viernes, 20 de enero de 2012

No volveremos a este lugar porque no será igual de divertido



Es complicado llegar a un lugar que no conoces. Sobre todo cuando la dirección no es tan clara para ti y sólo has pasado superficialmente por ese lugar. En general además de la dirección, es bastante complicado llegar a un lugar. De pronto llegarían esos sentimientos de no pertenencia y cosas de ese estilo.

Hoy caminé hacia ese sitio. Tenía un nudo en la garganta y caminaba lento no porque no quisiera llegar a mi destino, sino porque observaba y recordaba cómo había recorrido esas calles la primera vez con desconocimiento y nerviosismo. En cada paso recordaba las veces siguientes a esa primera vez.

Fue diferente. Llegar a ese lugar fue diferente a como lo imagine en tantos sentidos. No era la oficina que esperaba, no las personas que esperaba y quizá tampoco el trabajo que esperaba. No puedo decir si no lleno mis expectativas o las supero, aún tengo el problema con las expectativas.

Mi enfermedad lo logró, logró arruinar de algún modo mi vida que me parece complicado llegar a reemplazar o componer. Cuesta mucho trabajo.

Ayer platicaba mi situación de salud con mi padre. Me sugirió algo muy fuerte pero que dentro sabía la razón de la sugerencia. Detesto la escuela de un modo que en ocasiones no encuentro normal, pero es una obligación y un compromiso que le prometí a alguien muy especial.

Mi problema de salud no es muy grave, lo cual me hace sentir aún más patética. Pero si requiere de muchos cuidados y medidas que requieren ser asumidas por mí, muy en contra de mis deseos y si, también de mi salud mental. Debo dejar mi trabajo como voluntaria en Amnistía Internacional, al menos por un tiempo para empezar en serio mi proceso de recuperación.

Es difícil llegar a un sitio desconocido. En Amnistía no sucedió eso, siento que llevó ahí años y las personas maravillosas a las cuales conocí me acogieron de tal modo que pensar en dejar de ir a verlos es algo complicado de llevar a cabo. Era parte de algo y eso me hacía sentir que pertenecía.

A estas alturas pienso que Amnistía me ayudó mucho más a mi de lo que yo les ayude a ellos. Y no es una despedida, tengo la esperanza de regresar muy pronto, cuando mi estómago y yo decidamos que seré una persona despreocupada. Pero sé que no será igual a la primera vez, como le decía Scarlett Johanson a Bill Murray en Lost in Translation.

La vida ha cambiado en un sinfín de formas. Es extraño, estos días han sido extraños y si hubiera estado enterada de esto, jamás hubiera deseado que acabara el año pasado. Extraño, extraño, extraño, extraño a tanta gente. ¿Como es que logró hacer a las personas que conozco tan indispensables para mí? No tengo ni la menor idea.

Supongo que en algún punto tengo que aprender a sobrevivir bajo las circunstancias y sobre todo enfrentar las consecuencias de mis actos. Sé que si estoy enferma es únicamente mi responsabilidad.

Y aunque no, no quisiera hacer de todo esto una despedida o un termino forzoso de una etapa. No me queda más que agradecer a Amnistía Internacional darme la oportunidad de estar ahí y aprender de las personas que laboran ahí, darme la oportunidad de conocer a gente que en serio les importan las demás personas sin importar edad, ni nacionalidad. Jamás imaginarán las cosas realmente positivas que le trajeron a mi triste vida.

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