jueves, 27 de octubre de 2011

No sé leer


Abro el libro, encuentro un sinfín de letras, algunas veces símbolos, significados… significados. Me rehúso rotundamente a darle un significado a las cosas. He tenido ese rechazo desde mis clases de filosofía en el bachillerato. Me chocaba esa clase, me hacía pensar en mi existencia, aunque tal vez en esa época mi existencia no era tan complicada… existencia.

Una vez en esa clase, el profesor nos preguntó si creíamos que un suicida hacía un acto de valentía o un acto de cobardía, todos respondieron que de cobardía, para mis adentros conteste que era de valentía, el profesor pensó lo mismo. Deber ser muy valiente aquél que decida desprenderse de las cosas terrenales.

Ese mismo día, nos explico que en la vida de los seres humanos, llega un momento en la adolescencia en el cual el pensamiento suicida y los sentimientos depresivos eran naturales, por esa etapa, dijo, pasan todos, no hay algo especial. Lo odie. Como odio tener que interpretar y darle significado a cosas.

Sí, tal vez tenía razón, todos lo pasan. Los adolescentes son la cosa más patética del mundo. Pero después de la adolescencia y este desarrollo evolutivo a la edad adulta, es por mucho más patética que la adolescencia. Sin embargo, me molestó, le daba un significado coherente a mis sentimientos, a algo que no podía expresar. Qué fastidio que otra persona llegue y te diga “oye, bueno mira es normal, el sistema del ser humano está diseñado específicamente para que tú en determinado momento llegues a esta sensación… bla, bla, bla”.

He descubierto estas semanas que me falta demasiada motivación para hacer las cosas. Y maldito sentido de pertenencia a veces es muy necesario. Todos los sentimientos con explicación me han llegado: esa añoranza de pertenencia; la añoranza al pasado; melancolía; tristeza, euforia, enojo, abandono, y llegue a la conclusión de que de nuevo odio a la gente. Es tan innecesariamente necesaria en nuestras vidas.

Todo eso me ha llevado el estado de desmotivación, por lo tanto leo algo, lo leo, y bueno esa práctica es “sencilla” la aprendes sin “h” en la primaria, quizá antes. Pero no estoy leyendo, me es tan extraño y me hace sentir tan idiota. Pero pasa, eso pensaran muchos expertos. No veo lo que los demás ven, dice Travis que eso sería bueno “quiero ver lo que la gente ve” para comprender.

Necesito ayuda, alguien que me enseñe cómo leer y también como escribir… Esas son las cosas que puedes hacer por mi.

lunes, 24 de octubre de 2011

Untitled


“¿Qué significado tenía el que alguien apareciese en la existencia si lo esencial era lo contrario, el desaparecer, cuando con ello se renueva la condición fatal del hombre?”- José Revueltas

“La existencia, bien ¿qué importa? Existo lo mejor que puedo. El pasado ahora forma parte de mi futuro, el presente está fuera de control”- Ian Curtis

Debería estar haciendo mis obligaciones escolares en vez de escribir una nueva entrada al blog. Empiezo a preocuparme un poco por esto, escribir se ha vuelto una necesidad para mí, poco me importa si lo que escribo es una basura o poco más que eso, debería de importarme ¿será que sólo incito a colgar más basura en la red?

Hoy terminé de leer un libro, justamente con motivo escolar. El libro en cuestión se titula “El luto humano” de José Revueltas y un extracto de él, es el que esta como epígrafe al principio de esta entrada. Al principio no me gustó y lo llegué a odiar, me molestaba demasiado leerlo; la semana pasada fue una semana horrible para mí, tener que leerlo representaba un martirio y cada vez que lo leía quería pegarme un tiro.

Hace mucho que no me costaba tanto leer un libro, ni siquiera aquellos tres anteriores a este resultaron un fastidio. Hoy terminé de leerlo y para mí sorpresa, el final, el final me encantó y me hizo pensar en un sinfín de cosas. Estar repleta de metáforas, analogías y pasajes bíblicos era un problema para mí, al final todo cobro sentido. Irónicamente eso que le dio sentido fue mi semana “emo”.

Independientemente de dejar ese sabor amargo en la boca y pensar “rayos, somos una sociedad esclavizada de principio a fin, somos un pueblo que vive y muere por su tierra a través de quienes nos manipulan con sus intereses”. Su visión sobre la muerte es exquisita; triste, deprimente, pero exquisita. Ese sentimiento no se agoto, al concluirlo quise suicidarme enseguida.

