jueves, 8 de septiembre de 2011

Recuerdos


¿Cuál es la reacción más adecuada al ver a una persona que no has visto hace tiempo? Quizá no haya un estándar de reacción o palabras, frases, gestos por hacer. Simplemente es inevitable no traer recuerdos, experiencias, situaciones, recuerdos, recuerdos.

Alguna vez mencioné en este espacio que hubo una etapa feliz en mi vida, era más que nada de satisfacción, de diversión, todo era tan sencillo, las sonrisas y las risas eran espontaneas, sin falsedades ni complicaciones. Todo era muy fácil.

Ayer vi a personas a las cuales no veía si acaso desde hace cuatro años, verlas fue revivir aquellos momentos, tener diecisiete años de nuevo. Estoy consciente de que mi edad a menudo no reflejaba mis actitudes, siempre fui una anciana. En el bachillerato eso cambio de algún modo. Las personas que conocí en esa época me hicieron vivir mis dieciséis, diecisiete años conforme a esa edad únicamente.

No culpo a nadie de mi amargura. El tiempo, la distancia entre esas fechas recordadas era una forma de distancia. Pasa el tiempo, conoces otras personas, cambias, creces, te golpean, te hacen sentir alegre. Vida.

Al ver algunos rostros ayer, no sé si decir que eran los mismos, o en algún modo reíamos igual que hace cuatro años, recordando aquella caída, aquél ritual, las patinetas, los pantalones de tubo, los cortes de cabello, la suerte de unos, los profesores y las calificaciones. Hubo una conversación con uno de esos viejos amigos, le dije algo así como “descubrirás lo diferente que soy ahora, puede asustarte” y él me contesto “no cambiamos, siempre somos los mismos”. No lo sé.

Por lo pronto no dejaré de recordar tantas cosas: la comida sin una pizca de nutrición afuera de la escuela; las tortas de milanesa con salsa; las sopas instantáneas con mucho limón y chile; las papas con chile; las rejas que nos separaban de esa comida nada nutritiva; los bailes ska de amigos; las jardineras llenas de mochilas empolvadas; los bichos alrededor de nosotros; las patinetas de un lado a otro; amigos fumando para hacer un ritual azteca; lamer las bolsas de papas; suplicar al policía por dejarnos entrar al edificio para ir al baño; los discman compartidos; mojarnos bajo la lluvia y jugar con los charcos; el olor a mota de entre los arbustos; los concursos de cigarros; las tareas hechas al último minuto; las criticas a las distintas tribus urbanas; el hombre vende cigarros y acosador; la sonrisa de cada uno de ellos; los que creíamos nuestros problemas; la amistad; las carcajadas, las risas, los silencios, el aire… nosotros.

Nunca fui más feliz que en ese tiempo. Al ver hacia atrás, era sencillo, y casi no nos vemos porque somos tan diferentes que en ese tiempo nos teníamos que encontrar para ayudarnos. Al menos eso quiero pensar.

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