miércoles, 29 de febrero de 2012

Cosas que dañan tu psique


Hoy no tenía pensado escribir aquí. Tengo tanto que escribir para la escuela que me hace sentir un poco culpable desahogarme por acá, pero es necesario. Toda la tarde y lo que lleva la noche, he leído y leído, visto y vuelvo a ver ese tipo de cosas que dañan tu psique. Entrarían en este rango, video blogs, canciones nefastas, blogs emo o hipsters. Pero entiendo, ahora entiendo que esto acabará dañándome.

Estoy muy harta de esta rutina, simplemente ya no lo quiero hacer. Y no es por el tema. Me ha interesado muchísimo, leo libros, leo artículos, reconozco ya periodistas, escritores que son importantes. Pero esto va acabar con mi razón. Entre más leo, entre más me informo, entre más veo, más terror me da.

Ya les había platicado sobre esto. No puedo, no puedo ahora, en este punto, cerrar los ojos, no darme cuenta de lo que sucede. Pero no sé hasta donde más pueda seguir leyendo. La rutina acaba con nosotros y leer la situación de violencia por la que pasa este país, esta terminando conmigo. No puedo aislarlo y eso asusta.

Acabo de ver otra vez esa película, El infierno, y me pregunté cómo es que no había visto tantas cosas, más bien, cómo no me había dado cuenta. Aún ahora no me reí, mucho menos pude reírme si lo que he leído son historias reales. Y aún las que fueron ficción, ahora me doy cuenta que son más reales de lo que pensé. Duele aunque uno trate de renegar del país en el que nació y desee con todas sus fuerzas irse de él.

Aún no  termino de leer tantos artículos, crónicas, reportajes, historias. Quisiera leerlas todas, quisiera saber qué más sucede y pase desapercibido por ignorancia. Pero por otro lado me aterra, y no sé si eso me llegue a dominar en algún punto, no sé si pueda continuar leyendo con el estómago duro.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Anécdotas uno y dos



Hoy volví a los días donde caminaba sin sentido y sin rumbo alguno por las calles. Me hace sentir bien, al menos puedo pensar mejor algunas cosas que me aturden. Lo hago sola porque creo que es importante, cómo si la mayoría de mi vida esa soledad no hubiera sido importante. Y hoy tengo dos anécdotas que compartir. Sin un motivo en especial.

Anécdota 1

La recordé mientras pasaba por lo que antes, mucho, mucho antes fue un río. Ahora sólo son aguas negras y casi ya no lo son. Recordaba cuando pasábamos por ahí todos los días para que yo llegará a la primaria. Hacía de recorrido quince minutos, veinte o veinticinco si había tráfico.

Ese día –no recuerdo la fecha exacta –mi mamá y yo íbamos en el automóvil. Se nos hizo un poco tarde y había mucho tráfico. Pasamos por ese río que en ese entonces estaba casi lleno de aguas negras. Vimos pasar a una mujer con su hija, por el uniforme de la niña, iba en la misma primaria que yo. Se puso el rojo en el semáforo.

Mi mamá abrió la puerta del copiloto –yo iba en los asientos traseros –le dijo a la mujer que se subiera, que la llevaría hasta la escuela. La mujer desconfió un minuto y luego abrió la puerta trasera, subió a su hija para posteriormente subirse en el asiento del copiloto. El semáforo se puso en verde.

Se me hizo rarísimo, fue un momento muy bizarro. De hecho también se me hizo muy incómodo. No conocíamos a la señora, tampoco a la niña y mi mamá de la nada las subía muy normal al auto y las llevaba hasta la escuela. Cuando llegamos, la señora y su hija se bajaron y la señora agradeció a mi mamá.

Yo me bajé muy extrañada, creo que también sentía un poco de molestia, porque ni siquiera me dio una explicación de por qué había hecho algo tan raro. Mi mamá se bajo, se despidió de mi en la puerta como si nada y se fue. Ahora lo entiendo y lo admiro: mi mamá jamás daba explicaciones para nada que hiciera. No le importaba lo qué pensaran o dijeran, lo hacía y punto. Como quisiera que esa cualidad también se pudiera heredar, entre muchas otras cosas que mi mamá tenía.