Acerca de esa cita que dejo a mi cabeza más dañada de lo que ya esta, y me sirvió porque hoy tenía ese sentimiento de “odio a la gente, nadie se me acerque”, suena mal, a veces uno tiene esas rachas donde no quieres saber nada y para evitar problemas te alejas un poquito de las personas. Esa cita, me remitió inmediatamente a la dicha por el personaje Ian Curtis, sí, como personaje, en la película de Control.

¿Qué aprendí? A no tener pre juicios respecto a los libros, más que semana de depresión, esta semana es un poco de fastidio. Pienso que la rutina nos mata lentamente, cuando eso nuevo que te había sacado de tu rutina comienza a serlo también, hay problemas. Al final todos morimos en algún momento de nuestras vidas o quizá ya lo estamos y sólo somos zombis…

Deberíamos tener libre albedrío para todo, sin que nada interfiriera, ni las leyes, ni los gobiernos, ni las naciones, ni los pueblos, ni la sociedad, ni la familia, ni los amigos, ni las emociones, ni sentimientos... me perturbo el libro.

Era importante para mí escribirlo, ahora a hacerlo académicamente.

jueves, 20 de octubre de 2011

Buscar a personas

Antes de la experiencia del flashback hacia tiempos de bachillerato, estuve pensando en un tema que me inquieta hasta cierto punto, digo hasta cierto punto ya que mi problema con las personas no ha sido resuelto, pero he entendido muchas cosas. Relaciones, relaciones.

Después de terminar de escribir aquella entrada de flashback, me puse a pensar por qué Gaby y yo ya no nos buscábamos y una cosa llevo a la otra. Recordé que durante la semana pasada estuve buscando a mis amigas, pues estamos en salones distintos.

Creo que ya había contado esta anécdota, la repito para fines prácticos. Cuando entré a la universidad y no me quedaba tanto tiempo ahí, mis familiares me preguntaban si no tenía amigos ahí. Tenía compañeros, me llevaba bien con ellos, pero cuando entendí lo del sistema modular de la UAM no le vi sentido entablar amistad con personas que tomarían rumbos diferentes y a las cuales no volvería a ver.

Suena pesimista pero no puedes apegarte de esa forma a las personas, en mi experiencia sé que cuando se comparten gustos, afinidades, pensamientos y hasta sentimientos es complicado alejarte de las personas; pero al final lo haces. Porque nada puede durar para siempre, intacto.

Cuando al fin entre a la carrera, me di cuenta de una segunda cosa de importancia para entablar amistades: los trimestres son demasiado cortos y para ser honesta no creía que a las personas que había comenzado a hablarles esos tres meses continuarán hablándome. Para mi sorpresa fue algo distinto, e inevitablemente entable relaciones de amistad.

Una de mis tantas “preocupaciones” al iniciar el trimestre era dejar de ver a mis amigos, dejar de tener ese contacto tan cercano que se tiene con el simple hecho de quedarte más tiempo charlando en el pasto, con el simple hecho de verte todas las mañanas y sentarte uno al lado de otro. Sabía, a pesar de lo que dijeran que algo iba a cambiar y que en algún punto, dejaríamos de buscarnos.

Supongo que no se trata de ya no quererlos, o de incluso ya no tener afinidades con ellos. Cada persona tiene su momento, un día te identificas muchísimo con una persona al otro día no es así. Tampoco se trata de recolectar personas a ver con cuál te llevas mejor, todas tienen algo único que hizo acercarte, dicen que los amigos son la única familia que escoges. Siempre he pensando y pensaré que mis amigos yo no los elegí, ellos lo hicieron y lo agradezco.

Por qué dejamos de buscar a las personas que nos hacen sentir bien, a las que apreciamos demasiado, para mí aún sigue siendo un misterio. Puedo exagerar pero en la medida de lo posible he intentado no perder contacto con las personas que me interesan, llegó un momento en mi vida en que lo lleve al extremo. Me viene a la mente algo que me dijo un amigo cuando le platicaba sobre una relación extraña que viví… bueno vivo.

Él me decía que en las relaciones nada es equitativo “una persona siempre quiere más que otra”, me dijo, aplica para cualquier relación. Un día a las personas que yo buscaba desesperadamente dejaron de buscarme y comprendí cómo eran las cosas. Insisto, no significa que ya no te quieran, puede ser y sí lo he pensando para mí y para otras personas: quizá ya no era tan interesante como lo era antes, ya no gustan tanto de tu compañía como antes.

