domingo, 28 de agosto de 2011

Lecturas pasajeras


Últimamente me había costado mucho trabajo tomar un libro y comenzarlo a leer. En las pasadas vacaciones vergonzosamente no tome ningún libro a pesar de tener una variedad considerable de libros por leer. Cuando entré a la escuela me costó aún más trabajo, principalmente por el corto tiempo que me dejaba la escuela para leer algo fuera del ámbito académico y la segunda fue que para ser sincera, tenía dos opciones: leer en el camino a la escuela o dormir. Conforme fueron pasando las semanas, dormir era la única opción para mí.

Me había asustado pues todos mis intentos por comenzar un libro habían fracasado, pensaba muy a mi pesar si era el fin de mi placer por la lectura, aunque eso iba a ser ridículo, si quería seguir escribiendo, de menos aquí, necesitaba la lectura, pero me frustraba no poder hacerlo como antes.

Cuando descubrí el placer de la lectura me encontraba en la secundaria, debo confesar que en la primaria no leía libros, si acaso el prólogo de algún libro olvidado por mi madre, de ahí en fuera nada más. Cuando entré a segundo de secundaria con aquél maestro de español que tanto odie, comencé a descubrir que en las letras había algo más que fascinante.

Eso de ser una auténtica flojita me ayudó hasta cierto punto, dejaba todo al último, sobre todo la acción de leer, nos dejaba un mes para leer un libro y yo lo comenzaba una semana antes de entregar el reporte, eso me hizo una lectora rápida pero, no de esas lecturas superficiales, ese tipo de lecturas llegaban con textos científicos y teóricos, jamás con las novelas. Así fue que leí Orestes de Eurípides en una semana.

Fui devorando los libros, sobre todo los de elección propia. Pero ahora no sé qué me pasa y tardo años en pasar de un capítulo a otro. Había descubierto mi gusto por la lectura nocturna, pero ahora ni esas sesiones de lectura me sirven, acabo dormida, una verdadera vergüenza.

Estaba triste y desesperanzada hasta que… descubrí el nuevo sitio donde puedo devorar un libro: el transporte público. Es de lo más bizarro, hay tanta gente, ruido, es, en muchas ocasiones incómodo, pero esta semana avance muchos capítulos del libro en turno, en el transporte y causa un efecto parecido al reproductor mp3 y los audífonos, me desconecta del resto de las personas.

Lo único malo es que, uso el transporte público sólo para ir y regresar de un lugar, obviamente, y si intento leer en casa me resulta complicado. He estado pensando, ayer lo pensé seriamente en irme al metro sentarme y recorrer unas cuatro veces la misma línea para seguir avanzando en mi lectura. ¿Será muy demente?

Quizá necesite encontrar otro espacio para la lectura, comenzaré mi búsqueda a partir de la próxima semana, no quiero quedarme los fines de semana sin leer.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Estar con personas

En casi todos mis post he hablado, no, esperen, más bien he mencionado cosas como “si, si yo antisocial” “y como no soy una persona sociable” o algún derivado de ese estilo. Algunas personas que conozco y muy cercanas a mí, piensan que eso es ridículo y que sólo me hago la difícil o la dura. Pero en serio me hacen preguntarme qué tan cercanas son a mí como para decirme tal afirmación.

Me cuesta millones hacer amistades, los que tengo de verdad no sé cómo me toleran, me cuesta muchísimo trabajo convivir con las personas, comenzar un plática. ¿Cómo comienzas un plática? Es inevitable a primera vista de mi persona que piensen que soy antipática, sangrona y seria. Pues en verdad a primera vista sí que lo soy. Jamás me he caracterizado por ser el alma de una comida o una reunión, muchísimo menos de una fiesta, pues, recalco esto: no me gustan las fiestas.

Con frecuencia, cuando conoces a personas, no les interesas mucho. La mayor parte, las personas hablan con todos sin sostener una conversación, me he dado cuenta de eso últimamente, omitiré detalles porque esto puede ser hasta peligroso. Simplemente lanzan una pregunta con una finalidad casi interesante, comienzas a escuchar a todos (en mi caso por la educación que me dieron) cuando llega tu turno, respondes a la pregunta, inicias una serie de anécdotas y todo el mundo se dispersa. Ocurre mucho más cuando llegas a invadir casi un grupo ya formado.

