viernes, 14 de octubre de 2011

Cuando pasa

Hoy sucedieron varias cosas, a decir verdad, la semana estuvo intensa, tanto que podría afirmar poder escribir una entrada por cada evento que aconteció esta semana. Eso sigue en planes y en acomodo de tiempos, a veces sucede que tengo un tema y pienso “lo tengo que escribir ahora” y se me olvida o deja de tener importancia o interés, y también el tiempo siempre es el enemigo de las actividades que deseamos realizar.

Hoy sucedió…

Salí del metro, miré alrededor, camine por calles que no había caminado si acaso desde hace 3 años, las observe, como hace tiempo no hacía. Sí claro, las había recorrido antes, no tantas veces, pero no había observado. Camine un poco, la avenida con los coches transitando. Hacía un poco de viento, me detuve cerca de un arbusto, arranque algunas hojas de él. Miraba hacía el frente y vi el metro pasar, en ese instante sonó esa canción, y una vez que avanzó el metro, quedó al descubierto, todo regresó:

Me levanté a las 5:30 am, es demasiado temprano levantarme a tal hora, tengo clase a las 7, ¿podría ser peor? Prendí un momento la televisión, repetían aquel programa estúpido que tanta gracia me causa. Lo bueno es bañarse en la noche, me quede como 10 minutos acostada hasta que mi cuerpo reaccionó y me levante. Tome rápidamente mi ropa y me cambié. El licuado estaba listo, pero primero entre al baño, me lave la cara, me cepille mi corto cabello. Tomé el licuado e inmediatamente me lave los dientes.

Salí a las 6:15 justo a tiempo para tomar el camión, salir a las 6:30 representaría un error y un retardo absurdo. Llegué a la escuela, como siempre estaba cerrada por llegar tan temprano, pero diez minutos más y esa avenida se pondría pesada. Esperé un poco fuera, y gente fue llegando. Abrieron la puerta, ese ridículo ritual de enseñar tu credencial y tira de materias siempre me fastidia.

Llegué a esa primera clase, la clase con Marce siempre era la onda. Estudiaría Comunicación sin duda alguna. Esperé un poco fuera del salón, aún era temprano. Y llegó, ahí estaba tan radiante Gaby como siempre, sonriéndome y recibiéndome con ese fuerte abrazo de todos los días, con esos fuertes, fuertes, me preguntó si algún día encontraré a alguien que abrace de esa forma, lo dudo muchísimo.

Las primeras clases pasaron rápido, entre risas, cortes de fleco mal logrados, algunos garabatos en el cuaderno, un poco de nerviosismo por ver a una persona, y el momento en que Gaby entrará a clases de su área y yo a las mías, pero no importaba, siempre estaba la jardinera para los reencuentros.

Claro, llegaron esos momentos de la jardinera, salí de clases me despedí de Ena. Luisa y yo, íbamos a la que nosotros mismos denominamos “Base Central”. Fátima llevaba su cámara de nuevo, Ana hacía sus pininos de directora, Chanclas y Wicho practicaban algunos trucos en la patineta, dentro de un momento quizá intentarían por segunda vez hacer una rasta en mi lacio cabello. Me acerqué a la jardinera y la música me daba la bienvenida, como me gusta que Gaby saque su celular y ponga música.

Después de reír hasta que la panza nos dolía, de hacer nuevamente el ritual de limpieza que impediría que Gaby fumara más de una cajetilla diaria, tal vez nos quedaríamos solas de nuevo Gaby y yo, mientras veíamos como todos se despedían. Cada grupito de la escuela se retiraba, no queríamos movernos.

Nos escondimos, nos metimos al edificio C, dijimos que entraríamos al baño, sino seguro nos correrían. Al salir ya casi estaba desierto, la seguridad en la escuela se había doblado desde que lanzaron comida de un lado a otro por todo el patio. Comenzamos nuestro pequeño ritual. Fuimos a las rejas, Gaby compró esa “maruchan” y yo mis “sabritas” adobadas con mucho chile, respectivamente nuestras dos “cocas” de lata, que más adelante serían abiertas con los dientes de Gaby, así como destapaba las cervezas.

Nos acostamos en las jardineras. Hablamos sobre lo complicado que era gustarle a un chico, lo difícil que era entenderlos. Ella me recordaba esa experiencia con Diego cuando le entregó ese disco con canciones “chidas”, yo le reprochaba haber escrito Diego en vez de Daniela en un dibujo. Hablamos del señor Tomus, del chico “in the morning”, de Lalo y su grupito, del “Sopas” y lo mal que nos caía; de que en el grupo de Erick estaba Manuel. De cómo prefería que me gustará Manuel aunque no me pelara, a que me gustara Antonio y ese día que Gaby intentó presentármelo no supe qué hacer.

Nos fuimos, ya era tarde. Como ya era mi costumbre tome el metro aunque no tuviera necesidad de hacerlo, ya que mi casa queda a 30 minutos de la escuela. Comimos helado en La Raza, quisimos sentarnos pero después del incidente de la cucaracha preferimos no hacerlo. Esperamos un poco, pensábamos que pasarían unos chicos guapos como aquél día que Gaby se pintó una S y se la puso en el pecho, mientras unos chicos guapos se acercaban y nos preguntaron algo que no entendimos porque seguíamos babeando.

Después del trasborde, fuimos a Indios Verdes, ahí si nos sentamos. Seguimos platicando y sacando conclusiones sobre esos personajes que nos gustaban, planeábamos cosas; planeábamos nuestra revista. Durante todo ese tiempo los discman de Gaby nos acompañaban, de vez en cuando cantábamos, pero hoy tocamos nuestros instrumentos imaginarios y tocamos Reptilia.

Ya era tarde, me despedí, aunque tardé varios minutos en despedirme. La abracé fuerte, fuerte. Gaby siempre me dice que abrazo como si no quisiera soltar nunca a las personas. La abracé así. Regresé a casa. Ya quiero que sea mañana para ir a la escuela.

Acabó esa canción, puede ser que no haya parpadeado en algunos segundos. Volvió a pasar un tren, los autos volvieron a pasar. Mire de un lado a otro, como buscando algo. Otra canción sonó, una de un grupo que conocí casi recientemente. Cuando miré de nuevo al frente y el tren del metro volvió a avanzar, vi las rejas, las rejas de la escuela. Sonreí y se me hizo un nudo en la garganta.

Cuando mi hermana llegó por mi entendí qué me había pasado en ese momento de ensimismamiento. En el asiento del copiloto, con mis sobrinos atrás y mi hermana tras el volante, lo entendí. Cantábamos “In the morning” a todo pulmón. Las cosas no son como antes, pero cuando llegan estos momentos, entiendo que hubo días que disfrute muchísimo, y me sigo preguntando ¿dónde quedó esa persona?

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