martes, 1 de noviembre de 2011

Diarios



Antes de escribir un blog, el cual empecé cuando tenía unos quince años y fue un pequeño blog en myspace, había escrito cosas, siempre lo hice desde que tenía si acaso unos diez u once años. ¿Por qué? No lo sé, quizá uno de pequeño llega a sentirse solo, bajo mi contexto: tengo tres hermanas más grandes que yo, mis padres se la pasaban trabajando y necesitaba contar cosas. Cosas, qué palabra tan vacía, la uso demasiado, ustedes dispensen.

He escrito diarios, tuve mi primer diario, producto de regalo de día de Reyes, a los once años. No le encontré tanta utilidad, qué sentido tenía que yo, a esa edad, con tan poco interés en la vida infantil en general, contará algo. Empecé a escribirlo, primero diariamente, luego me di cuenta que no era necesario contar: me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, desayune, etc., etc.

Deje de escribir diarios a los doce años cuando entré a la secundaria. La secundaria fue una etapa intrascendente, más bien solitaria y no quería saber nada de nada. Pero cuando entré a segundo de secundaria de pronto necesite escribir: me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, desayune, etc., etc.

Mi materia favorita en la escuela fue siempre español y tal vez historia en algún momento de mi infancia. Era divertido escribir, fantasía, escribir cosas que podían pasar aunque en realidad nunca fueran a pasar. En la secundaria me volví una grosera, algo quizá entraba en mi personalidad  parecido a lo mordaz. Regresé a escribir diarios.

Así ha pasado desde entonces, lo detuve un momento al encontrar a esa persona en el bachillerato con la que me enviaba cartas, a la que le contaba algo. Debo admitir que esa fue la primera vez que le encontré sentido a escribir, cuando escribí para alguien que me leía. Había historias que contar, sentimientos y eso. Ella me entendía bien, deje los diarios porque había alguien que me leía y que esperaba recibir mi siguiente carta.

Después la soledad. Al terminar el bachillerato y empezar la universidad regrese al hábito de los diarios. Hasta que concentré mi atención en el blog. Vaya que si escribo cosas que considero muy personales aquí, recientemente que abrí esos diarios, bueno, si alguien los encuentra quizá sea peligroso.

Por esa parte me alegro, nunca me he mentido. Me pregunté en el pasado para qué los diarios, me di infinidad de respuestas, en algunos escribo que los tiraré, en otros que los quemaré y en otros más que me servirían para reencontrarme, para saber quién era antes. Salvo por las faltas de ortografía no he cambiado tanto, los releí e incluso me aburrí, soy tan aburrida hasta para mí misma.

Han cambiado pensamientos, sentimientos también. En esencia soy la misma Daniela, supongo que eso es bueno. Escribo esto porque hoy tengo la necesidad de escribir: me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, desayune… siento esto, me pasa esto, quiero esto, no sueño ya con aquello… Así que quizá y sólo quizá deje de revelar tanto de mí, aquí. Ese era el problema: dejar mi hábito del “diario” hice que escribiera tanta cosa cursi y sosa acá.

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