domingo, 29 de abril de 2012

No puedes dejarlo pasar


No sé ni cómo empezar esto. Cuando trato estos temas quisiera ser lo más directa posible, quisiera que no me ganara este sentimiento en el estómago para no escribir sin control, porque estas cosas nadie las lee. Trataré de ser lo más breve para no aburrirlos y espero, de verdad, poder hacer que algo dentro de ustedes les mueva como lo hizo a mi.

Este último año he cambiado, han cambiado muchos pensamientos. Hoy por hoy, lo único que le agradezco a la universidad, profesionalmente, es este último año. El trabajo de investigación me ha cambiado, no soy la misma, no puedo serlo. A nadie le importa, nadie lo quiere ver, nadie quiere hablar de eso. Vamos a agarrarnos nuestros pantaloncitos, hablemos el tema, veámoslo de frente, de no ser así, sólo contribuiremos al problema.

Iba comenzar esto contando mi experiencia en aquello de pedir firmas para Medio Oriente y Norte de África después de la Primavera Árabe en el concierto de Roger Waters. Me choca la gente, ESA gente, a la que no le importa. Unos tipos, más o menos de mi edad hicieron bromas absurdas, al principio me molesté muchísimo y luego me dieron lástima, no se han dado cuenta.

Además de las contradicciones de que Roger Waters invitará a Amnistía Internacional a participar en sus conciertos en México y no mencionar nada sobre ellos y por supuesto pasar desapercibido el tema de Medio Oriente. Dijo algo, hizo algo, que a mi no pudo más que revolverme el estómago y querer patear a toda la gente presente.

Dedica y habla en su concierto sobre los niños desaparecidos y las muertas de Juárez, acusa al narcotráfico, y en ese momento la gente aplaude, rechifla y grita. La hipocresía generalizada me enferma. Si bien Amnistía no pedía algo para México, nunca olvidaré que nosotros hablamos por aquellos que en esos países  no pueden hacerlo, así como en otros países se encuentran preocupados y hablan de lo que aquí en México no podemos, ni QUEREMOS hablar. Esto ocurre porque somos una humanidad, pero me vuelvo a preguntar ¿dónde quedó nuestra humanidad?

No empecé hablando de eso, porque hoy prendo el ordenador y encuentro que una periodista más ha sido asesinada, Regina Martínez, corresponsal de Proceso en Veracruz. Y la tristeza me invade aunque no quiera, porque me importa. Nadie quiere hablar de esto, para eso tenemos el cine, Facebook y hasta twitter, por eso vamos a conciertos, para olvidarnos que esto pasa, y viene Roger Waters a hablarle a la gente en México sobre el narco y los muertos, ¿por qué él tiene que venir a recordarnos, algo que tendríamos que tener en mente todo el tiempo? ¿por qué aplauden? ¿qué no se dan cuenta que Roger Waters diciendo “por los niños y mujeres de Juárez” no es un equivalente a Viva México?

Me pregunté si aquellos chicos que se burlaron o aquellos que nos ignoraron tenía una garantía. Me pregunto si la tienen ahora, si pueden decir con confianza que a ellos no les pasara nada, que no les tocara la violencia, ni la pobreza, ni la incertidumbre, tendrán la certeza de que su vida será un concierto todo el tiempo. Pasarla bien, divertirse, como eso que decía MGMT en Time to pretend, tal vez interpretaron mal el mensaje, incluso yo lo hice, Andrew se burla, porque no nos importa nada como jóvenes, porque estamos vacíos.

Voy a los conciertos, la paso bien, pues si bien es cierto, debemos mirar de cara al problema, no podemos dejarnos intimidar, Regina Martínez, así como muchos periodistas, lo sabían perfectamente. Tampoco pido, ni creo, que dediquemos nuestra vida a llorar sobre la desolación que ha dejado tanta miseria, corrupción y egoísmo, sólo pido no dejarlo pasar, tomarse cinco minutos para escuchar a los otros.

Me alegra que esos chicos, esas personas que nos ignoraron tengan la certeza de que ningún mal los alcanzará, no lo deseo en serio, pero al menos yo no puedo tener la misma certeza. Tengamos sólo un poquito de humanidad en nosotros.

jueves, 26 de abril de 2012

Desvaríos adolescentes



Ayer recorrí parte de la unidad habitacional en la que vivo. No por gusto, más bien fue necesidad y ahorro de algunos pesos. Cuando no se lleva gran cosa entre la despensa se puede caminar del supermercado a casa sin necesidad de gastar cuatro o tres pesos para llegar a unos cuantos kilómetros. Me coloque mis maravillosos audífonos y entonces caminé por la unidad.