Anécdota 2

Al subir al camión que me llevaría al metro, me percaté que también lo había abordado un tipo que fue compañero mío en la secundaria. No sé si él me reconoció, lo dudo, soy de esas personas que no se quedan en la memoria colectiva del resto de la población y la verdad lo agradezco. Al principio me dio risa y luego sentí algo amargo.

El tipo en cuestión es hijo de una profesora que me impartió la tan bonita materia de “Formación Cívica y Ética” en la secundaria. Era algo estricta, a mi jamás me regaño, porque yo era muy ñoña y algo teta. Sobre todo se tomaba muy enserio ese papel de profesora de civismo y ética.

Siempre he pensando que ha de ser muy complicado ser hijo de un profesor. Aunque no se quiera, se les exige mucho más, por ejemplo, cuando yo iba en la secundaria, en mi generación había dos hijos de profesores, ambos compañeros de escolta –si, fui en la escolta –y uno de ellos el que me encontré en el camión.

Mientras recordaba lo anterior tenía en la mente también, el hecho de que antes de cumplir los dieciocho años, el hombre embarazó a una chica y tuvo que dejar la escuela por un tiempo. Todo el mundo se enteró. Para colmo vive cerca de mi casa. Y cuando me enteré quizá y sólo quizá me burlé un poco, porque  el tipo era muy sangrón en la secundaria.

Cuando lo vi en el camión, recordé cómo había dicho una sarta de injurias ante su estupidez de embarazar a la novia, y agradecí estar en la universidad. En aquél tiempo, recién había ingresado a la universidad y me sentía la nueva maravilla. Iba a regresar a criticarlo cuando vi que estaba leyendo unas copias y su mochila era muy escolar. Me puse seria, quizá no eran de la escuela o quizá si, y en tal caso, bien, él comenzaba a estudiar.

Quizá si, acabaría tres años después que yo, cuando a mi me faltaban seis meses para terminar “la carrera”. Después lo pensé bien, y me reservé todas las criticas mentales que pudieran surgir e incluso me arrepentí de las que hice en el pasado. Si él supiera mi situación actual, pensé, quien se burlaría y criticaría sería otra persona. Así son las grandes ironías de la vida.

martes, 21 de febrero de 2012

Complacer a los demás



Con frecuencia lo hago. Es uno de mis tantos defectos: querer quedar bien con todos. En la palabra digo y digo, pero a la hora de en serio decir que no, qué difícil es. Eso pasa cuando estas acostumbrado a velar por los demás y no por uno mismo. Quizá no sea totalmente malo, pero los problemas surgen cuando por velar de otras personas, descuidas otras cosas, personas, tareas o incluso a ti mismo.

Últimamente he pensado que es complicado establecer una conversación con alguien. Surgen tantos y tantos temas que resulta difícil seguir la línea de una conversación. En este sentido me he percatado que no tengo a nadie con quien conversar. De pronto siento que entre unos y otros no nos interesa mucho lo que decimos. Creo que por eso he estado escribiendo por acá.

Continua el problema con las amistades. La mayoría de mis amigos han dejado de hablarme, de verme, supongo que tarde o temprano iba a pasar. Como decía mi blogger favorito te das cuenta quién se queda cuando tú estas atravesando por tu peor momento. No pongo a prueba quién se quede, no me corresponde a mi averiguarlo. Ni quiero hacerlo.

Nos equivocamos y ni modo. Pienso nuevamente en eso de extrañar a personas, lo he escuchado, ya muy poco por mi situación amistosa con la gente, pero me parece algo lejano. ¿Cómo puedo creer que alguien me extrañe como dice si no se acerca? ¿Cómo incluso puedo decirlo yo, si no me acerco?

