lunes, 28 de noviembre de 2011

My Girl



“Ya me cansé de escuchar a los Killers, vamos a poner otra cosa… déjame pensar, ¡ah si! Ya sé qué podemos poner, espera deja cambio el disco… mmm bueno, te voy a poner una canción, a lo mejor ya la has escuchado, me gusta mucho, me da penita porque es viejita, es como de papás, pero es muy bonita, esa es la canción que me gustaría que me dedicaran, te la voy a traducir…

[El disco comienza a rodar dentro de los discman, el timbre característico de pasar de canción suena, un poco de silencio y se escucha…]


El fin de semana estuve escuchando esa canción, eso es lo que pasa cuando una canción hace que recuerdes momentos, para bien o para mal, la música tiene ese mágico poder de recordar, de vivir, de alegrarnos y entristecernos. Me acordé como aquel día frente al metro y las rejas de la escuela, fue tan vívido.

Tenía razón, cuando comenzó la canción sonreí pero la mire con algo de desconcierto. Ella sonrió, alargo esa sonrisa y soltó una risita nerviosa, de vergüenza, y comenzó a decirme qué decía esa canción (Tengo el brillo del sol) la miré y luego volteé a ver a la gente mientras intentaba concentrarme en la letra (en un día nublado).

Comencé a relajarme y sonreí aún más (supongo que dirás), la gente dejo de existir un momento, mientras nos encontrábamos sentadas en el piso en una estación del metro (¿qué me hace sentir así?) y entonces ella entonó: My girl, my girl, my girl, talkin’ ‘bout my girl…

Y ese es el modo en que una canción jamás podrá olvidarse a pesar de esta memoria tan olvidadiza, esa es la forma en la que una persona no puede salir nunca de tu vida. Lo recuerdo porque ahora que tengo conflicto con eso de mis amistades, la extraño más que nunca y le agradezco ser “a todas margaras” como ella me decía, conmigo. Y también debo confesar que, su un chico se acercara me gustaría que me dedicara esa canción.

Te extraño Goby wan… you’re are my girl

jueves, 24 de noviembre de 2011

Sitio de lectura



Les había comentado mi casi imposibilidad de leer en casa. Es molesto, malditas malas construcciones, todo se escucha, bueno no todo, pero al parecer mis nuevos vecinos jóvenes han decidido hacer fiesta cada tercer día; esta nueva forma de vida no va conmigo y el hecho de tener que escuchar la televisión y platos o ropa lavándose no ayuda en mi concentración, y créanme cuando les digo: necesito mucha concentración.

Después descubrí que mi lectura se realizaba con éxito y hasta con gozo en el transporte público. Si claro, cuando uno encuentra asiento en el camión, combi, microbús, metro, etc., de lo contrario sólo será incómodo y si, lo sé, bastante molesto. Pero fue durante un tiempo la única manera en la que podía avanzar en mis lecturas.

Hace algún tiempo, desesperada por no encontrar un sitio ideal para leer ya que mi casa nunca fue una opción, decidí salir a buscar algún lugar. Encontré uno y ese día avance bastante, terminé con todas las lecturas que debía leer, para mi desgracia del 100% de las lecturas entendí un 60%.

El lunes tuve que leer una novela completa, gracias a mi siempre orden en hacer las cosas con anticipación (léase con tono sarcástico). Recurrí a “el sitio de lectura”, realmente no creí terminarlo, y me conformaba con leer por lo menos 150 de las 280 páginas que contenía la novela. En aproximadamente cinco horas la terminé, y lo mejor de todo: lo disfrute muchísimo.

No es fácil encontrar un lugar donde te sientas a gusto, donde no te sientas como una extraña o excéntrica, donde te sientes y nadie se te quede viendo, donde puedas disfrutar del sol y la sombra. Caminar hacia ese lugar es mi parte favorita, el lunes el clima estuvo bastante agradable, el sol estaba en lo alto pero no quemaba tanto como es su costumbre en estas fechas y sí, hacía frío pero podía soportarlo. Sólo tuve que poner Simili life -si debo admitir que me sentí como la chica del vídeo con muchísimo menos caché -y todo fue hermoso de pronto.