Yo le llamó, y lo hago porque no encuentro una palabra en español que defina con todo y la pronunciación adecuada eso, tal vez se deba también a que me falta muchísimo que conocer sobre mi propio lenguaje y lo que sé no alcanza para describirlo. Le llamó un “rush de recuerdos”, fue muy intenso, recordé momentos de la secundaria.

Resultó después, bastante obvio. La mayoría de mis compañeros de secundaria viven en esa unidad habitacional, pasar por andadores y edificios sólo me hizo recordar que viven ahí y que de vez en vez cuando los encuentro no puedo más que reírme en su cara. Lo saben porque siempre fui una desgraciada con ellos.

Siempre lo he pensado, la educación secundaria y esa etapa post pubertad, pre adolescencia es bastante ridícula, sobre todo segundo de secundaria. Las experiencias vividas en esos tres años te definen como persona, a pesar de no ser una adolescente en su totalidad, las decisiones y los pensamientos que adquieres a esa edad, ahora me doy cuenta, son casi imposibles de olvidar.

Lo que yo decidí a esa edad fue: no ser como ellos, no querer lo que ellos quieren, no escuchar lo que ellos escuchaban, no desear lo que ellos deseaban, no ser cómo ellos querían que fuera. Por eso jamás hice desvaríos en la secundaria, mi bajo perfil se mantenía, quizá con cierta arrogancia y si, quizá se los restregaba en la cara a mis compañeritos, pero nada como lo que les relataré a continuación.

Cuando recordé ese momento, reí mucho y quizá varios peatones y vecinos se me quedaron viendo. Era un día aburrido, todos lo eran. Yo como toda la vida había terminado mi ejercicio antes, y observaba como los demás hacían esfuerzos sobre humanos, no porque fuera complicado, más bien lo complicado era obtener concentración y constancia.

Después de un rato, todos terminamos el ejercicio y curiosamente a pesar de ser la última hora, nos encontrábamos tranquilos. La mayoría comenzaba pláticas, yo decidí cerrar mi cuaderno y guardar mis cosas. Las bancas eran de las individuales, lo cual siempre agradecí, eso de compartir mi lugar de trabajo no es mi concepto ideal de espacio laboral. Todas las bancas en filas, yo, estaba en la segunda muy lejos de la puerta, de mi libertad.

La profesora borraba el pizarrón, algunas, pocas anotaciones. Pláticas casi en susurros. Yo miraba a mi alrededor y vi a una compañera y un compañero platicando, me llamaron la atención por la cercanía con la que platicaban. Me sentía como en aquél vídeo de Britney Spears donde espera a que suene la chicharra, con mucho menos glamour, por supuesto.

De pronto mi mirada volvió a posarse en aquella pareja de compañeros y de pronto ¡zaz! Vi aquel beso apasionado, por lo cual abrí más los ojos, pasaron quizá segundos cuando se escucharon gritos, chiflidos y pura bulla hacia la pareja de arriesgados compañeros que osaron besarse en plena clase, veinte minutos antes de salir.

Al darse cuenta los susodichos se alejaron rápidamente, mi compañera se cubrió su rostro rojo de la vergüenza, mi compañero se puso rojo y rió, creo que de la pena también. La profesora estaba tan sorprendida que no hubo regaños, sólo exclamó a lo mucho un “ay muchachos”. Mientras tanto los demás seguían haciendo burla y yo reía demasiado. Como reí al recordarlo.

No recuerdo muy bien la razón del heroico besito. Pienso que más bien fueron las hormonas surtiendo su buena dosis de efecto. Lo que si es que, me dieron más razones para burlarme de ellos y para decir: definitivamente no quiero ser como ellos. Supongo que después de eso, al menos por una semana fueron el hazme reír y el chisme, luego todos los veían raro. Y ahora, reflexionando, no, esos desvaríos adolescentes nunca los entendí. Para ese momento yo ya era toda una anciana, a decir verdad una muy amargada. 

domingo, 22 de abril de 2012

Al principio



Me di cuenta que he usado mucho últimamente eso de “las primeras veces son siempre las mejores”, y ahora que lo pienso bien también aplica: “el principio siempre es lo mejor”, por ejemplo, cuando comes un helado, el principio es el mejor, la sensación de que tu paladar probara ese delicioso sabor. A veces los finales pueden ser igual de satisfactorios, pero algunas ocasiones, más bien suelen ser amargos.