Tal vez hoy por hoy, lo vea demasiado catastrófico, pero me dije a mi misma: si mis amigos dejaran de hablarme por completo quizá ellos y yo seríamos mejores personas. Al menos no los decepcionaría por no estar con ellos cuando quisieran y cómo quisieran, y yo no pensaría todo el tiempo como complacerlos. 

viernes, 17 de febrero de 2012

La conciertiza loca


La vida es muy complicada. A veces no vemos la salida a alguno de los problemas que tenemos enfrente, y hay considerablemente pocas cosas que valgan la pena. Cuando la vida se convierte en un verdadero fastidio, lo mejor siempre es salir de la rutina. Eso sólo sucede: en los conciertos.

Muchos lo considerarán una pérdida de tiempo. Un gasto innecesario que hacemos los jóvenes y no tan jóvenes por ver a una banda y/o solista. Ir a un concierto es mucho más que ir a pararte dos horas a ver cómo unos individuos tocan. Los conciertos te sacan de la rutina. La emoción es tal, que todo, absolutamente todo lo perra que pueda ser esta vida, queda totalmente relegado. Y el efecto puede durar poco o mucho, pero siempre reconforta.

Recuerdo que la primera entrada que comenzaron a leer, y de hecho la primera que publique en Facebook, era una entrada relacionada con un concierto. De hecho también la primera entrada cuando reabrí el blog –después de patéticamente cerrarlo un tiempo –fue también de un concierto. Es más, de hecho, cuando re abrí el blog, planeaba únicamente escribir sobre discos que me gustaran y principalmente conciertos.

Esa primera entrada que pudieron leer mis amigos de Facebook, era sobre el concierto de Blonde Redhead en el Teatro de la Ciudad, teniendo como telonera a St. Vincent. Irónicamente o tal vez con mucha suerte, regresa Blonde Redhead al Festival 72810 en Cholula, Puebla. Y regresa Annie Clark sola, en el Teatro Fru Fru de la Ciudad de México, ahora propiedad del monstruo Ocesa.

La vida se ha tornado complicada. Pero no puedo dejar de emocionarme cada vez que pienso en los conciertos que se avecinan. Cuando uno esta acostumbrado a pasarla tan bien en los conciertos, es inevitable no ansiarlos. Me parece muy extraño que existan personas que renieguen de ellos o que nunca hayan ido a uno. ¿Cómo pueden sobrevivir? Los conciertos son catarsis.

No puedo esperar para ver a Björk, cuyo primer concierto en México, casi lloré por no poder asistir. No puedo esperar para ver a los Madness que mi buen amigo Wicho, logró hacerme fan. No puedo esperar para ver a Blonde Redhead de nuevo y volver a cantar, ahora sí, sus canciones, ver a Kazu y los gemelos (si es que un poquito de suerte, me deja verlos de nuevo). No puedo esperar a ver a Radiohead, que tanto sufrí por no verlos ese primer concierto. No puedo esperar ver a St. Vincent, por fin sola y con esos grandiosos riffs de guitarra. No puedo esperar a ver a The Rapture, y bailar, y cantar como si no hubiera fin.

Yo creo, que estas son las cosas que hacen que la vida valga la pena, entre otras pocas cosas.

jueves, 16 de febrero de 2012

Seguir en contacto



Me encontraba inmersa en aquellos pensamientos sobre la inminente disolución de algunas amistades con el tiempo y la lejanía. Estaba constantemente pensando en eso, incluso cuando veía a mis amigos, incluso por los acontecimientos recientes. Hubo un momento en el cual me desespero pensar en eso. Mientras me encontraba en la ducha, pensaba y pensaba. De pronto grité,  en el baño, mientras me enjabonaba el cabello: “¡pues ya! Por mi mejor, si no tengo amigos mejor, así ya no estaré pensando en estas cosas”.

Hoy una amiga dijo algo al respecto al tema de cuando termináramos la carrera y no nos volviéramos a ver. Eso sucede, es irremediable, aún ahora, hay amigos a los que no veo. Vamos en la misma escuela, estudiamos la misma carrera y ya no los veo. Hay otros tantos amigos a los que dejé de ver, otros que no comprendieron situaciones adversas, otros que entendí que no eran mis amigos, etc. Esas cosas suceden.

