domingo, 9 de octubre de 2011

Días lluviosos


No es la primera vez que lo digo, tampoco será la última: me encantan los días lluviosos. Incluso enferma como estoy ahora, escuchar el sonido de la lluvia es reconfortante; incluso si fue ese cambio de clima el que me hizo enfermarme; incluso si es por mojarme en la lluvia, aún con esas cosas el sonido de las gotas golpeando en los cristales, los cristales empañados, el frío del ambiente, eso me reconforta de algún modo extraño y triste.

Hoy vi una película que se llama Blue Valentine, había visto poco más de la mitad hace tiempo y hoy por fin la vi completa, no porque tuviera tiempo, sino porque mis actividades escolares no son primordiales cuando estoy enferma, qué otra cosa podría enfermarte más si no es la tarea.

Me gustan ese tipo de películas por alguna extraña razón, por qué digo “ese tipo” de películas. Son como 500 días con ella, o como Atrévete a amar, o quizá como el Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos. Esas que retratan perfectamente en forma de drama o de comedia, quizá ambas, las relaciones interpersonales, las parejas.

He llegado a pensar que es bastante ridículo que me gusten esas películas, jamás he pasado por una situación similar en mi corta o larga vida, como lo quieran ver. Mi consciente o inconsciente, honestamente no sé cuál, piensa que debo vivirlo a través de estas películas para no sufrirlo en carne propia, patético, el cine no refleja la realidad, al menos no en su totalidad. Supongo que me ayuda como catarsis, pero de qué.

Últimamente que ha habido días lluviosos, pero sobre todo han llegado cosas a la mente, que antes no pensaba o dejaba en último término porque había problemas más inmediatos, pienso aún más y trato de llegar a resoluciones optimas; pero no tengo idea de qué o cuál es una resolución óptima.

El viernes pasó algo extraño, vi algunas fotos. Había tomado una decisión respecto a un problema que tengo, estaba realmente decidida, incluso la opinión de varias personas a mi alrededor era positiva acerca de mi decisión. Me sentía más valiente de lo que podía imaginar, más honesta conmigo misma y con los demás, casi encontraba las palabras para expresarlo, el momento, la circunstancia, todo estaba puesto. La verdad también llegue a pensar en las posibles soluciones, y puede ser que todas me agradaban aunque algunas de ellas no fueran tan positivas. Pero vi esas fotos.

No puedo hacerlo, no soy esa clase de personas, no soy así. Nuevamente Juno tiene razón “lidiamos con cosas que van más allá de nuestro grado de madurez” o más bien, yo descubrí que sigo sin la valentía necesaria, y por supuesto que la peor o la mejor resolución no me llevará a nada. Sigo con el pensamiento de vivir a través de esas películas cosas que por muy intensas que sean, no quiero que me sucedan.

Lo mejor es olvidar las cosas que nos perjudican, al menos intentarlo. Y continuar con la vida.

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