Cuando tenías un gusto en particular, al principio era todo bonito, nuevo, descubrías todos los días algo diferente y eso estaba bien, era inocente. Tengas o no expectativas los principios suelen atraer la atención. El inicio de una película, de una etapa en la vida, de un empleo, de un libro, de una fiesta, de una reunión, de una plática, hasta de amistades y relaciones varias.

Hace tiempo en mis ratos de ocio, pasaba y pasaba publicaciones mías en Facebook. Encontré una particular, a veces llegan ratos de profundidad a mi mente, eso me sorprende. Quizá por eso me perturba eso de la “biografía” qué caso tiene recordar cosas que ya pasaron y que preferirías suprimir, porque al principio fueron buenas pero después son… algo molestas.

Decía la publicación:

Un día desperté y ya no me gustaba lo mismo… pero estuve más que satisfecha con lo que me gustaba, hasta que… llegó otro día y ya no me gustó.

Por eso creo que la mayoría de las cosas al principio son buenas, lindas y excitantes, después son todo un fastidio. Qué puedo decir, creo que me aburro rápido y creo, ligeramente, que sigo buscando algo más, algo un poquito mejor, ¿pero no es lo que todos buscamos?

jueves, 19 de abril de 2012

Debes de tener un radio en la cabeza



Cuando se hace una reseña se podría pensar, por lo que he leído, poner el setlist al derecho y al revés, contar cómo estuvo la gente, el ambiente, si abrieron a tal o cual hora, cómo estuvieron los grupos teloneros, si la cerveza estaba o no cara, etc., siento decepcionarlos pero esta vez no será así, al menos no en su totalidad.

Fui a ver a Radiohead el 17 y el 18 de este mes. Lo que me pasa con Radiohead es algo muy complicado de explicar. Muchos los odian. Jonathan Ross en una entrevista que les hizo al sacar Hail to the theif los describía “[...] amargados leyendo novelas rusas [...] Radiohed ooh aquí vienen los deprimidos, con nubarrones encima de sus cabezas”, quizá por eso a muchos no les guste. Tengo que admitir que cuando escucho a Radiohead me dan ganas de encerrarme en mi cuarto con la luz apagada sentarme en una esquina a llorar y llorar.

Hace tres años vinieron, la gente se volvió loca, y yo desgraciadamente me perdí de los dos conciertos que dieron en aquel ya lejano 2009, donde las cosas era muy distintas. No fui porque no tenía dinero, aunque honestamente creo que no fui porque no me creía digna para verlos, es decir, no era tan fan como para pararme por ahí, porque si algo es un hecho es que los fans de Radiohead son quizá de los más apasionados. Luego me arrepentí y entristecí por mi tontería.

Fue por esa razón por la que no podía perdérmelos esta vez. Sabía que tocarían varias canciones de King of Limbs, pero tenía la esperanza de escuchar ESAS canciones, LAS canciones y no pedía nada más. Eso fue lo que sucedió, eso es lo que me pasa con Radiohead, sus canciones significan algo para mí.

Es la única vez que no pongo atención en la reacción de la gente, no me importaba, era sólo yo y la música, eran los recuerdos en mi mente una y otra vez, era abrir los ojos, ver el recinto vacío y las luces prendiendo y apagándose todo el tiempo, al menos eso me sucedió el primer día. Lloré no sólo de la emoción al escuchar Nude, esa canción significa cosas que he pensando; lloré en Paranoid Android por los recuerdos de mi infancia, y lloré en Exit Music porque cuando Yorke canta “breathe, keep breathing” me acuerdo de ella.

El segundo día fue algo más diferente. Me emocionó pero tocaron casi las mismas canciones del día anterior, algo rarísimo en ellos. Mis lágrimas volvieron a salir con las mismas canciones y con Karma Police porque también significa algo para mí. Fue diferente porque estando sola, cantando mientras el viento helado soplaba, y agradezco que no lloviera ese día porque hubiera sido muy deprimente, entendí algo que me pasó también con Björk.