Además de que la novela en turno era bastante digerible de leer, no había otro personaje pegándome con su codo o brazo; no tuve que encogerme y tener el libro a dos centímetros de mi, no había conversaciones ajenas; no olores extraños; no temblor por el movimiento, nada. Supongo que todas esas cosas influyeron en mi buena y rápida lectura.

Estar ahí sola, rodeada de personas que iban a acompañadas y de que a pesar de eso nadie se me quedo viendo, fue un punto a favor, algunos caninos se acercaron y hasta acaricie a unos pocos. Sólo en ese momento sus respectivos dueños me miraban y amablemente me dedicaban una sonrisa, espero con ternura y no con lastima. Pero todo fue bien.

Decidí nuevamente, y espero otra vez cumplirlo, dejar de buscar gente. Me siento bien sola, de hecho hasta lo busco, necesito mi espacio de nuevo. Tal vez no lo recupere pronto, de hecho me resigné, por eso encontré otro espacio que justo ese día lo sentí como mío, como antes, a pesar de las personas alrededor.

A la gente no le importas mucho, siempre es una necesidad las que los llevan a ti, lo entiendo, he incluso casi puedo aceptar y asegurar que he cometido esa atrocidad anteriormente. Simplemente en este momento no quiero a nadie al lado de mi que sólo le importe esos cinco minutos. Estaba ahí, con un libro, unos audífonos -ah maravillosos audífonos- y mi música, no necesitaba nada más... salvo comida y un buen sillón, pero, no se puede todo en la vida.

viernes, 18 de noviembre de 2011

Revolución



Estaba pensando en muchas cosas, me ha pasado últimamente. Pero esto, esto salió de un día en el camino, como tantas veces, donde escuchaba una estación de radio –forzosamente- y de poco prestigio debo admitir, en el camión. La locutora en turno leía mails de personas a partir de la pregunta “¿qué opinas de que se vendan artículos navideños ahora?”; cual sería mi sorpresa que varias respuestas repudiaban el hecho. Y una de ellas mencionó algo así:

“Todavía no pasa la revolución y ya están vendiendo artículos navideños”

La verdad, me sorprendió el comentario y comencé a pensar en eso. La Revolución Mexicana, en realidad, es una fecha más en nuestro calendario, me pregunté por qué pasaba tan desapercibida, no es como que encuentres por estas fechas miles de banderas o imágenes de Pancho Villa o Zapata en cada esquina; o que los automóviles comiencen a usar banderas como el 15 de septiembre, con esto no quiero decir que así lo desee, ciertamente no, sólo es algo curioso que eso no suceda,  puesto que somos propensos a volvernos “patrióticos” con esos asuntos.

Primero pensé que era una fecha desapercibida y sólo considerada como día feriado por qué si, como los tantos que suceden y nadie recuerda por qué faltan a la escuela o al trabajo; pensé que era porque al grueso de la población, eso, no les importa. Luego me di cuenta que era algo más. Con esto de la escuela he leído algunos libros y dos fueron acerca de la Revolución Mexicana, debo admitir que algo dentro de mí movió, pues de hecho es incluso tema de mi tesina.

Cuando escribí mi reporte acerca del libro ¡Vámonos con Pancho Villa!, le pregunte a una amiga cuál era la etapa dentro de ese sentimiento “patriótico” que más le calaba, si la Independencia o la Revolución; ella me contesto sin pensar “La Revolución, fue lo peor, no sirvió para nada” después de eso escribí algo así como “La Revolución es una etapa sensible y turbia”, realmente creo que en eso radica la poca importancia que se le da a la fecha.

Como ya les había dicho antes, creo que hay cierta falta de ídolos en un terreno cultura, por eso vemos tantas cosas inverosímiles, sí, son necesarios, necesitamos seguir teniendo fe en nuestra humanidad. También pienso que hacen falta líderes, no, no llegará un mesías que nos salve de esto, pero hacen falta verdaderos líderes, aunque quizá no lleguen pronto, la gente esta escéptica y también es ignorante… somos ignorantes.

La gente, la población de verdad no cree en las revoluciones. Cuando escribí también ese pequeño reporte, afirme que la revolución fue fallida, de vuelta mi profesor me puso ¿qué acaso no todas son así?, es verdad todas las revoluciones son fallidas, eso es muy triste, y eso aumenta el desinterés, nadie cree, en verdad que algo pueda cambiar con una revolución, la nuestra se convirtió en un día feriado.

