sábado, 5 de marzo de 2011

Stuff: La emoción pre-concierto

Otro mes llega, me hace sentir que el año no acaba de iniciar, en realidad quién sabe cuándo inicio. Febrero se me hizo eterno a pesar de ser el mes más corto de todo el año, pasaron muchísimas cosas, insisto en la parte de la salud mental de uno: se deteriora y febrero fue un claro ejemplo del hecho. Pero no quiero hablar de lo que deteriora mi salud mental, más bien he estado pensando en cosas.

A principios de febrero fui a comprar unos boletos para el concierto de Two Door Cinema Club, hacía bastante tiempo que no iba a comprar boletos, hacía bastante tiempo que no iba al Auditorio Nacional, hacia bastante tiempo que no me sentía libre como me sentí ese día al darme una escapada de la escuela. La última vez que fui al Auditorio Nacional fue a ver a Coldplay hace cuatro años y ese recuerdo vino mucho a colación con mis innumerables pensamientos de febrero, pensé: ¡Qué diablos, soy joven!

Lo digo porque a partir de haber entrado a la UAM un espíritu antiquísimo ha entrado en mí, y he dicho frases como: “no pues la edad”; “no pues uno ya no está para esos trotes”; “no pues bueno, uno que ya esta grande” y me puse a averiguar cómo es que me empecé a sentir vieja. La verdad de cierta forma el ambiente escolar lo amerita, los maestros, las tareas, los trabajos, ya sé, no es lo mismo que cuando tenía quince o los diecisiete que tenía cuando fui a ver a Coldplay, pero ¿uno ya no está para esos trotes?

Cuando me fui a formar para el concierto de Muse, debo admitirlo, me sentí bastante tonta, pensé “bueno ya, ¿no ya habíamos superado está etapa?”, y poco tiempo después le comenté a mi papá que no lo volvería a hacer pues era muy pesado, yo me cansaba y ya estaba lo suficientemente grande para seguir con esas ondas de las filas para entrar a los conciertos, los gritos y las ondas acosadoras a las cuales estaba acostumbrada.

Luego eliminé a una niña de quince años en Facebook, pues me irritaban demasiado sus estados típicos (ahora lo recuerdo) de alguien que tiene quince bueno, tal vez no sean tan típicos, si caía en lo absurdo y bobo, pero aún así recordé mis quince años, la verdad era igual de tonta, mucho más divertida que ahora pero boba y luego me di cuenta que tengo veinte años, que pasé por eso hace cinco años y pensándolo bien, ni siquiera es tan lejano.

Las clases de inglés alimentaron mi añoranza a los “diesi algo”, escuchó infinidad de veces que mi apariencia física no corresponde a mi edad, antes me irritaba, pero al escucharlo ahora, no me hace sentir tan irritada, tampoco me halaga del todo, no porque quiera verme más grande, sino porque lamentablemente en algunas cuestiones no puedo seguir siendo de diesi-algo, simplemente mi situación actual no me lo permite y me da un poco de coraje, quiero sentirme tal cual como luzco, de dieciséis años y tampoco es que tenga ese complejo de las señoras de cuarenta que quieren sentirse de veinte, simplemente es la añoranza de que cuando tenía esa edad las cosas marchaban.

Tal añoranza me ha hecho escuchar a bandas que hace como cuatro o tres años que no escuchaba, me hacen recordar, sentir lo mismo que cuando tenía 16 años, me hacen ver en mi cabeza los momentos tan ligeros que vivía, los amigos, la ropa, mi casa e incluso la comida… fue una buena etapa. Ahora entiendo la parte que decía un primo cuando tenía los veinte años:

Danielita: Pero por qué te sientes así todo anciano, tienes veinte años todavía estas joven.

Primo de Danielita: Porque no es lo mismo decir tengo diesi-algo a tengo veinte años.

Aún así pienso que soy joven, y que si se me da la gana ir a formarme al concierto de Two Door Cinema Club, lo haré, pienso en que si me emociona tal evento no me avergonzaré. Y ahora que lo pienso, son esos pequeños detalles, esos que alimentan la emoción de una rutina aburridísima y cansada, los que valen la pena aunque sean fugaces.

Añoro el corte de cabello que tenía, añoro cómo me sentía en las reuniones del club, añoro ese sentimiento fan que no regresará pero que en su momento me hizo bien, añoro esas cosas tontas que hacía, los gritos tontos que había, la música que escuchaba, añoro a mis amigos, añoro esas tonterías. Una vez en la secundaria un consejero nos dijo “adolescencia, a- doles, de dolor, algo siempre les duele a los adolescentes”. Si dolía algo, ese constante movimiento, ese hecho de saber que está funcionando, hacia que la adolescencia fuera algo relativamente pasable. La única secuela que hay de mi adolescencia es esa emoción pre-concierto y la aprecio.

Una vez escribí algo así como: “Un día me levante y ya no me gustaban las mismas cosas, cambiaron las cosas que me gustaban y estaba bien, me bastaba con ello… al otro día me levante y ya no me gustaba lo mismo”. Supongo que algún día les contaré todas aquellas cosas ridículas y absurdas que hice cuando estaba en la adolescencia… las disfruté.

Por lo pronto, al final del día, me di cuenta que a pesar de no ser una adolescente, soy joven, tan así que como dijo Juno “estaba lidiando con cosas que van más allá de mi grado madurez”, pero ese tema es más denso y nada apropiado para el blog de Danielita. Sólo sé que estoy bastante emocionada con el concierto, además de que me gusta bastante la banda después de verlos en el Corona, tiene cierto vínculo el hecho de que los integrantes tengan veinte años y sobre todo el hecho de que voy a ir con mi sobrino y eso me emociona bastante.

Two Door Cinema Club… allá vamos.