Me gusta estar sola, aprecio mi soledad. Esa primera semana de vacaciones entendí lo importante que era ese aprendizaje y ese acercamiento a la soledad. No puedo asegurar que me agrado del todo. Supongo que no podemos vivir como ermitaños toda nuestra vida, pero de verdad la aprecio. Simplemente es aprender a tolerarte a ti mismo y divertirte contigo mismo.

Pase mucho tiempo de mi vida en soledad, esto quizá es muy personal, sólo es para que entiendan el punto. No es que sea una amargada y sea huérfana o algo así, más bien es que hay circunstancias en la vida donde es inevitable ese estado del ser humano. Pero hasta apenas unos meses no me encontraba consciente de mi soledad, por lo cual casi inconscientemente buscaba un espacio donde estar sola. El ejemplo más claro es encerrarte en tu cuarto por horas y horas, aún cuando no hay nadie en casa.

En la secundaria era muy así, si convivía con gente en la escuela, iba a mi casa, hacía mis labores diarias y leía o escribía, en soledad, cuando llegaba alguien a casa tomaba mis cosas y me encerraba en mi cuarto. En la preparatoria fue algo diferente, creo que fue la mejor etapa de mi vida, esa es otra historia. Luego repetí mi rutina en la universidad, y tal vez por la distancia, por extrañar cosas, por miedo, trataba por todos los medios de llegar temprano a casa.

Gracias UAM por el sistema modular y su método de enseñanza, tuve que convivir con personas y comenzar a tratarlas casi a la semana de haberlos conocido, me costó muchísimo trabajo, hasta lo sufrí, después te acostumbras o no, y en el mejor de los casos hasta agarras el modo. Me parece que alguna vez lo mencione, estar con personas me alegra si, pero de cierto modo también me perturba, me siento muy rara.

Me sucede ahora de forma distinta a ese trimestre de radio, cuando estaba muy apegada, quisiera o no, a mis compañeros y posteriormente amigos. De pronto necesitaba mi cuarto, encerrarme y quizá hasta hablar conmigo misma, a gritar a llorar sin que nadie lo viera. También les he contado cuanto detesto llorar en público, una reacción sumamente débil y vergonzosa para mí.

Ahora, me vuelvo a sentir extraña. Hoy sucedió algo que posiblemente acabe con una parte de mi sociabilidad adquirida en dos semanas, una sociabilidad que casi adquirí cuando era parte de un grupo. En serio, soy otra persona. Y eso a pesar de ser bueno, da miedo, porque es como no ser tú. Al menos yo siento que de pronto es poner una mascara y no ser tú, no es por el hecho de ser hipócrita, aunque las reglas de convivencia de pronto importan y te moderas, no sacas tu verdadera personalidad.

Más bien porque como hoy me pasó, llega un momento en el que dices “necesito cinco minutos de mi”. Yo sé, la gente, al menos el 80% de la que he conocido se porta muy bien conmigo y yo no suelo ser tan amable. O pasa todo lo contrario, soy, bueno intento ser amable y amistosa, y resulta que no soy del agrado del otro. Cuando eso sucede suelo perder el interés y poco me importa agradarle al otro por lo tanto me comporto mordaz, sarcástica y grosera.

Me siento culpable hoy, como si hubiera hecho algo malo, negar amistades… exageré negar compañía es malo, pero en serio pensaba “necesito mi cuarto”, va a pasar un largo tiempo para acostumbrarme a estar con personas. Qué les puedo decir… así soy yo.

martes, 23 de agosto de 2011

La risa en vacaciones II

Las cosas mejoran de un modo extraño, bastante a decir verdad. La incomodidad no se ha ido, pero hay un ligero toque de paz en el ambiente, quizá porque son vacaciones para mi y han sido las más extrañas que he tenido, pareciera como si fueran las últimas. No por eso están siendo malas, aclaro.