“…Necesitaba otra cosa el país, pero quién sabe qué” afirmó Revueltas, aún no lo sabemos con exactitud, estamos en un estado de incertidumbre constante. La Revolución no cambio nada, estamos como estamos, las noticias lo confirman: los helicópteros siguen cayendo, los impuestos siguen subiendo; la violencia está tocando nuestras puertas; la gente sigue con la venda en los ojos, qué necesita el país.

¿Y cómo pedirle a las personas que abran los ojos? Cómo hacerlo, en esta cotidianidad, en los distintos problemas, sumergida en el estrés, el desasosiego, el trabajo en exceso. A esas personas, a las que se parten la espalda trabajando y que saben una realidad muy distinta a la que nuestros gobernantes barajean en las altas esferas, escribió José Joaquín Blanco: “Necesita uno estar completamente lleno de salud y prosperidad, bien encerrado en su propio orden, para no gritar, totalmente trastornado: “¡Carajo, en qué pinche mundo vivo!”, todos gritamos eso porque carecemos de orden y prosperidad.

Ahora que termina mi trimestre, tengo que confesar: cuando nuestro profesor propuso que todo el curso leyéramos autores mexicanos, no me agradó del todo la idea, pero igual eran libros. Me alegro que lo haya hecho, descubrí unos libros extraordinarios de literatura mexicana, independientemente de adquirir algún sentido a la nación, si es que ese concepto aún podemos aplicarlo a este país, creo que me sirvió más allá de eso.

Vivo aquí, aquí me crié, no puedo desligarme de mi entorno, tengo que reaccionar, esta es mi forma de reaccionar, porque no me es ajeno. Y aún más, imagino que como parte de ser ciudadana de un país, invariablemente obtienes cierta identidad nacional, un estilo de vida también, por muy desorbitado que uno se sienta en su propio país. Soy lo que soy, también por vivir aquí.

Entonces ¿qué significa para nosotros el veinte de noviembre? ¿En serio dejaremos que siga siendo un día feriado?, necesitamos contestarle a Revueltas, decirle qué es lo que necesita el país, debemos creer en nuestras capacidades y facultades. Tal vez hoy estoy de grillera o con actitud subversiva, pero por lo menos es algo en lo que debemos pensar, no, no sólo pensar, analizar.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Bajo perfil



Ayer sucedió algo en una clase y me hizo recordar aquello acerca de mi bajo perfil. Resulta ser que el profesor titular del grupo en el que estoy entrego unos trabajos que hicimos en equipo. El de mi equipo le gustó bastante y cuando dijo los integrantes del equipo hizo algunas expresiones cómo: “Claro, claro donde este Anahí, debe estar bien el trabajo”; “bueno, bueno qué decir de Daniel, muy trabajador”. Así es, omitió a esta triste personita, y me puse a pensar.

La verdad no me sorprende, tampoco me hace sentir mal, tal vez si pero no mucho. Mantengo mi bajo perfil y lo hice desde muy pequeña, puedo atribuirlo también a la timidez y al miedo irracional que siempre he tenido, junto con mi insuperable inseguridad, está bien, contextualizamos.

Cuando era un moco y posiblemente un enano, en mis años de primaria me ocurría seguido que sabía las respuestas a las preguntas de historia, con frecuencia de las otras materias, excepto de matemáticas. Por mi miedo, inseguridad y timidez no las decía, se las decía a alguna amiga y con suerte, si alguien la escuchaba la decía en voz alta y la profesora lo o la felicitaba. No me molestaba en lo absoluto.

Eso de que todo el mundo te diga que estas bien, que eres bueno nunca ha sido lo mío, sí aunque suene difícil de creer, así soy. La única vez que no hice eso fue en la secundaria cuando hacerme notar por mi ñoñes hacía enojar a mis compañeros y eso era muy divertido. No soy una buena persona.

De ahí en fuera, algo pasa, soy yo más bien. Los profesores jamás recuerdan mi nombre o les cuesta muchísimo aprenderlo, siempre es como “¿cómo te llamas?” “¿y tú eres…?”. Durante mis tres años en la universidad por lo menos tres profesores me han dicho que tengo un problema con no hablar en clase, pero pues ¿para qué? Para decir sandeces como la mayoría de mis compañeros a lo largo de la carrera.

