jueves, 20 de octubre de 2011

Buscar a personas

Antes de la experiencia del flashback hacia tiempos de bachillerato, estuve pensando en un tema que me inquieta hasta cierto punto, digo hasta cierto punto ya que mi problema con las personas no ha sido resuelto, pero he entendido muchas cosas. Relaciones, relaciones.

Después de terminar de escribir aquella entrada de flashback, me puse a pensar por qué Gaby y yo ya no nos buscábamos y una cosa llevo a la otra. Recordé que durante la semana pasada estuve buscando a mis amigas, pues estamos en salones distintos.

Creo que ya había contado esta anécdota, la repito para fines prácticos. Cuando entré a la universidad y no me quedaba tanto tiempo ahí, mis familiares me preguntaban si no tenía amigos ahí. Tenía compañeros, me llevaba bien con ellos, pero cuando entendí lo del sistema modular de la UAM no le vi sentido entablar amistad con personas que tomarían rumbos diferentes y a las cuales no volvería a ver.

Suena pesimista pero no puedes apegarte de esa forma a las personas, en mi experiencia sé que cuando se comparten gustos, afinidades, pensamientos y hasta sentimientos es complicado alejarte de las personas; pero al final lo haces. Porque nada puede durar para siempre, intacto.

Cuando al fin entre a la carrera, me di cuenta de una segunda cosa de importancia para entablar amistades: los trimestres son demasiado cortos y para ser honesta no creía que a las personas que había comenzado a hablarles esos tres meses continuarán hablándome. Para mi sorpresa fue algo distinto, e inevitablemente entable relaciones de amistad.

Una de mis tantas “preocupaciones” al iniciar el trimestre era dejar de ver a mis amigos, dejar de tener ese contacto tan cercano que se tiene con el simple hecho de quedarte más tiempo charlando en el pasto, con el simple hecho de verte todas las mañanas y sentarte uno al lado de otro. Sabía, a pesar de lo que dijeran que algo iba a cambiar y que en algún punto, dejaríamos de buscarnos.

Supongo que no se trata de ya no quererlos, o de incluso ya no tener afinidades con ellos. Cada persona tiene su momento, un día te identificas muchísimo con una persona al otro día no es así. Tampoco se trata de recolectar personas a ver con cuál te llevas mejor, todas tienen algo único que hizo acercarte, dicen que los amigos son la única familia que escoges. Siempre he pensando y pensaré que mis amigos yo no los elegí, ellos lo hicieron y lo agradezco.

Por qué dejamos de buscar a las personas que nos hacen sentir bien, a las que apreciamos demasiado, para mí aún sigue siendo un misterio. Puedo exagerar pero en la medida de lo posible he intentado no perder contacto con las personas que me interesan, llegó un momento en mi vida en que lo lleve al extremo. Me viene a la mente algo que me dijo un amigo cuando le platicaba sobre una relación extraña que viví… bueno vivo.

Él me decía que en las relaciones nada es equitativo “una persona siempre quiere más que otra”, me dijo, aplica para cualquier relación. Un día a las personas que yo buscaba desesperadamente dejaron de buscarme y comprendí cómo eran las cosas. Insisto, no significa que ya no te quieran, puede ser y sí lo he pensando para mí y para otras personas: quizá ya no era tan interesante como lo era antes, ya no gustan tanto de tu compañía como antes.

La cuestión del tiempo siempre es un impedimento, eso y las distancias son obstáculos que los intereses, el cariño, la necesidad, tal vez, puedan superar, y con esto no garantiza la búsqueda de las personas. Nadie es indispensable para nadie. Se los he dicho a mis amigos, suena fuerte pero es necesario aclararlo: uno siempre esta solo, eso es una verdad absoluta, yo no espero mucho de las personas, me creé demasiadas expectativas antes.

Si están ahí, bien, y si no, no intento tirarme al drama. Si gustan de tu compañía y necesitan verte lo harán, si no pues hay una razón de peso. No es como si un día dejas de buscarlo por flojera, o porque sí, a veces sucede. Dejar de hacer promesas estúpidas debe ser siempre la primer forma de demostrar el cariño en una amistad, eso y la honestidad.

Ese día que pensé tanto en Gaby, que escribí esa entrada, me arrepentí de no buscarla y de encontrar en el tiempo y la distancia excusas para no vernos. Cuando tenía 16 años Gaby y yo compartíamos tantas cosas, más cosas que con ninguna otra persona, puedo asegurar que si llego a ser agradable y simpática sólo es gracias a ella. Han pasado por lo menos 3 años de no vernos, no tengo la seguridad de seguir compartiendo todo eso, la verdad ni siquiera lo pienso, porque al día siguiente platique con ella y me dijo “he estado pensando mucho en ti”.

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