lunes, 15 de agosto de 2011

Cuando seas grande


Cuántas veces nos hicimos esa pregunta cuando éramos unos mocosos caminando por la vida sin tantas complicaciones. Hablando de añoranzas, qué más añoranza puede haber en la vida de una persona que el de la infancia. Debo admitir que por más terrible, en situaciones… llamémoslas normales, que haya sido la infancia de una persona, siempre encuentras cosas con las que confirmas que no hubo otra etapa de mayor confort que esa.


Ayer pasó un incidente que merece la pena una entrada al blog, justamente fue provocada por una niña de ocho años. Qué sucede ahora con los niños, no todos por supuesto, que tienen una inventiva y una enorme capacidad para atinarle a los asuntos complicados de la vida e increíblemente a esa edad no se ven tan complicados. A continuación lo sucedido.


En medio de la carretera, con frío, unos cuantos boings ambientando. Danielita semi acostada en el asiento trasero de un automóvil, una niña de ocho años sentada al lado mío y una mujer de veintinueve años recién cumplidos en el asiento del copiloto.


Aquella niña de ocho años me miro de arriba abajo, empezó a hacer una pregunta a la cual no preste mucha atención pues se vio interrumpida por algún ladrido o algún gesto perruno, de alguno de los dos boxers que nos acompañaban, de pronto me toco el hombro y soltó sin más la pregunta


-Oye Dany, y ¿tú qué quieres estudiar cuando seas grande?


Mis ojos se abrieron y me quede callada, mientras la mujer de 29 años soltaba una carcajada seguida de muchas risas más. Le sonreí a ambas y debo admitir que me dio risa, le contesté:


-Pues, mira de hecho ya estoy estudiando, me falta un año para acabar


Aunque ahora que lo pienso más bien debí de decirle algo así como:


-Esa es una muy buena pregunta, gracias por hacerla, porque sabes qué, ni siquiera yo sé qué quiero estudiar


Todo esto me recordó a una plática que sostuve con una muy buena amiga, me hizo una pregunta similar, fue la de ¿qué querías estudiar cuando eras chica?, le respondí con toda la naturalidad de aquella edad de inocencia y sobre todo de ingenuidad: “antropología o historia”. Ojalá puedan imaginar la cara que me hizo, a lo mejor igual que varios de ustedes leyendo esto. Me respondió:


-Ay Dany, tú si que eres rara


Ahora que lo pienso, creo que en la infancia no tenías dudas de nada, bueno si las lógicas y normales imagino, pero cuando sabías que querías un helado, simplemente ibas por el helado, les decías a tus padres, era un helado, así eran las cosas. Y a mi personalmente me sorprende su capacidad para comprender las cosas y decirte tan fácil “Ah ¿era eso? Y porque no le dices que no y ya”, por poner alguna frase. La pregunta casi existencial de mi sobrina, tenía un solo objetivo, saber qué diablos con mi vida, creo que no reflejo de esa clase de persona adulta y segura de su futuro. Por cierto, nunca le dije a mi sobrina que estudiaba Comunicación y mi hermana siguió riendo, porque cuando ya eres “grande” esas preguntas pasan por alto. Eso de la edad es muy absurdo.


Terminaré con otra atinadísima frase que me dijo mi sobrina el día de ayer “ay a ti no te gusta nada”. Ven por qué no hay necesidad de ir a un psicólogo cuando una niña de ocho años te puede decir exactamente qué tienes.

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