Esto de la dieta anti péptica me tiene cansada, el hecho de excederte en algo y sufrir las consecuencias no ha sido mis especialidad, con frecuencia acabo resignada o en su defecto me importa poco y sigo excediéndome, ahora supongo que mi salud no me dejará excederme. Algunas personas me dicen “come lo que quieres y si te mueres no importa, morirás feliz”, tal vez sea cierto. El don del deguste es un verdadero placer y mientras saboreas la más deliciosa comida no importa, pero morir, morir feliz, bueno supongo que el dolor no cuenta como una muerte feliz.

He empezado a creer en ese dicho de “eres lo que comes”, la mayoría nos relacionamos con una comida de por medio y se ha convertido incluso en una forma de interacción. Cuando dices “¿no te gusta el hígado? A mi tampoco, es asquerosos, ¿verdad?” o “apoco no te encanta la cubierta de chocolate en esta galleta” estas usando elementos de interacción, pareciera ridículo y lo es, así son nuestras reglas implícitas sociales.

Insisto si mi carácter no lo hacía, mi enfermedad acabará con mi vida social para siempre, incluso en las personas más allegadas a mí.

Por otro lado, he vuelto a Amnistía, me siento contenta y agradecida de que no me hayan corrido, lo hubieran hecho, supongo que es cierto eso que nos decía ese estúpido “profesor”, no somos indispensables. Y como esa estúpida película decía “puedo conseguir a otra en cinco minutos”. Sostengo que de una forma muy peculiar, las personas ahí, en esa pequeña oficina son muy amables y hospitalarias. Amnistía ha sido la clave de mi satisfacción en estas vacaciones.

Lo grandioso es que tengo tres semanas para disfrutar eso pues es el tiempo que falta para regresar a la escuela. No me tiene preocupada, de hecho es raro pero comienzo a extrañar cada vez menos. Hace poco platicaba con una chica de amnistía, (estudia por cierto en la UAM Iztapalapa) y le decía que quería liberar el servicio lo más pronto, no era la razón de estar en amnistía, pero más bien quiero solucionar todo lo relacionado con la escuela. Y le dije algo así como “pues ya liberé el idioma, quiero liberar el servicio y pues ya, bueno me faltaría terminar”. Me siento con un pie fuera.

Por cierto, llegue a amnistía prácticamente como la “nueva” después de la gran ausencia. Sobre todo la mayoría de la gente que conocía se fue, varios de ellos se regresaron a su país, otros a estudiar, otros a visitar a familiares. Todo eso junto con lo de “tengo un pie fuera” me ha hecho pensar en mi futuro. La verdad no tengo ni una pizca de miedo. Tal vez llegue esa crisis de no saber qué hacer, por ahora no me ha llegado.

Volvió mi enorme deseo de viajar. Quizá vuelvan mis ensoñaciones, no lo creo he estado bastante pisoteada en mi ego y sobre todo en mis ilusiones como para volver con eso, pero al menos el entorno no se ve tan catastrófico, no es pensamiento positivo, créanme. Pienso, que a lo mejor empiezo a fingir bastante bien, se verá en los próximos meses.

Amanecer no es tan difícil ahora, por lo pronto hoy se ve bonito el panorama, eso o simplemente me fui poniendo de buen humor el día de hoy. Tendré que ver “La Playa” para acrecentar mis deseos de viajar.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Los blogs con v


Hoy por la mañana, no sé la razón, entre el sueño, la curiosidad y el ocio, me puse a ver video vlogs. La verdad es que eso de los vlogs con v, no se me hacía nada familiar, debo admitir que hace a penas unos meses sé que pasa con todo ese fenómeno de pararse frente a una webcam y decir un montón de cosas.


De todas formas de expresión por internet, la más honesta es el blog con b, y no es porque yo este allegada a esta actividad, más bien porque es mucho más complicada la palabra escrita. Al estar viendo esos vídeos, me puse a pensar en aquella frase que tanto me gusta y me dije a mi misma “es verdad, esto hasta un hijo de vecina puede hacerlo”; no necesitas tanto intelecto para estar frente a una cámara, en soledad, y decir un par de tonterías, frases cliché y elementos cotidianos.