La cuestión del tiempo siempre es un impedimento, eso y las distancias son obstáculos que los intereses, el cariño, la necesidad, tal vez, puedan superar, y con esto no garantiza la búsqueda de las personas. Nadie es indispensable para nadie. Se los he dicho a mis amigos, suena fuerte pero es necesario aclararlo: uno siempre esta solo, eso es una verdad absoluta, yo no espero mucho de las personas, me creé demasiadas expectativas antes.

Si están ahí, bien, y si no, no intento tirarme al drama. Si gustan de tu compañía y necesitan verte lo harán, si no pues hay una razón de peso. No es como si un día dejas de buscarlo por flojera, o porque sí, a veces sucede. Dejar de hacer promesas estúpidas debe ser siempre la primer forma de demostrar el cariño en una amistad, eso y la honestidad.

Ese día que pensé tanto en Gaby, que escribí esa entrada, me arrepentí de no buscarla y de encontrar en el tiempo y la distancia excusas para no vernos. Cuando tenía 16 años Gaby y yo compartíamos tantas cosas, más cosas que con ninguna otra persona, puedo asegurar que si llego a ser agradable y simpática sólo es gracias a ella. Han pasado por lo menos 3 años de no vernos, no tengo la seguridad de seguir compartiendo todo eso, la verdad ni siquiera lo pienso, porque al día siguiente platique con ella y me dijo “he estado pensando mucho en ti”.

domingo, 16 de octubre de 2011

Festival Corona Capital Vol. 2


De nuevo asistí al Corona Capital este año. El cartel fue más interesante que el año pasado. El año pasado hubo bandas pequeñas (de esas que se presentan por la tarde) buenas, algunas no todas. Pero este año las bandas estelares eran imperdibles.

Tengo que confesar dos cosas que quizá desmeriten el trabajo escrito que hago en este momento: la primera es que llegué tardísimo al evento, no vi ninguna banda del inicio, pero tampoco me molestó tanto eso; la segunda es que no vi a Portishead. Explicó la experiencia.

Uno sabe que ya esta viejo cuando le deja de interesar meterse en el bullicio del principio con la gente; cuando uno llega tarde y va a comer algo o a tomar algo en vez de visitar algún escenario; cuando llega a ver a los amigos y se sienta en el pasto a platicar un rato con ellos. En ese momento pensé “ya estoy en otra etapa con esto de los conciertos”.

Nuevamente vendieron muchísimos boletos, el lugar estaba a reventar. Me sorprendieron varias cosas, los hipsters ya no entran en las cosas que sorprenden; me sorprendió que dejaran entrar con mochilas enormes, con sombrillas y que ahora abundaron los adultos contemporáneos y la chaviza, dos generaciones reunidas, dicen.

Bien, después de relajarme, mientras la gente entraba cuál hordas de zombis y las bandas desconocidas para mí tocaban en algún lugar. A las cinco y media decidí ver a Santigold. Al separarme de mis amigos no volví a encontrarlos, por lo que vi a Santigold solita, pero no me molestó. Qué mujer es, muy al estilo M.I.A. distintas y parecidas a la vez. Me encantan esas mujeres que traen músicos buenos, Santigold se veía radiante, con todo el estilo y lo mejor fueron sus bailarinas, con una energía bárbara.

Después de vagar un rato sola y decidir internamente si veía a los Editors o me movía a The Rapture. Ya había tenido ese conflicto con Moby, y decidí rotundamente ver a The Rapture. Por cierto he de mencionar, que necesitan organizar nuevamente este tipo de eventos. Hubo tres escenarios el año pasado, sólo uno estaba retirado, al cual ni me paré porque no tenía ni caso. Este año los dos escenarios principales estaban infinitamente lejos, lo que significó chocar con gente todo el tiempo desesperada por llegar a ver otra banda.

Dieron las siete y media, lista para escuchar a The Rapture. No podía perdérmelos, lo supe desde el viernes con mi flashback del bachillerato, supe que tenía que escucharlos en vivo. Empezaron con el pie izquierdo, cosas como el audio siempre fallan, tocaron el principio de Pieces of the people we love dos veces, la tercera fue la vencida y todos nos movíamos al ritmo de The Rapture. Desde que los he escuchado me parecieron de esas bandas con ese impulso de energía necesaria para saltar, bailar y gritar, la verdad no me equivoque.

