lunes, 30 de enero de 2012

Cuando no se trata de gustar, gustar



Un día llegas a un sitio, conoces a una persona, te llevas bien con esa persona y descubres algo distinto. Me pasó y apenas lo reflexiono.

Hace tiempo conocí a una persona. Eso no es algo muy cotidiano para mí, en realidad, el hecho sólo ocurre una o dos veces al año dentro de mi vida. Recuerdo muy bien cuando nos miramos, me sonrió y yo cortésmente devolví la sonrisa. Y fue en ese momento donde entendí sin hacerlo racionalmente, espero me explique, cuando supe algo que hasta ahora entiendo.

Hay personas en el mundo, o al menos el mundo de uno, que simplemente se conectan. Ese día él me gustó y yo le gusté a él. Y no de la forma burda que se imaginan. Eso sucede a menudo, cuando dices “pues si me gusta” necesariamente tiene que estar ligado a una situación romántico-sentimental.

Las personas ordinarias denominarían a lo que estoy explicando como: te agrada, te cae bien. Están bien esos adjetivos, pero pienso que quizá se queden algo cortos para explicar tal reacción. La verdad, pienso que los usan para sustituir el me gusta porque como ya dije sólo es usado en términos románticos. No necesariamente es así.

A veces tardas mucho tiempo en conocer a las personas y que logren gustarte. Es todo un proceso, al final relaciones. Pero llegan esas personas que no necesitan un mes, un año o esos lapsos grandes de tiempo, simplemente las ves y te gustan. Te gusta su saludo, su cordialidad, su sencillez, su calidez, te gusta.

Cuando alguien te gusta de forma romántica. Es como decía Sam a Flint en Lluvia de Hamburguesas –lo sé, es aún más burdo mi ejemplo, pero lo dicen muy bien –cuando Flint se le declara a Sam y ella le contesta “¿te gusto de gustar?”. Eso ya conlleva otros sentimientos más extraños y a veces inútiles.

No, esto no se trata de me gusta de gustar. Se trata de elegir a persona, de ser elegida también, elegir compañía, elegir amistades. Así nos elegimos él y yo.


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