“Sí lo sabes por qué no participas”; “eres buena alumna, pero no participas y eso no hace que destaques”; “posiblemente hay personas que tengan ideas que decir pero no las dicen”, si lo he escuchado. Mi pretensión no es que el mundo me admire y alabe. La verdad sí, siempre he dicho mientras más invisible sea mucho mejor.

Luego llegó a mi mente todas aquellas personas que tampoco hablan en clase, que no participan y debo admitir que llegue a pensar de ellas “y ellos ¿qué? Qué hacen aquí, qué talento tienen”. Lo pienso dos veces y encuentro que soy parte de ellos, que con toda seguridad compañeros míos han pensado eso de mí. Nuevamente me doy cuenta que la elección de mi carrera fue un grave error.

Aún así, mantengo mi bajo perfil, porque me gusta de esa forma, eso de que las personas te miren en la calle por tu peinado, por tu vestuario, por lo que sea, es bastante desagradable, a mí por lo menos me hace sentir incómoda. Como, insisto, no podemos vivir en una cueva y ser ermitaños, prefiero mi bajo perfil, aunque no tenga talento alguno. 

viernes, 4 de noviembre de 2011

Ocasiones



Peligrosamente se acerca diciembre, soy una amargada. Me da terror esas fechas, son épocas como de amor y cariño incomprensibles por parte de las personas, realmente da miedo. Lo único bueno siempre era la comida, supongo que me iré olvidando de eso, y los regalos se terminaron hace mucho tiempo.

Acaba de pasar día de muertos y la irritante pero ya costumbre de “Halloween”; antes de eso pasó septiembre con las fiestas patrias y culminará todo en el deslumbrante –lo digo literal –paso a la navidad.

Aún no me explico porque la gente tiene esa afición a adornar sus casas para tales ocasiones, lo qué es más, cuál es la verdadera función de adornar las casas. Supongo que hasta cierto punto, todo dentro de los hogares es un adorno, es para apropiártelo y saberlo tuyo, entiendo esa parte, pero si es la independencia, día de muertos, la revolución, navidad, qué significa.

Ahora ya no me puedo quejar, de lo que tanto me burle se ha adueñado de mi propia casa. Un día llegué de la escuela y… (inserte música dramática) ahí estaba esa bandera colgada bajo la ventana. Quise regresarme enseguida.

Es el resultado de vivir con personas. Las personas, no son tan buena compañía, por algo ese refrán de “más vale solo…”. Tuve que soportar ver, de forma vomitiva esa bandera y algunos adornos más dentro de mi casa. Afortunadamente esa enfermedad del adorno ataca más a otros vecinos y se puede contra restar el efecto causado por la bandera al revés colgada debajo de mi ventana.

Pero llegó día de muertos. Todos los días de la semana que paso y la anterior a esa, quise patear ese muñeco espantoso que estaba en mi ventana. Paso la brujas de foamy pegadas en las paredes, paso la calavera colgada en la puerta, paso las millones de flores cempasúchil que había; pero el muñeco en la ventana ya era una grosería.

Nuevamente mis vecinos superaron la espantosa decoración de mi casa, eso no quita la vergüenza que me daba asomar la cabeza por mi ventana. No sé qué suceda para navidad y año nuevo, pero definitivamente estar en casa, ya no es una opción.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Soñar despierto



Usar mi imaginación a veces no es tan complicado, sobre todo cuando esta incentivada por una serie de películas, libros, imágenes, música, puede llegar a ser sencillo, casi intuitivo. El horóscopo define a mi signo como uno soñador, idealista y muy volátil, a veces estoy de acuerdo.

Tal vez son las fechas, mi imaginación empieza a volar. Tampoco sé si se trate de paranoia, no, esa llega con otras circunstancias. Por ejemplo los sueños, son cosa tan extraña y bizarra; también tengo un pequeño problema con los sueños, con mis sueños, pasan cosas extrañas, como revolver momentos con personas y saber pensamientos y situaciones que no están explicitas en el sueño pero que infiero. Raros muy raros.

