lunes, 3 de enero de 2011

Crónicas depresivas: Behind the drapes

Nota: Esta es una crónica depresiva que tenía muchas ganas de hacer desde hace mucho tiempo, es una de mis canciones favoritas en la vida y sólo espero no haberla arruinado.




El cuarto

Un cuarto azul, con cortinas claras, una cama individual con edredones color blanco, sucias, zapatos tirados en el piso, un ordenador viejo sobre un escritorio de madera pequeño. En el armario ropa acomodada por colores y ocasiones, el librero lleno de Dostoievski, Hesse, Nietzsche, Poe, Lovecraft, Sade, Homero y desentonando J.K. Rowling. Los discos en cambio no tienen orden, rock, alternativo, muy alternativo, música clásica, jazz y soul.

En el pequeño escritorio, se encuentra un pedazo de papel arrancado de un cuaderno tamaño carta, en él se lee a penas garabateado:

"Todos nosotros ahora, nos rompemos al caer implorando la luz del amor
Atte. B"

No interferir

Entré a mi cuarto y tropecé con mis tenis, cuántas veces tengo que tropezarme con mis zapatos para que se me quite esa costumbre, sueno a mi madre. Tengo que encontrar algo para entretenerme, llevo unos días sin trabajar, no me han llamado de la entrevista, supongo que lo mejor será encontrar otra oferta de empleo. De nuevo leeré a Hesse.

El teléfono suena y se arma un alboroto en casa, no sé quien sea, escuchó la voz de mi hermana de este lado, ahora me llama, creo que es para mí, la verdad no tengo ganas de hablar con nadie, pero por cortesía tomaré el teléfono. Sigo teniendo un pensamiento en la mente.

Ella

Hace tiempo que no hablo con B, espero que este en casa, al parecer su hermana cree que sí, ha estado distante, pero bueno en el encierro todo el mundo parece distante, no sé si decirle que vayamos al cine, o veamos a los demás como siempre, hay algo extraño en su comportamiento, como si ya no le importará vernos, a lo mejor necesita distracción.

Conversación

-¿Bueno?
-Ah si estás, ¡qué bien!
-¿Necesitabas algo?
-Uy de modo que tengo que necesitar algo para verte
-Ah eso, si ¿a qué hora?
-Paso por ti mejor, alcanzamos a los demás en el café
-¿Quién más va a ir?
-Pues los de siempre, ya sabes
-Ah, bueno te espero
-Sí, no me tardo

El café

El café bizarro, en la esquina de la avenida, estaba a su máxima capacidad, las paredes pintadas de color beige con espirales morados, cuadros de cantantes de rock, artistas plásticos, escritores y figuras destacadas, una máquina de capuchinos vieja al lado de una nueva, botellas de sabores de capuchinos, un cuadro enorme de madera rotulado con el nombre del café, mesas estilo minimalista, rústico, muebles viejos, lámparas de distintos tamaños en cada mesa, incienso en tres mesas dentro del café, otras dos de las mesas fuera.

Dentro, en una esquina, cuatro personas sentadas, incienso en el centro, las cuatro personas fuman, vestidas informamente, una con anteojos, otra sosteniendo un libro en el brazo, otra tomando un sorbo de café y otra mirando el reloj.

Todos nosotros ahora


De nuevo en el mismo café, todo el tiempo en la escuela nos la pasábamos en ese café, los hábitos y las costumbres ni con el tiempo se van. De nuevo sonó mi celular, era mi hermano mayor quería saber si iría a comer a su casa el domingo, le dije que si, pero la verdad no quiero, eso de tener que convivir con sus amigos no va conmigo, trato de unirme a la plática; pero cuesta trabajo, mis primos irán, creo que puede ser divertido. Aún no me decido.

Llegamos y veo a mucha gente, hago un gesto de sorpresa y me adentro con L para encontrarnos con los demás, a medio metro de llegar a la mesa tengo ganas de dar la vuelta y salir, hace tiempo que no los veía así, todos juntos, pero no sé qué decir ahora. Me acerco, tomo una silla y me siento, les sonrió y actúo como una persona normal, charlo con ellos y trato de disimular lo más que puedo. Mientras, sigo teniendo un pensamiento en la mente.

Todos mis viejos amigos, no son tan amistosos

1.
Por fin llegaron, pensé que tardarían horas en llegar L es muy indecisa para los lugares en lo que nos veremos y B, no me había dado cuenta que hace mucho que no veo a B, qué bueno que vino, vaya desde la escuela no estamos todos juntos. Este cigarro no me gusta, odio los "light" pero no había otra cosa, creo que pediré otro café. Me imagino que tendremos tantas cosas para hablar. Me siento realmente bien hoy.