La gente es graciosa, algunos tienen chispa, pero he pensado que conozco a varias personas que tienen más chispa que los hombres y mujeres de los videos que mire. En una conversación cotidiana encuentras muchos chascarrillos, chistes, frases, oraciones, ademanes cómicos de las personas.


La verdad siempre he estado en contra de ese tipo de forma de expresión, incluso desde que aparecieron los podcast. Tal vez es porque sigo pensando en aquello de la honestidad, ocultarte en una pantalla es fácil, pensarán algunos. Pero la escritura revela mucho más de la personalidad de uno que si les dijera algo en un podcast o en un vídeo, sería mucho más diferente.


Quizá se deba a que en estas dos actividades el podcast y los vlogs, la gente puede actuar sin ningún problema, después de todo también somos un personaje. No se crean, no es tan complicado fingir una voz o hacer gestos. Reconozco que si, se debe tener una capacidad extra, no especial, sólo extra; pero considero que el don de la escritura no es para cualquiera (no me considero entre las que tiene ese don, aclaro). Comentó algunos ejemplos que vi.


Primero, o no sé si fue el primero en comenzar en México esto, pero al menos es el primero al que vi, fue el “famoso” werevertumorro. El tipo se me hace de lo menos gracioso que existe en el planeta tierra, además de su muy evidente problema de dicción ya que no puede pronunciar la S sin agregarle una D. Lo cual hace verlo realmente absurdo sobre todo al momento de decir groserías. Porque además por una extraña razón los vlogs no pueden subsistir sin el uso de groserías, patético.


Accidentalmente relacionado a uno de los vídeos de ese hombre, encontré el vlog de un tipo llamado… no la verdad, no recuerdo su nombre, no es muy importante. El punto es que hablaba sobre su “fama” en internet, ¿puede haber algo más pretencioso, fastidioso y engreído que eso? Además de ser visiblemente un intelectual (inserte tono sarcástico), la forma en que se expresaba con el clásico “goooooeeeei” típico del hipster promedio, sus ademanes eran irritantes, ¿cómo puede ser que los ademanes de una persona irriten? Pues él lo logra, eso merece algún mérito, para algunas personas, no soy de esas personas.


Pero las mujeres no se quedan atrás, y si me fastidiaba un poco la actitud exhibicionista de las mujeres y su constante búsqueda de atención y afecto, en los vlogs se resalta mucho más este pequeñito –sarcasmo –defecto de las mujeres.


Había uno de una mujer regia bastante vulgar, en serio muy vulgar para una mujer y no se trata de decir que soy una santa o algún asunto moral, pero me pareció tan idiota su actitud y además vulgar, pues evidentemente a mi modo de ver el vídeo era una rotunda porquería. Sus chistes eran asquerosos, infantiles y estúpidos. En fin un pobre vídeo que si no hubiera visto por error, jamás lo hubiera dado clic.


Luego apareció el vídeo de una mujer rubia, toda una líder de opinión, intelectual y muy letrada. Perdón, hice alguna distinción al poner rubia, lo siento, no tengo nada en contra de las rubias, pero ver a esa mujer en el vídeo, me hizo dio la razón por la cual, la mayoría piensa que las féminas cuyo color de cabello es claro son tontas. Además de ser casi una contra parte femenina del conocido werevertumorro, más bien una extensión de él, la mujer era muy simple y con poca imaginación aunque ella diga lo contrario. Lo peor es que el dichoso vídeo dura 10 minutos. Por amor a la crítica lo vi completo pero quería darme un tiro al terminar.


Hubo una parte que llamó mi atención. Resulta que la mujer en cuestión que tenía nombre de mujer de la vida galante, hizo una especie de firma de autógrafos, esperen, no es reunión de blogers, más parafernalia para decirle firma de autógrafos a una firma de autógrafos. Puso un fragmento de un material de vídeo que ella misma grabo. Los cito en un centro comercial y fue muchísima gente, dándole regalos, abranzadola, regalándole cosas, coreando sus frases. Qué sucede con la gente.