Ellos son muy buenos músicos, es muy complicado teniendo tantos años y siendo lo que son, no crear expectativas, no creer que la gente puede ser exigente con ellos. Cuando las cosas se quedan para la posteridad, las cosas buenas y aún las malas se quedan, marcan nuestras vidas, eso fue lo que entendí, al igual que Björk no se trata de entenderlos, más bien de sentirlos.

Y puedo decir con toda sinceridad que no soy la más fan de Radiohead, fui los dos días porque hasta donde sabía, si no escuchaba un día Paranoid o Everything in its right place, al siguiente era probable que la tocaran. Thom Yorke me sigue cayendo mal por su actitud arrogante y sangrona, aunque algo que le admiro es que no le de miedo cantar lo que canta. Y quizá los últimos trabajos, personalmente, no han sido de mi total agrado, de hecho, recuerdo que cuando sacaron el In Rainbows los critiqué, se me hacía bien pretencioso eso de hacerlo disponible por internet y que pagaras lo que quisieras por él, luego ellos mismos se darían cuenta del error.

Pero estos dos días eso no importó. Las sensaciones, la piel chinita, las lágrimas, eso, eso que sientes en el cuerpo cuando estas en los conciertos y tocan ESA canción, la que significa tanto, la que te trae a la mente imágenes, sentimientos y hasta olores, eso fue realmente lo que importó. Me encantó porque las primeras veces suelen ser siempre las mejores. Aunque me siguen debiendo 2+2=5.

viernes, 13 de abril de 2012

Ya no somos actores, somos una piedad extraña



La verdad después de la tontería de organización que realizaron los organizadores del evento, es decir, cancelar el concierto en el Teatro Fru Fru y llevarla al nuevo y muy hipster Auditorio Blackberry, estaba algo escéptica. No tenía toda la actitud de concierto que se requiere y debo admitir, casi siempre resulta positivo no tener esa actitud de concierto, porque recibes mucho más sorpresas a cambio.

Llegamos al lugarcito ese ubicado casi en la salida de la estación Chilpancingo del metrobús. Supuse que iría ese tipo de gente, del hipster rico y reconozco que hice una mueca mientras nos introducíamos al recinto. El lugar es pequeño, y eso me agrado por aquello de mi estatura y que, en mi experiencia, son los mejores.

Alcanzamos un costado de la valla amiga, esa que te permite aferrarte a ella sin importar nada y también la que te ayuda, sin duda alguna, a visualizar mejor el concierto con mucha suerte y casi, sin ningún inconveniente. Afortunadamente esta vez fue así. Teníamos a medio metro a St. Vincent.

Ya lo he dicho, son a muy pocos músicos a los que les creo eso de “me encanta México, son el mejor público del mundo, estoy muy emocionado de estar aquí” casi siempre son fingidos y en el calor del momento. Hoy le creo eso a Annie Clark; desde su primera visita a esta ciudad como telonera de Blonde Redhead, quedó maravillada, se le notó y por sus publicaciones en Facebook y Twitter, la mujer realmente estaba emocionada en venir.

Se agradece y se notó con creces. Salió al escenario con un short negro, una blusa anaranjada, sus singulares mallas, unos lindos zapatos de tacón y sus inigualables chinos; por supuesto sobra decir, que yo quedé enamorada al momento. No fue sólo su belleza física, fue la sonrisa que nos dedicó al salir al escenario lo que enseguida me enganchó.

Lo bonito de Annie Clark es que tiene una exquisita pasión al momento de interpretar y ejecutar sus canciones. Se alocó y de que forma, ya también lo había mencionado, salta a la vista la manera en que toca, acaricia y ama su guitarra, casi como lo haría un hombre pero al verla en su conjunto, creo que si alguien irradia femineidad es, definitivamente Annie.

A diferencia de aquella vez en el Teatro de la Ciudad, decidió cambiar a sus músicos, he pensando últimamente que cuando se trata de mujeres, suelen ser más exigentes con los músicos que las acompañan y al parecer es cierto. Su banda, aunque no tan grande en número como la vez anterior, es extraordinaria. Personalmente me sigue llamando la atención que en su banda haya personas no sólo con un talento evidente, también con cierto toque físico característico.

La mujer aun a medio metro de distancia, aún con la diferencia de lenguaje, aún en un concierto, cae bien, por su sencillez. Habló con el público durante todo el show, contando como se sentía, la historia de sus canciones y nos hizo un regalo maravilloso, tocó una canción inédita para nosotros, muy buena por cierto, y donde sin miedo al público se aventó para cantar el resto de la canción entre la multitud que la cargaba sin problema alguno. Claro que, después de la hazaña ganó a cada una de las personas presentes.