2.
No pensé que B fuera a venir, quien sabe cómo le habrá ido en la entrevista, no se ve en mal, a lo mejor si le dieron el trabajo, me quede preocupado por lo que platicamos ayer, parecía que tenía algo, me iba a decir algo, pero se fue de pronto de esa charla por la red. Su sonrisa y humor me hacen pensar: se encuentra bien, quizá me estoy volviendo paranoico, no sería la primera vez, necesito otro cigarro.

3.
Como en los viejos tiempos, estamos todos, seguimos haciéndonos más viejos, eso asusta, bueno en realidad no somos tan viejos, pero he estado viendo a los chavitos de la mesa de enfrente, parece tan lejano cuando yo tenía esa edad. L y B se ven bien, ayer hable con L y olvidaba el buen humor de B, pero ahora T encendió otro cigarro, le pediré uno.

4.
B se detuvo un poco al caminar a la mesa, será que ya no le caemos bien, o sólo yo me di cuenta de ese gesto, hace tiempo que no platico con B como quisiera. Ya no es lo mismo. Necesito más café y otro cigarro.

5.
Qué bueno que B decidió venir, pensé que le tendría que rogar.

Humo

Yo no fumaba con frecuencia, pero todos ellos lo hacían y bueno todos respiramos el humo para saber a qué sabe… como aquella vez. Tome un cigarro, de nuevo el celular, ya no me está gustando la idea de tener uno, cuando lo olvide estuve en paz. No era una llamada, un mensaje de una amiga: "nos podemos ver el sábado", decía, conteste rápidamente un "si, a qué hora y dónde" y apague el celular.

De repente ese lugar me parecía más pequeño, me empezaba a marear, la verdad el humo era insoportable ahora, pero lo respirábamos hasta ahogarnos…como aquella vez. Me despedí y en ese instante todos decidieron irse, no quería que lo hicieran pero lo hicieron, salimos todos juntos, ya era de noche y estaba muy oscuro, había luz, pero el cielo estaba demasiado oscuro, por qué, hice esa pregunta en voz alta, me cuestionaron al respecto, pero seguía viendo el cielo, alguien contesto que sólo estaba nublado y otro me dijo "es que es luna nueva, no esta la luna que a veces es la que alumbra un poco".

Les dije que prefería caminar a mi casa y a solas, no se sorprendieron, aunque sentí algunas miradas de disgusto. Mientras caminaba observaba el cielo, de verdad que todo parecía estar tan oscuro y me llego un recuerdo a la mente: en la niñez mi abuelo siempre me decía que cada vez que me perdiera encontraría el camino a casa con la luz de la luna, en ese tiempo no lo entendí muy claro, pero de cierto modo cada vez que salía observaba la luna como una especie de guía; pero ahora no había luna, ¿entonces qué podría guiarme ahora?, ¿las luces de la calle lo harían?

No sabía qué, sólo sabía que no me sentía bien, ni física, ni mentalmente. Encendí de nuevo el celular y me habían llegado como siete mensajes de personas diferentes, invitándome a salir o sólo para platicar, ese día decidí hacer algo: por diez días me encerraría en mi cuarto sin hablar, ni ver a nadie, no quería saber nada del mundo. Seguía ese pensamiento en mi mente.

A puerta cerrada

Una recamara, una puerta, cerrada.

Encierro

Día uno:
Escribir en mi cuaderno, garabatear unas cuantas frases, dormir. Un sonido aqueja mi sueño, era como si pedazos de papel pelearan entre sí.

Día dos:
Dormir, tirarme en la cama a escuchar música, estuve en vela, por lo menos hasta las 2 de la madrugada, de nuevo ese sonido.

Día tres:
Toque mi guitarra, estaba empolvada, me puse los audífonos y le subí todo el volumen a mi amplificador, no había nadie en casa, esta vez estuve en vela hasta las 3 de la madrugada. Ese sonido continúa.

Día cuatro:
Salí por unas cervezas y algo para comer, no sabía que mi familia se había ido a casa de mis tíos, hoy dormí temprano, a las 9 de la noche, pero ese sonido me despertó como a la 1 de la madrugada.

Día cinco:
Se me ocurrió conectar el teléfono, mala idea. Mis padres llamaron, les dije que todo iba bien, leí toda la tarde, me dormí hasta las 2 de la madrugada, de nuevo ese sonido.

