lunes, 9 de abril de 2012

Pavor a Junio


Ayer con la entrada, leí cosas de este espacio escritas con anterioridad (sí, otra vez) quedé impactada con todas las cosas que no recordaba, con esos momentos donde algunas relaciones no eran complicadas. En fin, después me percaté de que es abril, el mismo abril en que re abrí el blog con la entrada destinada a reseñar el concierto de Two Door Cinema Club. Es abril y si lo ven por los archivos, cada vez pasa más rápido el tiempo.

No me dejo dormir la idea, en verdad, el tiempo pasa rapidísimo y da mucho miedo. Después de abril, sigue mayo que es espantoso, pero junio, junio es el peor del año –sin contar diciembre que siempre se cuece a parte –el terrible, terrible junio. No hubiera le tomando tanta importancia al asunto, hasta que en el metro una mujer le dijo a otra: “ya esta semana es quince y dentro de dos semanas se acaba abril”, quería gritar en ese momento pero me contuve.

Junio es horrible. Es casi verano, hace mucho sol, los días no son nada frescos, es casi mitad de trimestre escolar o en su defecto suele ser un mes pesado en trabajo; la gente anda muy rara esos días y… está bien lo acepto, en junio es mi cumpleaños y es espantoso, realmente espantoso.

Mayo es turbio por una serie de fechas y circunstancias que no son del todo agradables y un mes que anteceda al espantoso junio no debe de ser tan lindo. Pero lo paso, lo paso y lo acepto, a veces ocurren en ese mes cosas agradables, pero se termina también al finalizar el mes. Ya lo mencioné, mis cumpleaños no son un hit, no lo serán jamás, ha habido unos mejores, pero en general es lo mismo.

Me aterra este junio por muchas circunstancias. Para empezar es el último en la UAM, y cumplo veintidós años. Es muy fuerte, muchos –todos –me dirán “Por favor, eres muy joven”. A los trece años era muy joven, a los trece años estaba consciente de que a los veintidós años terminaría una carrera, en ese entonces no sabía cual, pero sabía que era esa edad donde mi vida estudiantil terminaría.

Da miedo, jamás me tomé un respiro; afortunadamente o desafortunadamente, ahora creo que ambas, el destino que imaginé a esos trece años se cumplió al pie de la letra, y me refiero a que iba a seguir y seguir en la escuela hasta llegar a este punto y entonces salir a la vida real, en el cual a esa tierna edad era toda una fantasía.

Más que eso, más que eso, a pesar de haber vivido a mis dieciocho años la crisis de los veintitrés, si claro, ilusamente pensé que no me llegaría a mi propiamente, ya lo había visto y vivido con mis amigos. Pues todo parece indicar que llegará exclusivamente para mi la crisis de los veintitrés y con muchos creces. Cuando tenía veinte años escuché la canción de Incubus, Pardon me y pensé: “Si, cuando cumplas los veintitrés escucharás a todo volumen esa canción”. Bien, pues terror, me queda un año para escucharla.

Me da pavor, junio es el peor mes, el peor.


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