martes, 21 de junio de 2011

No prestes atención


Amo los audífonos, es más, puedo decir con toda seguridad que desde mi punto de vista, es de los mejores inventos del hombre. Me encantan porque hay un sinfín de posibilidades con ellos, me han ayudado en momentos de aburrimiento, en momentos incómodos, en momentos tristes, en momentos de relativa felicidad. Pero quizá la cualidad más exquisita de los audífonos es lo que llaman “desconectarse del mundo”; aunque quizá algún día sin mucha atención, termines atropellado/a.


Y a pesar de esto, hay sólo una objeción, o más bien una contradicción (porque soy mujer, hay un número ilimitado de contradicciones), esta es: me molesta que las demás personas usen los audífonos. Explico, yo los uso con mayor frecuencia para mi largo recorrido de mi casa a la escuela y viceversa; lo hago porque escuchar las conversaciones de las señoras y jóvenes no sé si decir que es deprimente o molesto, más bien ambas.


Los mantengo en mis oídos cuando llego a mi destino y me encuentro sola, eso suele ocurrir a menudo, pues repito, no soy una persona que se caracterice por la sociabilidad, me refiero a que no soy de esas personas que llegan a la escuela y pasan por ella como miss universo, saludando a todo el mundo. Simplemente llegó, me arrincono y observo a las personas, cuando me aburren, leo o hago cualquier otra nimiedad.


Cuando llega una persona, conocida y a la cual le hablo bien, o en su defecto un amigo u amiga, inmediatamente me quito los audífonos. Es una cuestión de educación impartida por mis padres, hermanas (quizá), tíos, tías y demás familiares; es casi como una tradición familiar: presta atención –o al menos finge que si –lo digo porque suelo ser bastante distraída.


El acto de continuar con los audífonos, platicar con alguien y mantener los audífonos en los oídos, el hecho de realizar una actividad que requiera interactuar con otras personas y portando unos audífonos se me hace insoportable. No sé si es la cuestión egocentrista, narcisista del deseo de ser escuchado y tomado en cuenta, o simplemente envidio a las personas que hacen eso, pues, significaría hacer dos cosas al mismo tiempo, capacidad de la que carezco.


No me hagan mucho caso, continúen usando sus audífonos. La cuestión en mi persona es que aplico en infinidad de veces, reglas básicas, que me recuerdan mucho a la forma de tomar asistencia de una clase de inglés que tuve en bachillerato:


-Digan presente en voz alta y clara, levanten la mano y hagan contacto visual conmigo –decía mi profesora.


No es que lo haga así, pero cada vez que alguien platica conmigo, no puedo dejar de hacerlo, hago el clásico contacto visual, utilizo las clásicas respuestas afirmativas o de entendimiento en la conversación, me calló y si pudiera silenciaría todo a mi alrededor. Estoy loca, pero por más que lo intento no puedo dejar de hacerlo de esa forma, y cuando siquiera volteo a algún lugar durante la conversación o me disperso, me siento realmente culpable. Sé que algunos son buenos “listeners” diría mi libro de inglés, oyentes para nosotros los mortales y no tienen la necesidad de aplicar mis reglas personales ridículas; es más pienso que a pesar de aplicarlas sigo sin ser buena para escuchar a los demás.

1 comentario:

  1. pues aja. estoy de acuerdo con lo de no soportar cuando la gente usa los audífonos para cualquier actividad o cuando le hablas. si de por si sin audífonos no sabes si te ponen atención con audífonos pior

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