martes, 21 de febrero de 2012

Complacer a los demás



Con frecuencia lo hago. Es uno de mis tantos defectos: querer quedar bien con todos. En la palabra digo y digo, pero a la hora de en serio decir que no, qué difícil es. Eso pasa cuando estas acostumbrado a velar por los demás y no por uno mismo. Quizá no sea totalmente malo, pero los problemas surgen cuando por velar de otras personas, descuidas otras cosas, personas, tareas o incluso a ti mismo.

Últimamente he pensado que es complicado establecer una conversación con alguien. Surgen tantos y tantos temas que resulta difícil seguir la línea de una conversación. En este sentido me he percatado que no tengo a nadie con quien conversar. De pronto siento que entre unos y otros no nos interesa mucho lo que decimos. Creo que por eso he estado escribiendo por acá.

Continua el problema con las amistades. La mayoría de mis amigos han dejado de hablarme, de verme, supongo que tarde o temprano iba a pasar. Como decía mi blogger favorito te das cuenta quién se queda cuando tú estas atravesando por tu peor momento. No pongo a prueba quién se quede, no me corresponde a mi averiguarlo. Ni quiero hacerlo.

Nos equivocamos y ni modo. Pienso nuevamente en eso de extrañar a personas, lo he escuchado, ya muy poco por mi situación amistosa con la gente, pero me parece algo lejano. ¿Cómo puedo creer que alguien me extrañe como dice si no se acerca? ¿Cómo incluso puedo decirlo yo, si no me acerco?

Tal vez hoy por hoy, lo vea demasiado catastrófico, pero me dije a mi misma: si mis amigos dejaran de hablarme por completo quizá ellos y yo seríamos mejores personas. Al menos no los decepcionaría por no estar con ellos cuando quisieran y cómo quisieran, y yo no pensaría todo el tiempo como complacerlos. 

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