Hoy tuve una punzada de esperanza. Conozco a un chavo, muy buena onda. Lo conocí cuando íbamos en bachillerato. Siempre reía con él, a toda hora. Cuando salí del bachillerato, perdí el contacto con él y con muchas otras personas bien nobles. Aún no entiendo las razones del distanciamiento e ignorancia los unos con los otros. Creo que se debe a que la universidad nos cambia para mal.

Un día él me encontró o yo lo encontré en Facebook. Y ahora que lo pienso, realmente Facebook tiene una utilidad, banal, pero la tiene. De pronto nos escribíamos, de pronto comenzamos a compartir enlaces e incluso compartimos un gusto. Gusto que desconocíamos, creo que ambos, tener. Tal vez, no, no tal vez, con seguridad él no sabe muchas cosas sobre mi y viceversa. Pero cada vez que publica algo en mi muro, cada vez que hace comentarios, me pone de muy buen humor.

No sé si a eso se le llame: mantener el contacto. No estoy segura de si esos sucederá con algunos de mis amigos universitarios. No sé si a la larga, eso suceda con otros amigos que me eligieron en circunstancias a veces, algo extrañas. Lo he dicho millones de veces: yo no elegí a mis amigos, ellos lo hicieron, me eligieron. Y estaré, como esté, hasta que ellos decidan que su elección no ha sido la más correcta. Ya lo he vivido.

sábado, 11 de febrero de 2012

Sólo 100



Hemos llegado a la entrada número cien desde que re reabrí el blog. ¿Pensaban que tenía tema especifico para esta entrada? Sinceramente lo pensé cuando descubrí que estaba a diez entradas de esta. Casi la hubiera planeado, pero mis planes jamás funcionan. Aunque guarde un pensamiento para esta entrada, uno que se quedo alojado en un corto y a la vez largo tiempo.

Recuerdo la primera vez que escribí en el blog de Myspace, si, del Myspace. Supongo que al principio si deseaba que la gente me leyera, cuando no logré la atención de nadie, me di cuenta que no necesitaba lectores, sólo escribía las experiencias y pensamientos que me llegaban a la mente.

Quizá y creo que está fundamentado, piensen que me quiero dedicar a escribir. No lo quiero. Vender algo que es un pasatiempo, casi una necesidad, para mi, es una idea que sólo pensarla me causa nauseas. Además, de por supuesto pensar: ¿quién diablos querría algo que yo escribiera?

Cuando entendí Facebook y decidí publicar el enlace del blog por ahí, me dio muchísimo miedo, debo reconocer. Como se habrán dado cuenta soy bien predecible, hablo de las mismas cosas y con frecuencia escribo mucho acerca de lo que pienso y siento. Soy un libro abierto. Eso me daba miedo, que la gente que no me conocía e incluso la que si lo hacía, leyera a esa Daniela.

Después ese miedo se aminoró, no ha desaparecido, siempre me da miedo que llegue alguien a leer esto y piense que soy una demente. Aún me sigue importando lo que los demás piensen. La verdad, jamás imagine que las personas a mi alrededor comenzaran a leerme. Me sentía halagada y sorprendida, y también, con mucho miedo. Ahora es un poco más normal.

Escribo porque me gusta, no es una vocación para mí. Escribo porque es una necesidad, un gusto, un pasatiempo. No sé qué haré de mi vida, lo he dicho millones de veces, pero quizá no esto. Y por supuesto, no tiene ningún valor en absoluto, no hago crónicas, ni reportajes, ni artículos, ni columnas. Hago lo que cualquiera de ustedes haría, contar experiencias propias.

