domingo, 14 de agosto de 2011

El problema cuando se pone el sol


La semana ha pasado algo extraña. Tengo cierta añoranza a varias cosas que no sé ni cuál es la principal o la que me tiene más melancólica. Cuando las cosas cambian es inevitable sentir cierta melancolía y nostalgia. Eso me ha pasado esta semana a pesar de las cosas casi inverosímiles antes contadas en este espacio.

Vi dos películas que iluminaron mis pensamientos de algún modo y que por otra parte, en la forma más llana y simple están altamente recomendadas por mi.

Las cosas simples de la vida se pierden entre tanta espectacularidad del planeta, todo es tan prefabricado, tan espectacularizado y a la vez tan banal; que ahora las pequeñas cosas no importan. Cuando uno se encuentra solo, a menudo hacemos menos este acto, nos aburrimos con facilidad porque así como es difícil convivir con los otros, es más difícil convivir con uno mismo. Al tratarse de dos personas cuyos lazos son tan apegados, la cosa cambia ¿cómo ver tal relación?

Sofía Coppola es una experta en este rubro, lo vi en Lost in translation. Como directora debo decir que es casi imperceptible a primer vistazo un sello característico de la Coppola. Pero después de ver sus películas, más aún las que ella escribe, es inevitable ver la forma en que es imprescindible de los actos solitarios, del encuentro con uno mismo, para encontrarse con el otro y acabar con uno mismo.

Somewhere trata de algo… “simple”, lo digo por la espectacularidad que decía antes, no, no es un tipo que entra en el sueño de otro tipo para robarle una idea y no sé qué otra cosa jalada de los pelos. Las historias de Sofía Coppola son tan cotidianas como tomar un vaso de leche por las mañanas.

Un joven actor con su vida desenfrenada y un tanto irresponsable se reencuentra con su hija. Muy significativo de forma personal. Debo mencionar que ese tipo de relaciones humanas son más complicadas. Y expresar sin mucho diálogo este tipo de relación, me parece una forma bella y nada pretenciosa de plasmarlo. Hay una secuencia hermosa entre padre e hija dentro de una piscina, que no pueden perderse.

Por otro lado, tenemos otro conflicto, bueno, a decir verdad varios. Cuando uno es muy joven y me refiero, a MUY joven, no nos damos cuenta de cuánto nos afectan las cosas a nuestro alrededor. Las sentimos, es inevitable, en esa etapa pre adolescencia, adolescencia y post adolescencia somos más viscerales, o eso dirían algunos psicólogos o empedernidos por el asunto psicológico.

Cuando comienza la etapa adulta y durante la edad adulta comenzamos a darnos cuenta que aquello que más nos afecta proviene de esa edad joven, de los conflictos, traumas y situaciones en la adolescencia. Insisto en mi pensamiento de, que a pesar de encontrarse en la educación secundaria, es cuando uno comienza a ser un poquito más observador e innegablemente a diferenciarse de los demás.

Submarine trata de eso en el estilo único del humor inglés y de un toque especial por parte del director Richard Ayoade. Además del tema de la relación humana: padres e hijos, trata el tema de los amores adolescentes, qué tan pasajero es un amor de juventud, qué tan marcados nos puede dejar y la pregunta que constantemente me hago al ver a una pareja de adolescentes ¿se vale enamorarse a dicha edad?

En número dos de las relaciones humanas más complicadas después de padres e hijos, pondría relaciones de pareja. Insisto cuando uno es tan joven no se percata de qué tanto daño nos hace las situaciones y sobre todo las personas a nuestra vida. Imagino que cuando uno conoce a una persona, se enamora y mantiene una relación tan joven quedan secuelas que generan inseguridades reflejadas en nuestras relaciones actuales.

Cuando una chavita, de esas que escasean y agradezco que a su edad tenga esa capacidad de discernir, puso el tráiler de la película en Facebook, puso algo muy interesante, algo así como “esto le pasa a la gente que se enamora”. Hablar del amor en esos términos me resulta por demás complicado, temo banalizarlo o darle demasiada importancia, ser cursi o demasiado pesimista, pero imagino que tendrá razón esa chavita. Enamorarse es algo complicado, sobre todo porque se pierde el equilibrio, diría un muy buen amigo mío “alguien siempre da más que el otro”.

Tal vez sea buena idea lo que Oliver Tate les decía a sus padres en su depresión ante la ruptura “me va a importar cuando tenga 38”, deseo que pueda ser de esa forma. Mientras tanto vean las películas.

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