y estas fechas me lo recuerdan aún más. Decimos muy superficialmente a las personas “yo si te necesito”, creo que pocos lo comprendemos, en serio hasta que hace falta esa persona. Hay otras a las que dejamos partir, porque las queremos pero o te hacen daño o les haces daño, no son para ti. No tengo alas para volar y esto ya casi se termina. 

1 comentario:

  1. Ricardo Guadarrama11 de mayo de 2012, 20:44

    Me gusta pero mi comentario va a tener algunas entrelineas.

    Yo no soy ni pretendo ser tu maestro, bueno ni una carrera profesional he terminado, entonces seria totalmente fuera de lugar y valía mi critica. Pero voy a hacer "mierda" tu trabajo. Dado el comentario anterior, "no soy nadie pero si critico", si yo estuviera en tu lugar buscaría escalar para sustituir el no tener alas, buscaría soñar para sustituir mi realidad. Hay una letra de León (vocalista de Zoe) que en una parte dice: Perdóname si no te sigo, peo me aburre caminar...me construí una alas de cartón y voy a intentar llegar al sol, aunque me muera de calor...!

    Tu buen lugar te dara siempre armonía, felicidad, satisfacción y serenidad para conocerte y re-conocerte. Ya conoces tu buen lugar?

    Te quiero Danielita!

    ResponderEliminar