Día seis:
Acomode, desacomode y volví a poner en orden mis discos, los sacaba y volvía a meter en sus cajas, no sé por qué lo hice, me dormí a las 12 de la noche, pero ese sonido no me dejo dormir hasta las 1:30 de la madrugada.

Día siete:
Hacen estragos las desveladas y la mala alimentación. Dolores de cabeza. Comienzo a enfermarme, es un resfriado. Ese sonido sigue ahí.

Día ocho:
Tuve algo de amnesia, no recuerdo qué hice las últimas tres semanas. Sigue el dolor de cabeza y el resfriado. Esta vez dormí hasta las 4 de la madrugada, leí un poco, escribí de nuevo y acabe rayando el cuaderno. Ese sonido.

Día nueve:

Empiezo a creer que esto termino.

Dile a mi hermana que la extraño

No me contesta el teléfono, su forma de ser ya no es la misma, creo que siempre he pensado que tiene problemas, pero me da miedo preguntarle. Les diré a mis papás, la verdad me está angustiando y sé que los angustiaré a ellos también, pero lleva días sin contestar el teléfono, salvo esa vez, dijo que todo estaba bien, ¿todo estará bien? Me encantaba pensar que era así, yo se lo decía, pero ahora no estoy muy segura.

La verdad prefiero corroborar que todo está bien, les diré a mis padres.

Dile a mi hermano que es mucho más fácil


No veo a mi hermana a gusto, y tampoco sabemos qué onda con B, a lo mejor eso es lo que la tiene preocupada, pero no entiendo el por qué, B es así impredecible a momentos, ha salido de todas las cosas que le han puesto enfrente, debe estar bien, seguro salió todo este tiempo con sus amigos y amigas, ha de estar en plena diversión y me parece injusto que mi hermana se preocupe. Va con mis papás, siguen llamándole ¿es tan complicada su situación o qué?

Día diez:

El resfriado me está matando, tomo un frasco con pastillas de esas que siempre tomo cuando el resfriado me tumba en la cama, las tengo en mi mano y regreso a mi cama. Ayer por la noche abrí la ventana y me di cuenta: el ruido de todas las noches era una polilla, así es por nueve días una polilla trato de escapar de mi cuarto.

Seguía sin sentirme bien, otra vez conecte todo, teléfono, prendí el celular, puse música, aunque me confundía el sonido de los timbres del celular y el teléfono, y la música, no hice caso más que a mi música. Estaba aquí, en la casa sin nada por hacer. Prendí el ordenador, pero me desesperaba la lentitud, veo las redes sociales y montones de mensajes preguntando mi paradero, me molestó.

Y seguía ahí en la cama, con un puño de pastillas para el resfriado, de pronto recordé que esas pastillas me daban mucho sueño, después de los nueve días donde la polilla no me dejaba dormir, pensé que sería buena idea tomarme más de lo debido, sólo quería dormir y si pudiera desaparecer un momento. Así tome ese puño, no sé cuántas pastillas tenía en la mano, pero tome todas las pastillas y las trague.

Decidí meterme a bañar, la verdad por el quinto día había dejado de bañarme, no sé si era depresión, seguramente sí, nunca lo he tomado demasiado en serio. Espere a que el agua estuviera caliente. Me metí a bañar y de repente mi cuerpo se relajo, demasiado, todo daba vueltas, me caí, creo que soy de cristal, creo que me estoy rompiendo… y me pegue en la cabeza, sentía aún el agua caliente caer por mi cuerpo, no podía moverme pero aún estaba consciente. Escuché la puerta principal abrirse, me hablaban pero no podía contestar, escuchaba la voz de mi hermana, de mis padres, de mi hermano cada vez más lejano y balbuceé para mi mismo: “Nosotros somos la presa de cada día”.

Sus voces se escuchaban cada vez mucho más lejanas, a una distancia increíble. El último pensamiento que llego a mi cabeza fue el mismo mientras cerraba mis ojos, pero aún sentía caer el agua caliente.

El pensamiento

En el cuarto azul, con la cama individual; las colchas blancas, cortinas de color claro; los zapatos en desorden por el piso; el armario con la ropa acomodada por colores y ocasión; la repisa aún con los libros de Dostoievski, Nietzsche, Hesse, Sade, Lovecraft, Poe y Rowling; ahora los discos estaban en orden, soul, jazz, rock, alternativo. En el escritorio de madera, frente a la pantalla del ordenador viejo una libreta color azul cielo, sobre ella un papel con una nota garabateada, sólo decía en mayúsculas:

¿POR QUÉ ESTAMOS TAN SOLOS INCLUSO EN COMPAÑÍA?

No hay comentarios:

Publicar un comentario