jueves, 26 de abril de 2012

Desvaríos adolescentes



Ayer recorrí parte de la unidad habitacional en la que vivo. No por gusto, más bien fue necesidad y ahorro de algunos pesos. Cuando no se lleva gran cosa entre la despensa se puede caminar del supermercado a casa sin necesidad de gastar cuatro o tres pesos para llegar a unos cuantos kilómetros. Me coloque mis maravillosos audífonos y entonces caminé por la unidad.

Yo le llamó, y lo hago porque no encuentro una palabra en español que defina con todo y la pronunciación adecuada eso, tal vez se deba también a que me falta muchísimo que conocer sobre mi propio lenguaje y lo que sé no alcanza para describirlo. Le llamó un “rush de recuerdos”, fue muy intenso, recordé momentos de la secundaria.

Resultó después, bastante obvio. La mayoría de mis compañeros de secundaria viven en esa unidad habitacional, pasar por andadores y edificios sólo me hizo recordar que viven ahí y que de vez en vez cuando los encuentro no puedo más que reírme en su cara. Lo saben porque siempre fui una desgraciada con ellos.

Siempre lo he pensado, la educación secundaria y esa etapa post pubertad, pre adolescencia es bastante ridícula, sobre todo segundo de secundaria. Las experiencias vividas en esos tres años te definen como persona, a pesar de no ser una adolescente en su totalidad, las decisiones y los pensamientos que adquieres a esa edad, ahora me doy cuenta, son casi imposibles de olvidar.

Lo que yo decidí a esa edad fue: no ser como ellos, no querer lo que ellos quieren, no escuchar lo que ellos escuchaban, no desear lo que ellos deseaban, no ser cómo ellos querían que fuera. Por eso jamás hice desvaríos en la secundaria, mi bajo perfil se mantenía, quizá con cierta arrogancia y si, quizá se los restregaba en la cara a mis compañeritos, pero nada como lo que les relataré a continuación.

Cuando recordé ese momento, reí mucho y quizá varios peatones y vecinos se me quedaron viendo. Era un día aburrido, todos lo eran. Yo como toda la vida había terminado mi ejercicio antes, y observaba como los demás hacían esfuerzos sobre humanos, no porque fuera complicado, más bien lo complicado era obtener concentración y constancia.

Después de un rato, todos terminamos el ejercicio y curiosamente a pesar de ser la última hora, nos encontrábamos tranquilos. La mayoría comenzaba pláticas, yo decidí cerrar mi cuaderno y guardar mis cosas. Las bancas eran de las individuales, lo cual siempre agradecí, eso de compartir mi lugar de trabajo no es mi concepto ideal de espacio laboral. Todas las bancas en filas, yo, estaba en la segunda muy lejos de la puerta, de mi libertad.

La profesora borraba el pizarrón, algunas, pocas anotaciones. Pláticas casi en susurros. Yo miraba a mi alrededor y vi a una compañera y un compañero platicando, me llamaron la atención por la cercanía con la que platicaban. Me sentía como en aquél vídeo de Britney Spears donde espera a que suene la chicharra, con mucho menos glamour, por supuesto.

De pronto mi mirada volvió a posarse en aquella pareja de compañeros y de pronto ¡zaz! Vi aquel beso apasionado, por lo cual abrí más los ojos, pasaron quizá segundos cuando se escucharon gritos, chiflidos y pura bulla hacia la pareja de arriesgados compañeros que osaron besarse en plena clase, veinte minutos antes de salir.

Al darse cuenta los susodichos se alejaron rápidamente, mi compañera se cubrió su rostro rojo de la vergüenza, mi compañero se puso rojo y rió, creo que de la pena también. La profesora estaba tan sorprendida que no hubo regaños, sólo exclamó a lo mucho un “ay muchachos”. Mientras tanto los demás seguían haciendo burla y yo reía demasiado. Como reí al recordarlo.

No recuerdo muy bien la razón del heroico besito. Pienso que más bien fueron las hormonas surtiendo su buena dosis de efecto. Lo que si es que, me dieron más razones para burlarme de ellos y para decir: definitivamente no quiero ser como ellos. Supongo que después de eso, al menos por una semana fueron el hazme reír y el chisme, luego todos los veían raro. Y ahora, reflexionando, no, esos desvaríos adolescentes nunca los entendí. Para ese momento yo ya era toda una anciana, a decir verdad una muy amargada. 

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