Y hay algo, algo muy especial en esta mujer, hipnotiza, de pronto me descubría con la boca abierta y casi sin parpadear y de pronto lo descubrí en las personas a mi alrededor. Si, a pesar de no tener la actitud pre concierto que, por lo general siempre tengo, nada, nada en el concierto de St. Vincent me pudo defraudar. Valió muchísimo la pena y, salí amando a esa mujer e invariablemente ella a nosotros.

Le creo, le creo cuando alguien en el público le grita: I love you Annie y ella sonríe nos mira y responde: “Oh I love you too”.

Lo único desafortunado de la noche: no poder ver a los Buzzcocks.

lunes, 9 de abril de 2012

Pavor a Junio


Ayer con la entrada, leí cosas de este espacio escritas con anterioridad (sí, otra vez) quedé impactada con todas las cosas que no recordaba, con esos momentos donde algunas relaciones no eran complicadas. En fin, después me percaté de que es abril, el mismo abril en que re abrí el blog con la entrada destinada a reseñar el concierto de Two Door Cinema Club. Es abril y si lo ven por los archivos, cada vez pasa más rápido el tiempo.

No me dejo dormir la idea, en verdad, el tiempo pasa rapidísimo y da mucho miedo. Después de abril, sigue mayo que es espantoso, pero junio, junio es el peor del año –sin contar diciembre que siempre se cuece a parte –el terrible, terrible junio. No hubiera le tomando tanta importancia al asunto, hasta que en el metro una mujer le dijo a otra: “ya esta semana es quince y dentro de dos semanas se acaba abril”, quería gritar en ese momento pero me contuve.

Junio es horrible. Es casi verano, hace mucho sol, los días no son nada frescos, es casi mitad de trimestre escolar o en su defecto suele ser un mes pesado en trabajo; la gente anda muy rara esos días y… está bien lo acepto, en junio es mi cumpleaños y es espantoso, realmente espantoso.

Mayo es turbio por una serie de fechas y circunstancias que no son del todo agradables y un mes que anteceda al espantoso junio no debe de ser tan lindo. Pero lo paso, lo paso y lo acepto, a veces ocurren en ese mes cosas agradables, pero se termina también al finalizar el mes. Ya lo mencioné, mis cumpleaños no son un hit, no lo serán jamás, ha habido unos mejores, pero en general es lo mismo.

Me aterra este junio por muchas circunstancias. Para empezar es el último en la UAM, y cumplo veintidós años. Es muy fuerte, muchos –todos –me dirán “Por favor, eres muy joven”. A los trece años era muy joven, a los trece años estaba consciente de que a los veintidós años terminaría una carrera, en ese entonces no sabía cual, pero sabía que era esa edad donde mi vida estudiantil terminaría.

Da miedo, jamás me tomé un respiro; afortunadamente o desafortunadamente, ahora creo que ambas, el destino que imaginé a esos trece años se cumplió al pie de la letra, y me refiero a que iba a seguir y seguir en la escuela hasta llegar a este punto y entonces salir a la vida real, en el cual a esa tierna edad era toda una fantasía.

Más que eso, más que eso, a pesar de haber vivido a mis dieciocho años la crisis de los veintitrés, si claro, ilusamente pensé que no me llegaría a mi propiamente, ya lo había visto y vivido con mis amigos. Pues todo parece indicar que llegará exclusivamente para mi la crisis de los veintitrés y con muchos creces. Cuando tenía veinte años escuché la canción de Incubus, Pardon me y pensé: “Si, cuando cumplas los veintitrés escucharás a todo volumen esa canción”. Bien, pues terror, me queda un año para escucharla.

Me da pavor, junio es el peor mes, el peor.


domingo, 8 de abril de 2012

Historias



Ahora que se acerca el concierto de St. Vincent y escuchaba sus canciones recordé. No fue verla de telonera de Blonde Redhead lo que hizo casi mágica su música, fue otra cosa que llegó a mi mente escuchando sus canciones. A modo de broma pensé “creo que necesito otro viaje a Cancún para escuchar su disco”. Fue en ese viaje hace dos años, fue Marrow al chocar las olas de ese mar azul ultramarino.