Estando tan prendidos en The Rapture, no quisimos movernos, aunque en el otro escenario se encontraba Portishead haciendo lo suyo. Cuando nos movimos para intentar ver a Portishead, había toda esa gente que había pagado su boleto por ese único momento surrealista.

El año pasado sucedió lo mismo, traen a una serie de bandas, que sólo le gusta a un número exclusivo y casi reducido de gente, que sí, debo admitir no son lo bastante buenas como para calificar a tal festival como uno que valga la pena en serio, no, no es un Glastonbury, ni un Coachella, ni un Reading, ni un Lollapalooza, ni siquiera se le acerca en un 2%.

Pero, traen a una bandota, y así a una bandota, que también, no le gusta a un grueso de la población, una bandota exclusiva diría yo, de esas importantes, que son hito en la música pero que sólo personas con “gusto refinado” podrían conocer y gustar de ellas. Lo digo porque todo el mundo se quejo amargamente de que los Strokes fueran headliners este año, y el año pasado la gente se quejó porque el festival era una porquería y por lo único que valía la pena ir era por los Pixies.

Portishead es una bandota, era un privilegio en serio poder estar escuchando sus canciones en vivo, aún así no me sentía tan emocionada. Eso sí, escucharlos de verdad es un asunto surrealista, era como estar en otro lugar y en otra dimensión. Son bastante buenos, sobra decirlo, y sólo los escuché pues había tanta gente, especímenes, chaviza, adulto contemporáneo, borrachos y hipsters que decidimos adelantarnos al otro escenario.

Luego siguieron los Strokes, también voy a ser honesta, no soy muy fan de los Strokes, de hecho me molesta un poco que hayan regresado (me refiero musicalmente) de es forma algo mediocre. Pero con ese tipo de bandas, siempre hay una añoranza al pasado.

Había escuchado en infinidad de ocasiones que los Strokes no eran una banda buena en vivo, que Julian Casablancas cantaba horrible en vivo, no sólo porque era desafinado, sino porque salía al escenario borracho y drogado, no dudo que haya salido así ayer, pero no fue tan mal. No son lo mejor de lo mejor, pero saben lo que hacen, son hasta cierto punto buenos músicos y la verdad prendieron un buen a la gente que en realidad si estaba contenta de verlos otra vez.

Y así pasó, entre tanta gente, entre montones y montones de cerveza, entre escenas raras e inverosímiles, entre ruido de bocinas, entre vendedores de comida, refrescos, helados y cerveza. Pasó otro año del Corona Capital.

Lo más odiado: los escenarios tan alejados, lo alejado que estaba el evento del metro, fue maratónico; los precios tan altos de la comida y bebidas; la gente borracha mala copa; los baños son espantosos y sobre todo la maldita mala señal, cuando llegué a casa me llegaron como cinco mensajes al mismo tiempo. Los organizadores deberían considerar otro lugar.

Lo mejor: House of jealous lovers, Whoo alright yeah uh huh con The Rapture, puro baile y ¡qué buenos son!; la mini cena en el bosque tenebroso con Sara escuchando Glory Box a lo lejos; el mini pic nic con mis amigos, risas no faltaron y volver a tocar mi guitarra imaginaria en Reptilia, recordar a Gaby.

Me gustó más que el año pasado.

viernes, 14 de octubre de 2011

Cuando pasa

Hoy sucedieron varias cosas, a decir verdad, la semana estuvo intensa, tanto que podría afirmar poder escribir una entrada por cada evento que aconteció esta semana. Eso sigue en planes y en acomodo de tiempos, a veces sucede que tengo un tema y pienso “lo tengo que escribir ahora” y se me olvida o deja de tener importancia o interés, y también el tiempo siempre es el enemigo de las actividades que deseamos realizar.

