martes, 3 de enero de 2012

3 de enero



No encuentro un título para esta entrada. Tampoco tengo la certeza de qué hablar. Comencé a escribir porque ver la antigua entrada con el año anterior me aterra y porque esta actividad al parecer sigue siendo algo que necesito. Hablar del año que comienza no se me antoja para nada productivo y mi blogger predilecto ha escrito lo que yo hubiera escrito con menos elegancia y estilo.

Esto continua, nada se acaba, dije en la última entrada. Sigo creyendo en ello. Antes tenía un sinfín de ideas y presagios sobre cómo irían los primeros días del año, ya no creo en ellos. Te va como te va y ni modo. Al final empiezo hablando del año que comienza, qué repetitivo.

La vida ha sido extraña últimamente, como que los mayas tampoco se equivocaban. No en cuanto a terremotos, catástrofes, maremotos, o alguna fenómeno de esa índole, pienso, eso sucede continuamente. Más bien en que personalmente la vida ha sido extraña.

Eso de que el fin de año simbolice una cosa y el comienzo de otro simbolice otra, me tiene realmente sin cuidado, para mí no simboliza nada y por eso no me causa conflicto estos días, mi crisis existencial perdura con o sin un fin de año.

Esta vez prometo no cerrar el blog, por lo patético que eso resulta, aunque me sirvió cuando lo hice ya que, comencé a ver qué blog copiar, bueno no, ni siquiera es una copia fiel, pero me inspiro mucho. No lo haré porque cerrar el blog se me hace ya un intento desesperado por atraer atención, además de ser un recurso ruin, infantil y tonto para tener demostraciones de afecto y levantar mi ego.


No espero nada, no sé si ya lo había dicho, pero creo, que las situaciones pasan aún sin tu consentimiento o conocimiento, así pasara. No sé cuáles serán mis temas los próximos meses, sigo intentando ser más simpática por acá, más optimista y bromista, pero si se sienten identificados, sólo me resta decir: ¡Ya somos dos!


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