Después me remitió a otro asunto. Cuando revisaba las entradas del blog para esa entrada número cien, me di cuenta que, aunque poco mi escritura ha progresado. No creo que llegué a ser una erudita en esto de la escritura pero es algo positivo. A cambiado en muchas formas y la mayoría creo, para bien, sólo hay algo que deje de hacer: escribir historias.

Tampoco es que sea muy buena, aún recuerdo algunas expresiones de mis compañeros cuando leí en voz alta aquella historia basada en la canción de Radiohead, Fitter Happier. No soy normal y admito ser una persona bastante volátil. Si, por las noches, antes de dormir fantaseo con mil historias y me quedo dormida pensando en ellas.

Se preguntarán qué relación tiene con St. Vincent, la entrada de Roslyn también fue una historia muy fumada que salió con la letra del mismo título e interpretada por Annie Clark (vocalista de St. Vincent) y Bon Iver. Fue Marrow, fue Roslyn, el mar y la arena que parecía harina; fue un cuaderno, el calor y un ipod, eso sacó la historia.

Llamé a esta serie de historias “crónicas depresivas” porque todas tenían un final muy triste y como si no lo hiciera siempre, también revelaban algo de mi. La última fue con una canción de Mew y el resultado no fue muy satisfactorio, por lo cual decidí que acabaría. Posteriormente y por si no fuera poco, comencé a escribir sobre mi vida cotidiana, revelando un nombre, nombres, amistades, lugares y un total descaro en este espacio.

Sigue siendo un poco triste haber dejado esas historias que nadie leía y que continúan resguardadas en esta página, y en documentos de Word. No sé si pueda regresar a dicha tarea, es complicado, los sueños no son suficientes para crear algo que valga la pena, pero si sale algo estará aquí, eso es seguro.

O quizá y sería bueno, regresar a Cancún y escuchar un disco. Sería bueno, pero aún no hay posibilidades de eso en un futuro cercano.

P.D. Atasco mi propia entrada con propaganda del mismo blog, ¿hay algo más vil? ya sé.

martes, 3 de abril de 2012

Pam botas mata perro



Hay en mi clase de inglés una chica. Le gusta el metal, pero no se ve metalera, a decir verdad, a primera vista creí que traía una onda emo de los primeros años de 2007, y por su espíritu también pululaba cierto aire de fanática del anime y el manga. Es muy agradable, tiene una voz dulce y camina lento con un dejo de excentricidad también. En absoluto pensaría que le gustará el metal.

Usa unas botas negras de plataforma, largas de cuero, con muchos broches, quien ha visto la película de Scott Pilgrim –imagen que no pude sacar, por cierto –se parecen a las que lleva Ramona Flowers en la batalla final entre Scott y Gideon. Una vez el teacher de inglés le dijo en una clase: “Pam botas mata perros, cuál es la respuesta de la c”. Todos reímos y ella nos contó una anécdota posteriormente.

Dice que le sirven mucho sus botas, se convierten en un artículo de defensa personal para cuando en las calles de esta ciudad, se le atraviesa un tipo con malas intenciones. Precisamente de eso fue su anécdota. A pesar de caminar tan lento y con excentricidad, y de tener un tono de voz muy dulce casi infantil, eso no quiere decir que no pueda defenderse. Resulta que ella iba en el metro y un hombre asqueroso le tocó el trasero, ella volteó y le dio un codazo en la cara, al momento le dijo “no porque me vea vestida así significa que me puede tocar, no soy una puta”.

Se preguntaran cómo iba vestida, aunque para mi no es relevante, se los contaré. Ella viste con sus botas, descritas anteriormente, mallas negras, playeras sin manga y por lo general, en eso si se distingue como metalera, tienen estampado de una banda. A veces se pone una falta de bailarina de ballet, pues si la mujer es algo excéntrica, pero única, y por supuesto todo su vestuario es negro.

Para mi no es importante saber cómo iba vestida, en algo tiene razón, qué importa como vayas vestida, no debería de existir ese acoso ante las mujeres, es absurdo. Recordé también la fiesta del sábado, donde mis familiares me decían que me vistiera más así (con vestido) y mi prima hizo un comentario: “Diles que si quieren que te vistas así cuando subas al metro”. Sí, aunque no debiera importar cómo vas vestida es una de las tantas precauciones que debes de tener como mujer.

