sábado, 28 de enero de 2012

The life isn’t easy going, not yet



Jamie Cullum canta en una canción cuyo título es 7 days to change your life que la vida era muy perra. Hubo un momento donde esa canción me hacía estremecerme. No sólo por la acertada afirmación de Jamie, sino por todo lo que decía. Ahora más que nunca estoy de acuerdo con esa frase que tantas veces se repetía en mi cabeza durante la canción.

Y bien, ahora que comentamos y relacionamos la vida con tantas cosas, con canciones. Florence Welch canta que los días de perro han terminado y sigo comprobando que eso aún no sucede, al menos para mí. Días difíciles, días raros, días complicados se aproximan. Nunca estuve más segura de ello.

Me avergüenza en algún grado que quizá no puedan imaginar escribir mi pesimismo todo el tiempo. Lo más honesto es esto: escribir sobre las cosas que conoces. Esto es lo que conozco. Pero siempre pueden tomar la decisión, como dicen los comunicólogos creyentes en las audiencias inteligentes, de elegir lo que gustan o no leer, ver y escuchar.

La única forma en la que estaré bien del todo, será cuando comience a ser una persona despreocupada. Algunos lo sabrán, otros quizá no, pero eso de ser despreocupado es tan complicado. Sobre todo cuando la mayoría de tu vida ha sido pasar coraje tras coraje. Ridículo preocuparse, ridículo enojarse por tonterías. Sucede.

Pero de algún modo, todos son despreocupados. Al menos lo que he comprobado. Uno se preocupa por las personas, pero somos realmente tan egoístas que al final, sólo estamos nosotros. Siempre lo digo a todos les preocupas cinco minutos si alguien lo hace más de esos cinco minutos es un milagro. Supongo que está bien, y por lo tanto debería dejar de importarme lo que piensen los demás.

Estos días han sido complicados. En algún punto me estoy acostumbrando, no es bueno. Sólo voy por las calles, por el transporte, por la vida cerrando los ojos, intentando poner atención en los detalles de la música, del viento, del sol o de la lluvia. Todo con tal de no vomitar.

No hay ninguna sorpresa, lo ven. Quisiera, llegará alguien que me dijera “sólo dame el dinero y cambiaré tu vida en sólo siete cortos días”, eso o que se me concediera un deseo. Ya sé que pediría.

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