martes, 31 de mayo de 2011

Las consecuencias de los dulces dieciséis

Hace cuatro años fui a un concierto. Mi hermana, mi sobrino y yo esperábamos en las escaleras del Auditorio Nacional a que diera una hora decente para entrar a dicho recinto. Un hombre alto de tez clara, bien parecido y con sonrisa amable se nos acercó. Traía un gafete verde y muchos papeles en una mano; se sentó a lado de nosotras y nos preguntó si podríamos llenar un pequeño papel, y firmar una petición a favor de los trabajadores del campo para que recibieran mejores condiciones de vida y de salario. Ahí empezó todo.

Mi hermana y yo hicimos preguntas, él amablemente nos explicó a grandes rasgos la función de Oxfam. Después de eso decidí meterme a la página oficial de Oxfam, necesitaba saber qué era lo que hacían y cómo. Leí algunos informes acerca de cómo habían ayudado a mejorar las condiciones de trabajo de algunos campesinos en África y Sudamérica, realmente les creí. Oxfam, el incrementó de atención a sus campañas de “Comercio Justo”, me llevaron a otra página: Amnistía Internacional (AI).

Cuando uno es joven, no le interesan demasiado las cuestiones sociales, pero les digo que yo soy rara, esta onda de las injusticias me hacía bastante ruido desde que era una mocosa, más que nada porque me gusta ver, no sé si observar, pero veo. Por esa razón me sentía bastante anormal al estar leyendo reportes de Oxfam, sobre todo porque después del pesimismo general que me llego en la secundaria, no le creía a ninguna ONG, ni siquiera a Greenpeace.

Todo esto lo recordé por ese asunto antes mencionado en este pequeño espacio, de esta pequeña personita, sobre la reminiscencia de aquellos momentos entrañables en mi vida. Imagino que la razón es la cercanía de mi cumpleaños y aunque soy todavía una jovenzuela, tener que llegar ya a los veinte-algo comienza a pesar.

Hace casi dos semanas, hice algo que quería hacer hace cuatro años cuando me metí a las páginas web de Oxfam y AI, como toda una dulce, soñadora e idealista muchachita quería ser voluntaria en cualquier de esas dos organizaciones, pues eran, por mucho, en las únicas en las que creía. Pero había razones de peso para no poder cumplir ese deseo en aquellos años: a) era demasiado joven, no tenía ni la mayoría de edad; b) seguía en el bachillerato (uno con un nulo prestigio) por lo cual mi colaboración no sería significativa ; y c) me daba miedo.

Decidí retomar ese deseo y heme aquí, llevo una semana y media siendo voluntaria en Amnistía Internacional, me hace sentir bastante bien. Más que por el hecho del rollo activista pretencioso o sentirse Mahatma Gandhi, son cuestiones más personales y nada pretenciosas por las cuales me hace sentir bien. Además de ser un poco más productiva que sólo tirarme a perder el tiempo en internet, ahí hago algo que tal vez no sirva o no cambie el mundo, pero hago algo, y lo más importante decidí hacerlo, por primera vez en mi vida tuve iniciativa y estoy dentro de algo que vale la pena.

La gente a mi alrededor piensa que me metí para aplicar mis inútiles estudios de Comunicación o para liberar mi servicio social (tal vez ayudaría y si decidí hacerlo ahí), eso es basura, no me metí por eso. No podemos retroceder a lo que éramos; pero sí puedo recuperar lo que deseaba y la universidad me ha quitado, lo quiero. Además irónicamente Amnistía me ha llenado de un espíritu más positivo, y nuevamente me refiero a algo personal, mi dramatismo y estar constantemente pensando en mis problemas existenciales, mi negatividad frente a mis propios problemas.

No sólo escuchas distintos acentos, hay gente ahí comprometida con su trabajo, sin ser fanáticos, conscientes de lo que pueden o no pueden hacer, amables la mayoría. Me preocupa el pensamiento de la gente donde AI puede hacer milagros, es una ONG con mucho poder de convocatoria, pero son personas y aunque este ahí dentro, sigo pensando que no se puede cambiar el mundo. Se hacen cosas, cambias tú, pero tú no eres el mundo, y tendríamos que matar a todos y repoblar con gente buena para hacer un cambio sustancial, pero no sucederá. Amnistía Internacional, para mí es una forma de decir “me uno, no estoy de acuerdo con lo que pasa en el mundo”.

