domingo, 28 de agosto de 2011

Lecturas pasajeras


Últimamente me había costado mucho trabajo tomar un libro y comenzarlo a leer. En las pasadas vacaciones vergonzosamente no tome ningún libro a pesar de tener una variedad considerable de libros por leer. Cuando entré a la escuela me costó aún más trabajo, principalmente por el corto tiempo que me dejaba la escuela para leer algo fuera del ámbito académico y la segunda fue que para ser sincera, tenía dos opciones: leer en el camino a la escuela o dormir. Conforme fueron pasando las semanas, dormir era la única opción para mí.

Me había asustado pues todos mis intentos por comenzar un libro habían fracasado, pensaba muy a mi pesar si era el fin de mi placer por la lectura, aunque eso iba a ser ridículo, si quería seguir escribiendo, de menos aquí, necesitaba la lectura, pero me frustraba no poder hacerlo como antes.

Cuando descubrí el placer de la lectura me encontraba en la secundaria, debo confesar que en la primaria no leía libros, si acaso el prólogo de algún libro olvidado por mi madre, de ahí en fuera nada más. Cuando entré a segundo de secundaria con aquél maestro de español que tanto odie, comencé a descubrir que en las letras había algo más que fascinante.

Eso de ser una auténtica flojita me ayudó hasta cierto punto, dejaba todo al último, sobre todo la acción de leer, nos dejaba un mes para leer un libro y yo lo comenzaba una semana antes de entregar el reporte, eso me hizo una lectora rápida pero, no de esas lecturas superficiales, ese tipo de lecturas llegaban con textos científicos y teóricos, jamás con las novelas. Así fue que leí Orestes de Eurípides en una semana.

Fui devorando los libros, sobre todo los de elección propia. Pero ahora no sé qué me pasa y tardo años en pasar de un capítulo a otro. Había descubierto mi gusto por la lectura nocturna, pero ahora ni esas sesiones de lectura me sirven, acabo dormida, una verdadera vergüenza.

Estaba triste y desesperanzada hasta que… descubrí el nuevo sitio donde puedo devorar un libro: el transporte público. Es de lo más bizarro, hay tanta gente, ruido, es, en muchas ocasiones incómodo, pero esta semana avance muchos capítulos del libro en turno, en el transporte y causa un efecto parecido al reproductor mp3 y los audífonos, me desconecta del resto de las personas.

Lo único malo es que, uso el transporte público sólo para ir y regresar de un lugar, obviamente, y si intento leer en casa me resulta complicado. He estado pensando, ayer lo pensé seriamente en irme al metro sentarme y recorrer unas cuatro veces la misma línea para seguir avanzando en mi lectura. ¿Será muy demente?

Quizá necesite encontrar otro espacio para la lectura, comenzaré mi búsqueda a partir de la próxima semana, no quiero quedarme los fines de semana sin leer.

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