Me di cuenta que estamos mal, necesitamos urgentemente una figura pública, al parecer la población busca en cualquier persona a alguien a quien idolatrar porque es la única forma de aferrarnos a nuestra humanidad, queremos y tal vez necesitamos seguir creyendo en las personas. No está mal, supongo que eso nos diferencia de los animales o en un futuro de un cyborg, pero por qué ese tipo de personas. Son tan comunes y sobre todo corrientes.


Si los individuos se dieran cuenta que ese hombre o mujer al que le rinde casi pleitesía, es como ellos e incluso ellos mismos podrían hacer lo mismo o algo mejor, no sucederían cosas como las que hemos visto las últimas semanas. Cada día corroboro que el mundo está mal.


Sólo conozco uno que se salva, justamente el que generó mi curiosidad hacia los vlogs, pero es por mucho distinto y mejor que los antes mencionados. Es con personas que piensan, que tienen imaginación y que al menos las situaciones que muestran tienen esa chispa necesaria para entretener. Hay groserías, las hay, pero no abusan de ellas y sobre todo saben dónde. Su nombre es Que vida más triste.


De las otras ni sus nombres pongo, son una porquería.

lunes, 15 de agosto de 2011

Cuando seas grande


Cuántas veces nos hicimos esa pregunta cuando éramos unos mocosos caminando por la vida sin tantas complicaciones. Hablando de añoranzas, qué más añoranza puede haber en la vida de una persona que el de la infancia. Debo admitir que por más terrible, en situaciones… llamémoslas normales, que haya sido la infancia de una persona, siempre encuentras cosas con las que confirmas que no hubo otra etapa de mayor confort que esa.


Ayer pasó un incidente que merece la pena una entrada al blog, justamente fue provocada por una niña de ocho años. Qué sucede ahora con los niños, no todos por supuesto, que tienen una inventiva y una enorme capacidad para atinarle a los asuntos complicados de la vida e increíblemente a esa edad no se ven tan complicados. A continuación lo sucedido.


En medio de la carretera, con frío, unos cuantos boings ambientando. Danielita semi acostada en el asiento trasero de un automóvil, una niña de ocho años sentada al lado mío y una mujer de veintinueve años recién cumplidos en el asiento del copiloto.


Aquella niña de ocho años me miro de arriba abajo, empezó a hacer una pregunta a la cual no preste mucha atención pues se vio interrumpida por algún ladrido o algún gesto perruno, de alguno de los dos boxers que nos acompañaban, de pronto me toco el hombro y soltó sin más la pregunta


-Oye Dany, y ¿tú qué quieres estudiar cuando seas grande?


Mis ojos se abrieron y me quede callada, mientras la mujer de 29 años soltaba una carcajada seguida de muchas risas más. Le sonreí a ambas y debo admitir que me dio risa, le contesté:


-Pues, mira de hecho ya estoy estudiando, me falta un año para acabar


Aunque ahora que lo pienso más bien debí de decirle algo así como:


-Esa es una muy buena pregunta, gracias por hacerla, porque sabes qué, ni siquiera yo sé qué quiero estudiar


Todo esto me recordó a una plática que sostuve con una muy buena amiga, me hizo una pregunta similar, fue la de ¿qué querías estudiar cuando eras chica?, le respondí con toda la naturalidad de aquella edad de inocencia y sobre todo de ingenuidad: “antropología o historia”. Ojalá puedan imaginar la cara que me hizo, a lo mejor igual que varios de ustedes leyendo esto. Me respondió:


-Ay Dany, tú si que eres rara


Ahora que lo pienso, creo que en la infancia no tenías dudas de nada, bueno si las lógicas y normales imagino, pero cuando sabías que querías un helado, simplemente ibas por el helado, les decías a tus padres, era un helado, así eran las cosas. Y a mi personalmente me sorprende su capacidad para comprender las cosas y decirte tan fácil “Ah ¿era eso? Y porque no le dices que no y ya”, por poner alguna frase. La pregunta casi existencial de mi sobrina, tenía un solo objetivo, saber qué diablos con mi vida, creo que no reflejo de esa clase de persona adulta y segura de su futuro. Por cierto, nunca le dije a mi sobrina que estudiaba Comunicación y mi hermana siguió riendo, porque cuando ya eres “grande” esas preguntas pasan por alto. Eso de la edad es muy absurdo.