Después de estar una semana y media ahí me di cuenta: el mundo es una mierda, pero no sólo para mí, es una mierda para todos y si estoy aquí respirando entonces voy a hacer algo con eso, quejarme, sufrir por mis problemas existenciales y darme cuenta que alguien sufre también.

martes, 24 de mayo de 2011

La invasión sueca II: Las rimas y los corazones heridos

Debo confesar: estúpidamente siento cierta misoginia con las cantantes, y a lo mejor es más bien la idea bastante clara que nos van vendiendo y que me mostraron desde que tengo memoria. Una mujer disque con buena voz, disque bonita, que con el tiempo se fue deformando muchísimo más. Lykke Li, es de las mujeres que respeto y admiro, junto con otras pocas.

Para una agrupación y/o solista el mayor reto siempre es el segundo disco, sobre todo cuando su antecedente es un excelente primer disco, el cual fue elogiado y aclamado por un modesto grupo de personas. Pocos superar ese reto de forma loable. Lykke Li lo ha logrado como pocos.

No sólo eso, ha demostrado una madurez admirable, pareciera como si llevara veinte años en el medio, su disco Wounded Rhymes pareciera como su material número treinta y a la buena, pues hay agrupaciones que llevan años en esto y los críticos siempre utilizan ese término “suena más maduro” o “se nota que la banda ha madurado”, por lo general es sinónimo no de madurez, sino de evidenciar su sonido antiquísimo y repetitivo.

Ya hable de dos características de Wounded Rhymes, su madurez, que en este sentido tendría más que ver con la diferencia notable entre su primer trabajo y este, su exploración y hasta el sentido más metafórico y profundo de sus letras. A diferencia del Youth Novel, que como su nombre lo dice si era una joven novela y el disco claramente se representaba de esa forma, este disco es como una montaña rusa y tampoco es a la mala, es como todo en la vida, los extremos, el sonido melancólico y el sonido fuerte, y bailable.

En cuanto a su sonido, mantiene su estilo de una forma particular, sabes inmediatamente que es un disco de Lykke Li, pero esta lleno de sonidos tibales, (y lo que de verdad se llama tribal), junto –y concuerdo con eso- lo que leí en cierta reseña, su gusto por el rock and roll cincuentero, combinación un poco extravagante, pero bastante buena y que ejecutada en vivo seguro suena increíble, mención a parte de que sus músicos son bastante competentes.

Luego esta el tema de la hermosa y particular voz de Lykke Li, leí alguna vez en una reseña, que su voz era como de una niña, no sé si estoy totalmente de acuerdo, o más bien si únicamente la definiría de ese modo. En mi opinión hay dos cosas con la voz de Lykke Li, la dulce y casi atractiva, y la grave casi desgarradora, ambas combinadas, ambas para el sentido de sus canciones, lo cual la hace muy, muy peculiar. Sobre todo porque hay alguna razón y más allá de la barrera del lenguaje, aunque lo maneja muy bien, su voz si tiene un dejo de algo de estilo escandinavo.

Y el mayor plus es, ah pues como sufre esta mujer, como todos en cierto momento, como siempre los artistas utilizan el recurso poético del “es un disco más oscuro”, más que nada es que algo le duele como a todos y cuando se trata de una mujer el desamor es lo mejor para plasmar en ese lenguaje poético. Aunque, también como dijo ella “esta enojada con el mundo” y algunas letras también hacen referencia a ello. Pero la mayoría de sus letras reflejan bastante desamor, el amor no correspondido, el desencanto del enamoramiento. Todos aquellos sentimientos que te llevan al extremo cuando, supongo, uno se enamora, por eso mencionaba aquello de la montaña rusa.

En conjunto, todas estas cosas hacen del disco de Lykke Li, que recientemente salió, el 2 de marzo para ser exactos y bajo la producción nuevamente de Björn Yttling (Peter, Bjorn and John) uno de los mejores discos que he escuchado últimamente. Lo recomiendo altamente si les gusta aquello de las voces femeninas, lo experimental, lo original y son fanáticos del sufrimiento y del desamor, lo último no es necesario, tal vez exagere.

