lunes, 9 de enero de 2012

Prefacio



Ya concluyeron. Traté de postergarlo pero hay obligaciones que son difíciles de postergar. Entrar a mi voluntariado (no me quejo, me gustar estar ahí); asistir a mis clases de inglés (de las cuales he olvidado lo básico) y regresar a la escuela (es lo que más fastidio me da) son actividades a realizar. Mis vacaciones han terminado. Comienza el martirio y sobre todo los achaques de mis innumerables noches durmiendo tarde por cosas inútiles y, más que nada, de intentar recuperar el tiempo perdido.

¡Maldita sea! Es lo primero que me llega a la mente al pensar en las cosas por hacer, en los caminos que recorrer, los caminos que recorrer, me aterran. Gracias a mi eterna enfermedad últimamente he sufrido sus consecuencias, imagino que todo fue causado por el atasque navideño, un lujo que yo, en mi condición no me puedo dar. Y luego esta la maldita presión social de la gente que no entiende tu condición de enferma y que a como de lugar insisten en que tragues cosas que no puedes comer.

Es un fastidio, la vida es un fastidio. Ya sé, mi actitud negativa no me llevará a los grandes ideales de la vida, para ser honesta he perdido la fe en los grandes ideales de la vida. Me conformo con poder comer un día bien sin tener esas ganas de vomitar. Si por mi fuera, como dicen “si te vas a morir, muérete feliz”. En el caso de las enfermedades del estómago no aplica, que más quisiera comer y comer sin control y que los achaques fueran lo último de lo último, pero en cuanto como algo delicioso pero corrosivo para mi estómago inmediatamente ese órgano de mi cuerpo comienza a quejarse.

Por otro lado pienso, ya seis meses, sólo son seis meses. Luego quizá no sea libre, quizá deba realizar el servicio social, pero no tendré que pisar la escuela de nuevo. Y si quizá otros seis meses, pero se acaba. Es raro eso de concluir esa etapa de la vida de una persona. Da miedo.

Luego la etapa adulta-adulta, lo veo con mis amigos, lo vi antes con algunos otros. Recuerdo a mi hermana, cuando tenía mi edad y salía y salía a fiestear mucho con hartos amigos. Ahora sólo habla con tres. Pasará, eso sucederá. No es que tenga los montones de amigos, pero cada uno toma un camino distinto. Hace poco quería hablar con uno de ellos, pero digamos que no estaba disponible y sentí que lo había perdido. Tal vez no sea tan drástico, pero de algún modo si perdí algo con él.

Pero esto, esto sólo es el prefacio de lo que sucederá más adelante y ni siquiera tengo que esperarme seis meses o más, simplemente con el día de mañana o más bien cuando amanezca que comience la rutina y poco a poco se destapen las cosas que tienen que pasar. Creo que… se le llama vida, vida cotidiana.

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