Hoy sucedió…

Salí del metro, miré alrededor, camine por calles que no había caminado si acaso desde hace 3 años, las observe, como hace tiempo no hacía. Sí claro, las había recorrido antes, no tantas veces, pero no había observado. Camine un poco, la avenida con los coches transitando. Hacía un poco de viento, me detuve cerca de un arbusto, arranque algunas hojas de él. Miraba hacía el frente y vi el metro pasar, en ese instante sonó esa canción, y una vez que avanzó el metro, quedó al descubierto, todo regresó:

Me levanté a las 5:30 am, es demasiado temprano levantarme a tal hora, tengo clase a las 7, ¿podría ser peor? Prendí un momento la televisión, repetían aquel programa estúpido que tanta gracia me causa. Lo bueno es bañarse en la noche, me quede como 10 minutos acostada hasta que mi cuerpo reaccionó y me levante. Tome rápidamente mi ropa y me cambié. El licuado estaba listo, pero primero entre al baño, me lave la cara, me cepille mi corto cabello. Tomé el licuado e inmediatamente me lave los dientes.

Salí a las 6:15 justo a tiempo para tomar el camión, salir a las 6:30 representaría un error y un retardo absurdo. Llegué a la escuela, como siempre estaba cerrada por llegar tan temprano, pero diez minutos más y esa avenida se pondría pesada. Esperé un poco fuera, y gente fue llegando. Abrieron la puerta, ese ridículo ritual de enseñar tu credencial y tira de materias siempre me fastidia.

Llegué a esa primera clase, la clase con Marce siempre era la onda. Estudiaría Comunicación sin duda alguna. Esperé un poco fuera del salón, aún era temprano. Y llegó, ahí estaba tan radiante Gaby como siempre, sonriéndome y recibiéndome con ese fuerte abrazo de todos los días, con esos fuertes, fuertes, me preguntó si algún día encontraré a alguien que abrace de esa forma, lo dudo muchísimo.

Las primeras clases pasaron rápido, entre risas, cortes de fleco mal logrados, algunos garabatos en el cuaderno, un poco de nerviosismo por ver a una persona, y el momento en que Gaby entrará a clases de su área y yo a las mías, pero no importaba, siempre estaba la jardinera para los reencuentros.

Claro, llegaron esos momentos de la jardinera, salí de clases me despedí de Ena. Luisa y yo, íbamos a la que nosotros mismos denominamos “Base Central”. Fátima llevaba su cámara de nuevo, Ana hacía sus pininos de directora, Chanclas y Wicho practicaban algunos trucos en la patineta, dentro de un momento quizá intentarían por segunda vez hacer una rasta en mi lacio cabello. Me acerqué a la jardinera y la música me daba la bienvenida, como me gusta que Gaby saque su celular y ponga música.

Después de reír hasta que la panza nos dolía, de hacer nuevamente el ritual de limpieza que impediría que Gaby fumara más de una cajetilla diaria, tal vez nos quedaríamos solas de nuevo Gaby y yo, mientras veíamos como todos se despedían. Cada grupito de la escuela se retiraba, no queríamos movernos.

Nos escondimos, nos metimos al edificio C, dijimos que entraríamos al baño, sino seguro nos correrían. Al salir ya casi estaba desierto, la seguridad en la escuela se había doblado desde que lanzaron comida de un lado a otro por todo el patio. Comenzamos nuestro pequeño ritual. Fuimos a las rejas, Gaby compró esa “maruchan” y yo mis “sabritas” adobadas con mucho chile, respectivamente nuestras dos “cocas” de lata, que más adelante serían abiertas con los dientes de Gaby, así como destapaba las cervezas.

Nos acostamos en las jardineras. Hablamos sobre lo complicado que era gustarle a un chico, lo difícil que era entenderlos. Ella me recordaba esa experiencia con Diego cuando le entregó ese disco con canciones “chidas”, yo le reprochaba haber escrito Diego en vez de Daniela en un dibujo. Hablamos del señor Tomus, del chico “in the morning”, de Lalo y su grupito, del “Sopas” y lo mal que nos caía; de que en el grupo de Erick estaba Manuel. De cómo prefería que me gustará Manuel aunque no me pelara, a que me gustara Antonio y ese día que Gaby intentó presentármelo no supe qué hacer.

Nos fuimos, ya era tarde. Como ya era mi costumbre tome el metro aunque no tuviera necesidad de hacerlo, ya que mi casa queda a 30 minutos de la escuela. Comimos helado en La Raza, quisimos sentarnos pero después del incidente de la cucaracha preferimos no hacerlo. Esperamos un poco, pensábamos que pasarían unos chicos guapos como aquél día que Gaby se pintó una S y se la puso en el pecho, mientras unos chicos guapos se acercaban y nos preguntaron algo que no entendimos porque seguíamos babeando.