Por último les quiero compartir el nuevo sencillo de Lykke Li, Sadness is a blessing, de las melancólicas del disco, pero realmente sublime y les comparto el vídeo no sólo porque la canción es hermosa, también porque el vídeo esta bien realizado. Me confirma el hecho de que si quisiera Lykke Li, hasta podría actuar, aunque siempre agradeces más que se dedique a la música. Normalmente se respeta más a una cantante cuando luego incursiona en la actuación que viceversa, al menos en mi humilde opinión, supongo que se debe a que para cantar, además de voz requieres esa cualidad interpretativa, en fin, ese ya será tema de otra entrada, por lo mientras: sólo disfruten...



martes, 17 de mayo de 2011

Conversación en el camión con un desconocido

Estas últimas semanas he estado rememorando algunas etapas de mi vida, entra un poco ese sentimiento de nostalgia que invade al ser humano como parte de lo que llamamos precisamente eso, ser un ser humano. He estado viendo fotos, leyendo cosas que escribí, revisando algunos cuadernos de materias añejas donde la vida cotidiana se tornaba y se veía muy distinta.

La gran distancia que hay entre mi casa y la escuela siempre me han dejado experiencias y vivencias que valen la pena mencionar, por muy burdas y sin sentido que parezcan, divertidas muchas, amargas muchas también, reflexivas, fastidiosas, alegres, amenas. Los que vivimos en la ciudad de la esperanza y recorremos grandes distancias saben de lo que estoy hablando.

Hace unos dos años aproximadamente tuve una experiencia en el transporte público algo peculiar, y en este momento significa más para mí y lo pienso más porque en aquél momento fue molesto y lo tome un poco mal, ahora con todo lo que me ha pasado tras mi carrera escolar, no es que lo acepte (hacerlo sería poco inteligente), pero simplemente llego más fuerte a mi cabecita.

La historia un poco es así, yo recorría el ya clásico transcurso (en ese tiempo) del metro revolución a mi casa. El camión iba como diría mi padre “hecho la raya”, algo típico del transporte público de nuestra hermosa ciudad. Pasábamos por una de las folclóricas, tranquilas, mágicas, místicas y culturales colonias que existen; y se subió un caballero a vendernos humildemente unas inofensivas paletas de caramelo macizo. Ya saben todo tranquilo, sin nada de intimidación y con un lenguaje propio a la ocasión y tan coloquial. Yo opté por tomar la paleta, no me quitaba nada, el hombre sentado al lado de mi, no la recibió.

Al poco rato, después de recitarnos el discurso clásico de la venta de paletas, el elegante hombre vendedor de paletas paso a recoger la mercancía que había repartido entre los pasajeros. Cuando recogió el caramelo que yo, amablemente, recibí, el hombre al lado mío (ese mismo que se rehusó a tomar la paleta) comenzó una platica conmigo y es la que precisamente les quiero relatar:

Hombre: ¿Por qué le recibes la paleta si no se la vas a comprar?

Danielita: Pues… no lo sé, por educación

Hombre: No, tal vez por miedo

Danielita: Pues si, también, no me cuesta nada recibirla

Hombre: Pero fíjate, es mala idea eso, él es un mal vendedor, si fuera bueno no tendría que intimidar para que las personas le compraran

Danielita asintió con la cabeza y también con cierta indiferencia (me molesta que desconocidos me hagan la plática)

Hombre: Si hubiera estudiado, no estaría aquí vendiendo paletas, ¿no crees?

Danielita: Si

Hombre: ¿Tú estudias?

Danielita: Si

Hombre: Eso esta bien, sigue estudiando, ya cuando elijas tu carrera y te desempeñes en eso verás que te va mejor que ese cuate

Danielita sonríe discretamente

Hombre: ¿Y qué quieres estudiar?

Supuse que él pensaba que estaba en la secundaria o la preparatoria a lo mucho, por eso se refería de esa forma a los estudios

Danielita: De hecho ya estoy en la carrera y estoy estudiando Comunicación

Hombre: ¡Uy! Comunicación, ¿eso de la radio, la tele y esas cosas?

Danielita: Pues si, es parte de

Hombre: Pero no, pues para eso ¿no tienes que ser bonita?

Danielita con cara de horror: No necesariamente

Hombre: Yo creo que si, yo escogería otra carrera, porque en la tele sólo salen mujeres bonitas y tontas

Danielita con cara de irritación: No en todos lados señor, pero cada quien tiene su opinión

Hombre: Bueno, yo tengo un conocido que trabaja en canal 22, está bien difícil ese medio, por eso deberías considerarlo

Danielita muy irritada: Ya estoy ahí, señor

Hombre: Pues échale ganas, ya me tengo que bajar, pero sigue estudiando, no quieres acabar subiéndote a los camiones a vender dulces y considera otra carrera.

El hombre en cuestión se bajo, todavía en la acera se despidió de mí y yo sólo solté un bufido a través del vidrio. Una mujer que al parecer escuchó la conversación sólo me miró condescendiente y luego apartó la mirada.