Terminaré con otra atinadísima frase que me dijo mi sobrina el día de ayer “ay a ti no te gusta nada”. Ven por qué no hay necesidad de ir a un psicólogo cuando una niña de ocho años te puede decir exactamente qué tienes.

domingo, 14 de agosto de 2011

El problema cuando se pone el sol


La semana ha pasado algo extraña. Tengo cierta añoranza a varias cosas que no sé ni cuál es la principal o la que me tiene más melancólica. Cuando las cosas cambian es inevitable sentir cierta melancolía y nostalgia. Eso me ha pasado esta semana a pesar de las cosas casi inverosímiles antes contadas en este espacio.

Vi dos películas que iluminaron mis pensamientos de algún modo y que por otra parte, en la forma más llana y simple están altamente recomendadas por mi.

Las cosas simples de la vida se pierden entre tanta espectacularidad del planeta, todo es tan prefabricado, tan espectacularizado y a la vez tan banal; que ahora las pequeñas cosas no importan. Cuando uno se encuentra solo, a menudo hacemos menos este acto, nos aburrimos con facilidad porque así como es difícil convivir con los otros, es más difícil convivir con uno mismo. Al tratarse de dos personas cuyos lazos son tan apegados, la cosa cambia ¿cómo ver tal relación?

Sofía Coppola es una experta en este rubro, lo vi en Lost in translation. Como directora debo decir que es casi imperceptible a primer vistazo un sello característico de la Coppola. Pero después de ver sus películas, más aún las que ella escribe, es inevitable ver la forma en que es imprescindible de los actos solitarios, del encuentro con uno mismo, para encontrarse con el otro y acabar con uno mismo.

Somewhere trata de algo… “simple”, lo digo por la espectacularidad que decía antes, no, no es un tipo que entra en el sueño de otro tipo para robarle una idea y no sé qué otra cosa jalada de los pelos. Las historias de Sofía Coppola son tan cotidianas como tomar un vaso de leche por las mañanas.

Un joven actor con su vida desenfrenada y un tanto irresponsable se reencuentra con su hija. Muy significativo de forma personal. Debo mencionar que ese tipo de relaciones humanas son más complicadas. Y expresar sin mucho diálogo este tipo de relación, me parece una forma bella y nada pretenciosa de plasmarlo. Hay una secuencia hermosa entre padre e hija dentro de una piscina, que no pueden perderse.

Por otro lado, tenemos otro conflicto, bueno, a decir verdad varios. Cuando uno es muy joven y me refiero, a MUY joven, no nos damos cuenta de cuánto nos afectan las cosas a nuestro alrededor. Las sentimos, es inevitable, en esa etapa pre adolescencia, adolescencia y post adolescencia somos más viscerales, o eso dirían algunos psicólogos o empedernidos por el asunto psicológico.

Cuando comienza la etapa adulta y durante la edad adulta comenzamos a darnos cuenta que aquello que más nos afecta proviene de esa edad joven, de los conflictos, traumas y situaciones en la adolescencia. Insisto en mi pensamiento de, que a pesar de encontrarse en la educación secundaria, es cuando uno comienza a ser un poquito más observador e innegablemente a diferenciarse de los demás.

Submarine trata de eso en el estilo único del humor inglés y de un toque especial por parte del director Richard Ayoade. Además del tema de la relación humana: padres e hijos, trata el tema de los amores adolescentes, qué tan pasajero es un amor de juventud, qué tan marcados nos puede dejar y la pregunta que constantemente me hago al ver a una pareja de adolescentes ¿se vale enamorarse a dicha edad?

En número dos de las relaciones humanas más complicadas después de padres e hijos, pondría relaciones de pareja. Insisto cuando uno es tan joven no se percata de qué tanto daño nos hace las situaciones y sobre todo las personas a nuestra vida. Imagino que cuando uno conoce a una persona, se enamora y mantiene una relación tan joven quedan secuelas que generan inseguridades reflejadas en nuestras relaciones actuales.