Ya van dos veces que me topo con hombre estúpidos haciendo comentarios estúpidos o queriendo llamar la atención, ante esta personita, que cualquier otro hombre normal, toma como a una niña –y lo digo por la apariencia –realmente me molesta.

Un día, regresé del spinning, iba caminando para mi casa, llevaba un pants, mi cabello estaba todo sudado y desarreglado (como siempre), llevaba una playera que me quedaba como talla XL y una sudadera negra. Tomaba agua y vi que un tipo se acercaba a mi, sus ojos notaban esa mirada lujuriosa que a mi, se me hizo absurda, pues iba de lo más fachosa. Al quedar cerca me dice: “Hola” y suelta una risa idiota. Estuve a nada de tirarle el agua en la cara, pero seguí caminando y le grité que era un imbécil.

Y para que vean que ese tipo de guarreces no se limitan a un espacio determinado. La última vez que me paso eso, iba caminando por las calles de Polanco. Llevaba un pantalón negro, de esos que me quedan enormes, un suérter y una chamarra, traía cargando una mochila como si fuera de campamento y una bolsa grande, iba toda sudada (acababa de salir del metro) y lo que es más iba totalmente enferma. Se acerca un tipo gordo, e igual al quedar cerca me dijó un hola lujurioso. Y yo me preguntó ¿Qué diablos sucede con la gente?

No soy una reina de belleza, tengo que admitir que soy afortunada porque puedo contar con las manos, y me sobran dedos, las veces en que hombres idiotas han hecho ese tipo de cosas. No puedo decir eso de algunas, varias amigas que no pueden ni contarlos con los dedos. Me molesta que no haya ese respeto. Lo entiendo, las mujeres a veces son tontas y si algunas se visten… bah, pues si no de la forma adecuada. Pero por favor, señores, lo único que logran con esas cosas es que las mujeres les tengan lastima.

He llegado a la conclusión de que debo entonces usar unas botas como las de Pamela. A veces pienso que el mundo llega a ser muy patético y triste. 

domingo, 1 de abril de 2012

Necesito compañía



He pensando que cuando tenga una casa propia, o bueno cuando al fin me encuentre viviendo sola y sea una persona más o menos independiente tendré un perro. No es que sea gran amante de los caninos, pero últimamente he descubierto que se vuelven en compañeros de primera y que ellos, sin importar nada se encuentran ahí esperándote.

Ya me han advertido que no es fácil, requiere muchas responsabilidades. Yo misma lo he pensando y me he dicho: “Daniela si no puedes cuidar de ti misma mucho menos de un pobre animal”. Lo entiendo, pero también me doy cuenta de mi entorno y llegó a la conclusión de que si no quiero llegar a un lugar donde cada vez que atraviese una puerta se escuché el silencio y eso esta siendo algo pesado de sobrellevar, necesito proporcionarle amor a alguien que si necesite de mi cariño.

He estado pensando mucho en el asunto. Descubrí que como persona te encuentras de un lado de la línea. En uno, están las personas para las que los demás están sólo para ellos, son privilegiados, puede llamar casi en cualquier momento a una persona y estará para ellos todo el tiempo, con toda la atención y comprensión necesaria; y del otro se encuentran “esas” personas, las que están para los demás siendo su última prioridad ellos mismos. Me encuentro en la segunda categoría.

Me importan demasiado los demás ya lo he dicho, es un hecho casi irremediable. Eso lamentablemente no me garantiza tener a personas a mi alrededor o que realmente les importe qué me sucede. Una vez una de mis hermanas me preguntó sobre mi futuro sentimental, si me veía viviendo con alguien, casada o con hijos, y le respondí: “No, todas y cada una de las cosas que visualizo las hago sola, no me veo con alguien”.

Así que si no quiero llegar dentro de uno o dos años, espero menos, a una casa donde haya sólo comida congelada, llegue de una oficina a las ocho de la noche, prenda el televisor o el ordenador, mientras observo las fotos y conversaciones de mis amigos –que si tienen una vida –y entonces me vaya a dormir a las nueve y media con un gran vacío, será mejor conseguir un compañero.

Los perros no son complicados y honestamente he visto que son más nobles de lo que creí, y una compañía maravillosa. El colmo sería que ni el cachorro que tuviera me pelera, eso en verdad sería triste. Por el momento, primero debo ordenar un poco algunos pensamientos y mi vida, y luego pensaré en el nombre y raza del afortunado canino.