viernes, 9 de septiembre de 2011

Columpio


El lunes por la noche me subí a un columpio. Hace como más de un año que no lo hacía, es decir, subirme y mecerme, tal vez sentarme en uno tiene menos, pero columpiarme tenía bastante tiempo que no lo hacía.

Ese día me columpie lo más fuerte que pude, sentí aquella fuerza en las piernas, el ir y venir, lo alto y lo bajo, el aire frío chocando contra mi cara. Subí la velocidad, sentí como cuando corres frenéticamente hacia ningún lugar. Al subir me movía hacia delante y al descender cerraba los ojos fuertemente y entonces, un revoltijo en mi estómago llegaba. Una emoción.

Un cúmulo de emociones de pronto llegan un día, todos los días, todos los meses y los años. Y entonces recordé cómo me sentía en el columpio. La vida es un columpio para mi, te columpias fuerte un día, subes y luego, de pronto dejas de mover los pies, tocan el piso y los arrastras.

Un día todo es claro, tiene solución, sonríes y no importa mucho de qué forma sabes que de alguno modo las cosas van a estar bien. Otro día no hay certeza de nada, es complicado y sabes que sí, de algún modo todo estará bien pero no sabes hasta cuándo, o si lo soportarás.

Luego asocié ese revoltijo en el estómago con todas las emociones dentro de la vida, las vividas, las reconocidas, las no reconocidas, las extrañas y las apáticas pero siempre presentes, todas encerradas en ese nudo, en esas cosquillas, en ese malestar en el estómago.

Cuando te columpias tan fuerte y con tanta emoción llega el momento en el que te cansas pero esperas que no llegue a detenerse nunca el columpio, aunque invariablemente lo hará y te encuentras tan cansado que tus piernas no responden, mientras el viento sopla fuerte, en un momento lo disfrutas, lo desafías y puedes contra él, cansado, simplemente te asusta, te congela y eres débil, hasta que decides volver a mover tus pies. Así es un poco la vida.

A veces he llegado a pensar que no pertenezco. A dónde… no sé, siento que no pertenezco a ningún lado, en ningún momento y a nadie. Escuché en una ridícula película, cursi, tonta y mi placer “culposo”, una frase, decía “La muerte es apacible, fácil… la vida es más difícil”. ¿Será verdad? Espero seguir columpiándome.

1 comentario:

  1. Primera entrada que leo de tu blog y me gustó muchísimo, una reflexión con la cual creo que todo mundo podemos identificarnos. Dios te bendiga tocaya, ya extraño la universidad.

    Daniel (Dany Congeladas) jaja

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