Cuando una chavita, de esas que escasean y agradezco que a su edad tenga esa capacidad de discernir, puso el tráiler de la película en Facebook, puso algo muy interesante, algo así como “esto le pasa a la gente que se enamora”. Hablar del amor en esos términos me resulta por demás complicado, temo banalizarlo o darle demasiada importancia, ser cursi o demasiado pesimista, pero imagino que tendrá razón esa chavita. Enamorarse es algo complicado, sobre todo porque se pierde el equilibrio, diría un muy buen amigo mío “alguien siempre da más que el otro”.

Tal vez sea buena idea lo que Oliver Tate les decía a sus padres en su depresión ante la ruptura “me va a importar cuando tenga 38”, deseo que pueda ser de esa forma. Mientras tanto vean las películas.

lunes, 8 de agosto de 2011

La risa en vacaciones I


Oficialmente estoy de vacaciones. Para bien o para mal, digamos que una de mis preocupaciones constantes ha desaparecido momentáneamente, me deja contenta, pero también me dejo una enfermedad horrible que no ha desaparecido y no me ha permitido disfrutar, como se merece, las vacaciones; entre otras varias cosas.


A pesar de mi enfermedad, he intentado salir a distraerme un rato y pasarla bien en compañía de mi misma. Las consecuencias a veces son malas, por ejemplo esta el hecho número uno, acompañado de la gastritis se encuentran los ascos, por eso siempre que te diagnostican la gastritis hacen la asociación al embarazo, el metro, en este sentido, se ha vuelto mi peor enemigo.


No sé a quién rayos se le ocurrió la magnifica idea de colocar puestos de comida, deliciosa y nutritiva cabe señalar, dentro del metro. No imaginan el martirio que es pasar al lado de dichos locales con un asco tremendo, o en su defecto ver a los niños pasar frente a los ventiladores que rocían agua con la boca abierta. Entre esas dos cosas no sé cuál es más asquerosa.


La semana pasada decidí ir a un museo, pensé “hey, que mejor idea de diversión solitaria que ir a ver una exposición en un museo”. Fue buena idea, salvo la segunda consecuencia de mi convalecencia: el dolor de la patita mala. Y debo mencionar que eso no fue lo peor del asunto. Una vez dentro del museo, estaba yo, tranquilamente observando aquellas piezas de arte y escucho voces estridentes y con una evidente incapacidad de articular bien las palabras. De pronto se acercan y… era unos hipsters.


No sé qué sucede con esa gente, están mal de su cabeza o algo, quizá sus madres los tiraron de pequeños, pues no encuentro otra razón de su estupidez, quería alejarme de ellos, pero eran demasiado escandalosos, ni siquiera sé lo que decían porque no tenía sentido lo que salía de su boca. En pocas palabras se quejaban de la exposición, cosa que molesto a más de un presente en el lugar. Tal vez fue mi ignorancia, a lo mejor me estaba alejando de la próxima curadora del Louvre y no lo sabía. Pero ciertamente… no lo creo.


Los siguientes días, después del museo, salí con amigos, me di un descanso a mi misma, sin contar la tontería que hice de comer unos tacos al pastor estando enferma de gastritis, pasó bien. Resulta ser que me suceden las cosas más extrañas y ridículas cuando me encuentro sola, a excepción de otra amiga que le pasan las mismas o quizá cosas aún más extrañas.


Soy de esas personas a las que detiene un vendedor y jode y jode hasta que se da cuenta que soy pobre y por lo tanto no le compraré nada. Soy de esas personas que caminan por la calle y algo la distrae, y choca con las personas. Soy la que se atora en los torniquetes del metro; la última en bajar en las estaciones terminales; la que da miles de vueltas para encontrar el transborde correcto; la última en atravesar la calle cuando miles de transeúntes ya pasaron, y soy definitivamente a la persona que más golpean en la calle “sin querer”.