Después del trasborde, fuimos a Indios Verdes, ahí si nos sentamos. Seguimos platicando y sacando conclusiones sobre esos personajes que nos gustaban, planeábamos cosas; planeábamos nuestra revista. Durante todo ese tiempo los discman de Gaby nos acompañaban, de vez en cuando cantábamos, pero hoy tocamos nuestros instrumentos imaginarios y tocamos Reptilia.

Ya era tarde, me despedí, aunque tardé varios minutos en despedirme. La abracé fuerte, fuerte. Gaby siempre me dice que abrazo como si no quisiera soltar nunca a las personas. La abracé así. Regresé a casa. Ya quiero que sea mañana para ir a la escuela.

Acabó esa canción, puede ser que no haya parpadeado en algunos segundos. Volvió a pasar un tren, los autos volvieron a pasar. Mire de un lado a otro, como buscando algo. Otra canción sonó, una de un grupo que conocí casi recientemente. Cuando miré de nuevo al frente y el tren del metro volvió a avanzar, vi las rejas, las rejas de la escuela. Sonreí y se me hizo un nudo en la garganta.

Cuando mi hermana llegó por mi entendí qué me había pasado en ese momento de ensimismamiento. En el asiento del copiloto, con mis sobrinos atrás y mi hermana tras el volante, lo entendí. Cantábamos “In the morning” a todo pulmón. Las cosas no son como antes, pero cuando llegan estos momentos, entiendo que hubo días que disfrute muchísimo, y me sigo preguntando ¿dónde quedó esa persona?

domingo, 9 de octubre de 2011

Días lluviosos


No es la primera vez que lo digo, tampoco será la última: me encantan los días lluviosos. Incluso enferma como estoy ahora, escuchar el sonido de la lluvia es reconfortante; incluso si fue ese cambio de clima el que me hizo enfermarme; incluso si es por mojarme en la lluvia, aún con esas cosas el sonido de las gotas golpeando en los cristales, los cristales empañados, el frío del ambiente, eso me reconforta de algún modo extraño y triste.

Hoy vi una película que se llama Blue Valentine, había visto poco más de la mitad hace tiempo y hoy por fin la vi completa, no porque tuviera tiempo, sino porque mis actividades escolares no son primordiales cuando estoy enferma, qué otra cosa podría enfermarte más si no es la tarea.

Me gustan ese tipo de películas por alguna extraña razón, por qué digo “ese tipo” de películas. Son como 500 días con ella, o como Atrévete a amar, o quizá como el Eterno Resplandor de una Mente sin Recuerdos. Esas que retratan perfectamente en forma de drama o de comedia, quizá ambas, las relaciones interpersonales, las parejas.

He llegado a pensar que es bastante ridículo que me gusten esas películas, jamás he pasado por una situación similar en mi corta o larga vida, como lo quieran ver. Mi consciente o inconsciente, honestamente no sé cuál, piensa que debo vivirlo a través de estas películas para no sufrirlo en carne propia, patético, el cine no refleja la realidad, al menos no en su totalidad. Supongo que me ayuda como catarsis, pero de qué.

Últimamente que ha habido días lluviosos, pero sobre todo han llegado cosas a la mente, que antes no pensaba o dejaba en último término porque había problemas más inmediatos, pienso aún más y trato de llegar a resoluciones optimas; pero no tengo idea de qué o cuál es una resolución óptima.

El viernes pasó algo extraño, vi algunas fotos. Había tomado una decisión respecto a un problema que tengo, estaba realmente decidida, incluso la opinión de varias personas a mi alrededor era positiva acerca de mi decisión. Me sentía más valiente de lo que podía imaginar, más honesta conmigo misma y con los demás, casi encontraba las palabras para expresarlo, el momento, la circunstancia, todo estaba puesto. La verdad también llegue a pensar en las posibles soluciones, y puede ser que todas me agradaban aunque algunas de ellas no fueran tan positivas. Pero vi esas fotos.

No puedo hacerlo, no soy esa clase de personas, no soy así. Nuevamente Juno tiene razón “lidiamos con cosas que van más allá de nuestro grado de madurez” o más bien, yo descubrí que sigo sin la valentía necesaria, y por supuesto que la peor o la mejor resolución no me llevará a nada. Sigo con el pensamiento de vivir a través de esas películas cosas que por muy intensas que sean, no quiero que me sucedan.

Lo mejor es olvidar las cosas que nos perjudican, al menos intentarlo. Y continuar con la vida.