Me preocupa un poco mi estado de ensoñación. De nuevo escribo sobre un tema soso, pero quizá hasta les ha pasado. Cuando una idea ronda por tu cabeza una y otra vez y entonces creas todos los escenarios posibles ante esa circunstancia determinada, agréguenle a eso canciones, personajes, situaciones anexas inverosímiles vistas en alguna película, serie, súmenle frases leídas en cualquier libro y entonces sale, sale la cosa más inverosímil.

En clases hemos visto que los libros son para eso, porque al ser humano le hace falta eso que esta escrito, quiere ser el héroe, el villano, la víctima, el mesías, todo al mismo tiempo, busca ser así porque en su patética vida no habría la misma emoción, no habría la misma situación fantástica, arriesgada, temeraria. Somos tan ordinarios que necesitamos de ese toque de fantasía, de ese podría ser, para sentirnos vivos.


Yo necesito eso, eso que leí, eso que vi, eso que escuché, lo necesito y entonces comenzaré como hace casi dos años a caminar como zombie, a quedarme ensimismada frente a la ventana esperando aquella emoción, deprimiéndome por no tenerla conmigo, por no ser como ella, ni tener lo que ella tiene.

martes, 1 de noviembre de 2011

Diarios



Antes de escribir un blog, el cual empecé cuando tenía unos quince años y fue un pequeño blog en myspace, había escrito cosas, siempre lo hice desde que tenía si acaso unos diez u once años. ¿Por qué? No lo sé, quizá uno de pequeño llega a sentirse solo, bajo mi contexto: tengo tres hermanas más grandes que yo, mis padres se la pasaban trabajando y necesitaba contar cosas. Cosas, qué palabra tan vacía, la uso demasiado, ustedes dispensen.

He escrito diarios, tuve mi primer diario, producto de regalo de día de Reyes, a los once años. No le encontré tanta utilidad, qué sentido tenía que yo, a esa edad, con tan poco interés en la vida infantil en general, contará algo. Empecé a escribirlo, primero diariamente, luego me di cuenta que no era necesario contar: me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, desayune, etc., etc.

Deje de escribir diarios a los doce años cuando entré a la secundaria. La secundaria fue una etapa intrascendente, más bien solitaria y no quería saber nada de nada. Pero cuando entré a segundo de secundaria de pronto necesite escribir: me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, desayune, etc., etc.

Mi materia favorita en la escuela fue siempre español y tal vez historia en algún momento de mi infancia. Era divertido escribir, fantasía, escribir cosas que podían pasar aunque en realidad nunca fueran a pasar. En la secundaria me volví una grosera, algo quizá entraba en mi personalidad  parecido a lo mordaz. Regresé a escribir diarios.

Así ha pasado desde entonces, lo detuve un momento al encontrar a esa persona en el bachillerato con la que me enviaba cartas, a la que le contaba algo. Debo admitir que esa fue la primera vez que le encontré sentido a escribir, cuando escribí para alguien que me leía. Había historias que contar, sentimientos y eso. Ella me entendía bien, deje los diarios porque había alguien que me leía y que esperaba recibir mi siguiente carta.

Después la soledad. Al terminar el bachillerato y empezar la universidad regrese al hábito de los diarios. Hasta que concentré mi atención en el blog. Vaya que si escribo cosas que considero muy personales aquí, recientemente que abrí esos diarios, bueno, si alguien los encuentra quizá sea peligroso.

Por esa parte me alegro, nunca me he mentido. Me pregunté en el pasado para qué los diarios, me di infinidad de respuestas, en algunos escribo que los tiraré, en otros que los quemaré y en otros más que me servirían para reencontrarme, para saber quién era antes. Salvo por las faltas de ortografía no he cambiado tanto, los releí e incluso me aburrí, soy tan aburrida hasta para mí misma.

Han cambiado pensamientos, sentimientos también. En esencia soy la misma Daniela, supongo que eso es bueno. Escribo esto porque hoy tengo la necesidad de escribir: me levanté, fui al baño, me lavé los dientes, desayune… siento esto, me pasa esto, quiero esto, no sueño ya con aquello… Así que quizá y sólo quizá deje de revelar tanto de mí, aquí. Ese era el problema: dejar mi hábito del “diario” hice que escribiera tanta cosa cursi y sosa acá.