Hoy fue memorable. Subí al microbús, destino: el metro. Me alegre que hubiera pocas, pero amables (lo digo por su aspecto) personas en el microbús, siempre es bueno eso, porque luego va llenísimo o en su defecto casi vacío con dos o tres personajes adoradores de San Judas Tadeo. Iba tranquilamente, sin molestar a nadie, trato de mantener mi bajo perfil en todo momento, escuchando música. Veía por la ventana y sentí al lado mío la presencia de un ser extraño, de pelaje grueso, ojos rojos y grandes, le salía un cosa extraña por lo labios, con garras y… no, no es cierto, era sólo una señora, de unos cincuenta y algo, le calculé.


La verdad estaba escuchando música bastante deprimente e iba a hacerme unos estudios –menciono esto para contextualizar –no sé pues, cómo me vería ante los ojos de esa señora. Me tocó el hombro, yo como educadamente sé hacer, me quite inmediatamente los audífonos y le cuestioné qué necesitaba. Sigo sin poder creerlo, pensé que me preguntaría por alguna calle que con seguridad desconocía a pesar de vivir ahí por 21 años, pero no. Me dio un papelito y me invitó a una iglesia cristiana. Pueden imaginar mi cara ya que, gracias a Dios soy atea.


Además de eso, percibí algún mensaje subliminal en sus palabras, ya que dijo cosas como: “en este lugar vas a poder hacer amistades, de tu edad”; “hay mucho jovencito, mucho joven, muchas parejas, matrimonios”; “vas a hacer amigos sinceros, porque bueno, a veces uno se equivoca”, soy yo o me estaba ofreciendo amistades, pues soy una persona solitaria y… ¡además pareja!, qué ganga. Ya saben saco otras frases cristianas del tipo el señor te habla, dios y la biblia, acercase a dios, dios y su bondad, etc., etc.


Además de invitarme a hacer amigos, obtener pareja y posteriormente casarme, me orilló a decirle qué día podía ir a una plática. Además me preguntaba qué pensaba, tenía muchísimas ganas de reírme y decirle que ni en dios creo, pero como estaban las cosas me iba a exorcizar en ese instante, y bueno también por respeto. Tengo una opinión muy distinta de la religión y dios, pero como aparentemente buena persona, escuché con atención todo lo que me decía la señora.


Después de realizarme mis estudios, de casi desmayarme al ver mi sangre y nuevamente gracias a esta enfermedad, mereciera que me preguntaran por vigésimo tercera vez si estaba embarazada, decidí ir al cine solita.


Sigo pensando si eso de ir al cine sola no será algo muy deprimente, me di cuenta que sólo sucede en los cines comerciales, obvio va más gente, acompañada de otra gente, bueno pues lo normal, con toda razón a pesar de decirle a la amable señorita de la caja que requería sólo un boleto, me preguntó "¿cuántos?", le sonreí y le dije “uno por favor”.


Me metí a la sala lo más pronto posible para encontrar un buen lugar, me senté hasta arriba, pensé de forma ilusa no toparme con personajes inverosímiles o escuchar algún tipo de conversación irritante y molesta. Me alegró ver que no era la única sola y sin amigos en la sala, y de hecho la sala estaba casi vacía –gracias Capitán América –pero como mi mala suerte me persigue, deje a un lado la pareja chaca a siete butacas de mi, ya saben de esos que no alcanzaron a ver Capitán América y pues se les hizo como que el título estaba pasadon. Pero la pareja sentada justo enfrente de mi, la odie.


No sé cómo no se les acalambraron los labios, porque no dejaron de besarse durante toda la película, los avances y comerciales, era realmente incómodo, escuchar los besos y aunque no lo crean, lo sé, estoy demente, me dio muchísimo asco. Luego sólo veía danzar sus brazos prosaicamente y estaba a punto de patear sus butacas, pero me contuve porque intento ser una persona civilizada. Al final estaba tan entrada en la película que les reste importancia, aunque ganas no me faltaron de levantarme de mi asiento y escupirles.


En fin estas han sido parte de mis vacaciones, ¡quiero regresar a Amnistía! Pero mi enfermedad no me deja recorrer grandes distancias.


Por cierto Ebrard se vuelve a casar, no sé por qué lo mencionó, me acordé. Eso del matrimonio es una epidemia… mató al siguiente que me diga que se va a casar.