Cada vez que cuento esto a familiares, amigos y conocidos se indignan como yo lo hice en ese momento. No es que ahora lo acepte, porque además si se dieron cuenta para acabar me dijo fea, pero quizá tendría sólo un poco de razón al pasar los años. Es un ambiente hostil y complicado, pero sigo ahí haciendo mi mejor esfuerzo y tratando de no caer en las garras de la irresponsabilidad y la superficialidad. Ustedes… ¿qué opinión les merece este señor?, seguro algo negativo, por eso trato de mantener mi distancia y entrar en mi mundo de fantasía a través de los audífonos.

viernes, 6 de mayo de 2011

Cuando tu dices esta nota, yo digo no me interesa

Últimamente me ha entrado una vena musical que no tengo y no voy a encontrar, pero me ha dado esa curiosidad de tomar una guitarra o cualquier instrumento y ver si mis manos torpes pueden tocar algunas notas. La verdad el resultado ha sido desastroso y soy toda una vergüenza musical, creo que sigo sin entender que jamás podré tocar un instrumento gracias a mis infinitos problemas de motricidad. Adiós batería.

Me he acercado a muchos conocidos, amigos y familiares que no sé de dónde tienen esa vena musical o más bien habilidad, tiempo, disposición y sobre todo talento -yo carezco de todas esas cosas- he intentado y los he convencido de que me enseñen algunas cosas básicas, pero han fracasado en ese intento.

Por un lado me gustaría tocar un instrumento, superar ese trauma o de menos saber que mis manos no son tan torpes. Prueba de su torpeza es que me cuesta trabajo escribir bien en un teclado, sobre todo cuando lleve mecanografía en la secundaria, mis dedos no serán los mismos, afortunadamente el teclado de la computadora no se me complica tanto.

Imagino que si de verdad lo deseara ya hubiera tomado un instrumento y comenzaría a tocar, mi sobrino aprendió a tocar por internet, pero soy demasiado desidiosa y bastante flojita. Hubo una vez, cuando era más joven, mucho más joven que moleste a mi señor padre con que me metiera a clases de guitarra, supongo que no fue suficiente sólo logré que le dijera a mi tío, el cual me regalo una guitarra acústica vieja, desafinada y sin un par de cuerdas. Nunca la toque, sigue arrumbada hasta que cualquiera de mis sobrinos se compadece de ella.

Lo deje por la paz, pero esta ese contante gusanito todo el tiempo, y mi pensamiento de “¿sería más interesante para las personas si tocará algún instrumento?”, es tonto, lo sé, pero si lo pensé. Y luego el constante hecho de que por alguna extraña razón estoy rodeada de personas que aman la música, tocan instrumentos y son bien apasionados en eso.

Si, es interesante, son personas que tienen una gran habilidad, la cual admiro mucho, pero llega un momento en el cual fastidia y no sé si esa es la palabra indicada. Yo reconozco, es obvio, si sabes tocar algún instrumento, la mayoría tienen un bagaje musical muy amplio, son más perceptivos en cuanto a música, y es por eso que nunca falta el comentario “no eso que escuchas, no, es que es muy pobre musicalmente, sus notas son repetitivas”… o sea, si, entiendo, pero siempre pienso “ash pero por qué”.

Luego están mis sobrinos, me da gusto que sepan tocar, uno de ellos toca la guitarra, el teclado y la batería. Cuando empezaron yo era la primera en saltar de felicidad. Entiendo la parte de que están chavitos (12 años), es la edad, donde quienes saben tocar algún instrumento, comenzaron o estaba con sus sueños rock star, pero hasta mis sobrinos de pronto hacen el comentario “no, no es que esa banda, es puro bajo, escúchalos bien y sus canciones son puro bajo”. Esta comenzando a irritarme.

No tengo el mejor y más exquisito gusto musical, no tengo ni la más remota idea de lo que es la apreciación musical, ni las notas, ni los acordes, ni nada de eso, pero por qué no me dejan escuchar tranquilamente la música que me agrada. Creo, esta forma de sentir y pensar no sería así, si supiera tocar un instrumento, es más, pienso que conocería mucho más música y, tal vez si tocara algún instrumento esos comentarios no me irritarían y seguro sería de las tantas apasionadas, pero el santo niño de atocha no me dio ese don.

¿Tocan un instrumento?... Mis respetos, los admiro y escucho, no se crean, si tomo en cuenta su apreciación musical; pero déjenos a los mortales un rato escuchar basura o una gran pieza musical, créanos, la disfrutamos.