Así, llego al post número cien. Cuando vi lo cerca que me encontraba del número salieron y salieron un sinfín de temas. Al publicar el enlace de una nueva entrada en Facebook bromeo con la destrucción del blog, no porque lo vaya a hacer, ya lo explique muchas veces aquí. Más que nada porque creo que hay un asunto profético-presagio con esto. No soy muy supersticiosa pero con frecuencia ocurren cosas extrañas. Como mis sueños.

viernes, 10 de febrero de 2012

Pensamientos del día de San Valentin de 2012



Zooey Deschanel dijo en 500 días con ella "El amor no existe. Es una fantasía". No es mi costumbre hablar de esto, de hecho, de todos los problemas de la vida, este es quizá, al que menos le dedique tiempo en el blog. Tal vez, son de esos temas adecuados para plática de nenas, pero al diablo a todos les ha pasado.

No sé si estar totalmente de acuerdo con la afirmación de Summer. Creo que por todo lo que en mi joven vida me ha tocado ver y vivir, podría decir que es verdad. Pero hacerlo también provocaría contradicciones de lo más variadas entre ustedes lectores y yo. Es normal, diría mi hermana que cada quien habla de cómo le va en la feria.

Escribo esto, porque se acerca. El patético catorce de febrero que para las personas solteras como yo, no significa absolutamente nada. No significa y si, porque nosotros las personas solteras, seguimos hablando al respecto, incluso se siguen haciendo películas sobre eso, entonces ¿será realmente insignificante?

En la naturaleza del ser humano, se encuentra la necesidad de estar y sentirse acompañado, por familiares, amigos y si, una pareja. Es feo que sea una necesidad y que tu psique también lo exija en algún momento de nuestras vidas. Lo peor es que esta necesidad se ha extendido a edades más tempranas. Gente joven comienza a sufrir "mal de amores" a los doce años.

¿Por qué necesitaremos ser acompañados por alguien, de ese modo? Tienes a tu familia y amigos, por qué la necesidad de que llegue un ser ajeno y te abrace, y le importe tu estado de ánimo. A veces creo, que es por alguna carencia dentro del ámbito familiar y amistoso. Pero sigo sin entender el por qué.

Me chocan las cosas de niñas. Cuando comienzas a hablar sobre estos temas, es imposible no mezclar pensamientos femeninos y sentimientos casi exclusivos de este género. Tampoco soy fan de las mujeres que pasan la vida quejandose de lo amarga que han sido sus relaciones sentimentales. Lo entiendo, pero a veces exageran -por esa razón no me gusta Adele -pero siempre existen esas grandes excepciones.

Amy Winehouse, por ejemplo, escribía mucho acerca de eso. Y muchos pensarán, si igual que Adele, o cualquier ejemplo. A la Winehouse se lo creías, porque sus letras eran honestas, yo a ella se la compro. Lo mismo me sucede con Florence Welch, se la compro totalmente a esa mujer. Sobre todo cuando las frases de las letras coinciden con tu sentir.

Florence canta "Me abrazo a mi misma, porque sé que va a doler, pero me gusta pensar que por lo menos las cosas no pueden ir peor" y no pueden hacerlo. Al menos también espero eso yo. He pensado, por un incidente acontecido, en todo aquello que me han dicho mis amigos. Me llegó a la mente algo que me dijo un amigo, hace un tiempo, sobre una situación extraña que me sucedió: "Eres muy chida, no entiendo, podrías estar con cualquiera, pero estas en ese desmadre, no entiendo".

Y lo recordé porque tenía razón en alguna parte. Tenían razón todas aquellas personas que me lo advirtieron. Por qué la necesidad de que lo hagan a uno como quieran, por qué la necesidad de pasar por todo eso de las decepciones amorosas, aclaro, cuando desde el principio sabes que no dejaran nada bueno. Hay otras que no se pueden prever. Pero cuando se ve venir el desastre, deberíamos reaccionar y hacernos a un lado, para que la tormenta no arrase con todo.

Aún así, hay cosas mucho peores. La he pasado peor y no por cuestiones romántico-sentimentales. Bien lo dice Florence, no puede empeorar, siempre espero pensar eso.